Por más extendida que estén la moda del fitness, la buena alimentación, y las prácticas de salud preventiva, lo cierto es que los seres humanos somos profundamente vulnerables si nos comparamos con la mayoría de las especies animales. Seguramente por eso los periodos de dependencia de los humanos son mucho más amplios que los de otros bichos. Cuando un bebé nace, su buen desarrollo dependerá de su madre, su familia o terceras personas hasta entrada la adolescencia, es decir, más de una década.

Los humanos requerimos cuidados desde el nacimiento y durante muchas etapas de la vida (infancia, niñez, adolescencia, ancianidad), pero también cuando enfermamos o nos lesionamos temporal o permanentemente. Estos cuidados van desde la alimentación, la higiene y el mantenimiento corporal, la protección física, la atención médica, la seguridad emocional; eso sólo para mantenernos vivos y parcialmente funcionales; pero también necesitamos aprendizajes; transmisión de lenguaje, conocimientos y normas; el desarrollo de la identidad que debe ser mayor conforme más complejo es el sistema social, la estimulación cognitiva; el afecto y relación con otras personas. En fin, si fuéramos máquinas requeriríamos un mantenimiento cuyos costos pueden superar, con mucho, el rendimiento.

La labor de cuidados es, entonces, fundamental y muy compleja en las sociedades humanas. La antropología ha identificado que un solo cuidador es insuficiente para proporcionar la atención requerida, por lo que la humanidad evolucionó a la crianza cooperativa, un sistema donde miembros del grupo distintos a los padres participan en la red de cuidados, como las abuelas, hermanos mayores, familiares cercanos, miembros de la comunidad cercana (vecinos, educadoras).

Redes amplias y prolongadas tienen costos mayores

El Instituto Mexicano de la Competitividad ha estimado que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado en México tiene un valor de hasta el 24% del Producto Interno Bruto; además, se trata de un trabajo que se deja primordialmente a las mujeres, que aportan 2.6 veces mayor valor que los hombres.

Las mujeres mexicanas dedican en promedio 42.6 horas semanales a trabajos de cuidados no remunerados, mientras que cinco de cada diez horas de trabajo en el país no reciben pago porque son labores domésticas y de cuidados, según el estudio de la iniciativa para crear el Sistema Estatal de Cuidados en Morelos.

El 29 de octubre de cada año se conmemora el Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, por acuerdo de la Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas; que al referir a la economía del cuidado advierte que “el trabajo de cuidados, tanto remunerado como no remunerado, es de vital importancia para el futuro del trabajo decente. El crecimiento de la población, el envejecimiento de las sociedades, las modelos de familia cambiantes, el lugar todavía secundario de las mujeres en los mercados de trabajo y las deficiencias en las políticas sociales exigen que los gobiernos, los empleadores, los sindicatos y los ciudadanos adopten medidas urgentes en lo que respecta a la organización del trabajo de cuidados. Si no se afrontan de manera adecuada, los déficits actuales en la prestación de servicios de cuidado y su calidad crearán una grave e insostenible crisis del cuidado a nivel mundial y aumentarán más aún la desigualdad de género en el trabajo”.

En su informe El Trabajo de Cuidados y los Trabajadores del Cuidado, la ONU reconoce que “el trabajo de cuidados comprende dos tipos de actividades superpuestas: las actividades de cuidado directo, personal y de relación, como dar de comer a un bebé o cuidar de un cónyuge enfermo, y las actividades de cuidado indirecto, como cocinar y limpiar. El trabajo de cuidados no remunerado consiste en la prestación de cuidados por parte de cuidadoras y cuidadores no remunerados sin recibir una retribución económica a cambio”.

Y añade que “la prestación de cuidados no remunerada se considera un trabajo, por lo que es una dimensión fundamental del mundo laboral. El trabajo de cuidados remunerado lo realizan trabajadores y trabajadoras del cuidado a cambio de una remuneración o beneficio. Estos comprenden una gran diversidad de trabajadores de los servicios personales, como el personal de enfermería, el personal médico, y los trabajadores y trabajadoras del cuidado personal”.

México llega tarde a la discusión

Si bien la discusión sobre la creación de sistemas integrales y estatales de cuidados lleva más de dos décadas en diversas partes del mundo, la buena noticia es que México y Morelos han iniciado ya sus proyectos que van más o menos avanzados.

A diferencia de lo que ocurre en otras latitudes, en Morelos y México, como en Uruguay, Costa Rica y España se reconoce el derecho al cuidado como uno de los derechos humanos, lo que obliga al Estado a reconocerlo, apoyarlo y en su caso, proporcionarlo.

El Congreso de Morelos aprobó en septiembre de 2024 una reforma constitucional que reconoce el derecho al cuidado como derecho humano, reconoce el trabajo de los cuidadores y establece el marco legal para la creación del Sistema Estatal de Cuidados. La reforma ya fue validada por los cabildos.​

El sistema estatal de cuidados busca también crear servicios accesibles y de calidad para quienes lo requieran; dignificar y regular el trabajo de cuidados con condiciones laborales justas y seguridad social; redistribuir la responsabilidad del cuidado entre el Estado, las familias, la comunidad y el sector privado, promoviendo la corresponsabilidad y la igualdad entre mujeres y hombres​; generar información actualizada para evaluar el impacto de las políticas

Además de Ampliar y regular los servicios públicos y privados de cuidados; profesionalizar y valorizar el trabajo de cuidados; garantizar condiciones laborales justas para personas cuidadoras; fomentar la corresponsabilidad social en el cuidado; promover la igualdad de género en la distribución del trabajo de cuidados

Otros sistemas de cuidados ya en marcha

En Latinoamérica, Uruguay fue el primer país en establecer su Sistema Nacional Integrado de Cuidados, que está organizado en tres instancias de coordinación:​ Una Junta Nacional de Cuidados que establece responsabilidades y plazos, integrada por múltiples ministerios (Desarrollo Social, Educación, Trabajo, Salud, Economía); una Secretaría Nacional de Cuidados responsable de la articulación, coordinación y supervisión; y un Comité Consultivo, que asesora sobre mejores prácticas e incluye trabajadores del sector, sociedad civil, sector privado y academia.

El sistema atiende a las infancias de los 0 a 12 años, personas mayores de 70 años en situación de dependencia, y personas con discapacidad. Uruguay invierte actualmente el 0.4% de su PIB en cuidados, pero tiene dificultades de sostenibilidad financiera y cobertura, particularmente en servicios a personas mayores.​

Costa Rica tiene una Política Nacional de Cuidados 2021-2031 para la implementación progresiva de un sistema de atención a personas en situación de dependencia.​

La política contempla múltiples modalidades que combinan entorno familiar con tecnología; como la teleasistencia; atención domiciliaria; centros de día; residencias de larga estancia; Red de Cuidado de Personas Mayores; y prioriza servicios de base domiciliar que permitan a las personas permanecer en su hogar la mayor cantidad de tiempo posible.​

España tiene un Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD) que funciona desde 2007 y universalizó el acceso independientemente de edad u otras características demográficas.​

El sistema español comprende servicios de prevención de dependencia y promoción de autonomía personal; teleasistencia; servicios de cuidados en domicilio; centros de día; residencias; servicios comunitarios.

El modelo opera con financiamiento tripartita, el mínimo por parte de la administración general del estado; un nivel acordado fondeado conjuntamente por el Estado y las Comunidades Autónomas mediante convenios; y uno autónomo financiado por las Comunidades Autónomas según sus recursos.

Japón es el país con menor índice de cuidados institucionalizados (solo 25% de personas receptoras de cuidados de larga duración), priorizando atención comunitaria y domiciliar. Establece índices obligatorios de personal de enfermería y requisitos de capacitación para trabajadores de cuidados.​

Morelos registra entonces un avance legislativo al reconocer constitucionalmente el derecho al cuidado y establecer la estructura legal para un sistema integral. Pero el éxito del modelo que aún no inicia su implementación estará en un financiamiento suficiente y programable; instituciones dedicadas y con definiciones claras de funciones; la definición específica de servicios para las poblaciones objetivo; invertir en la formación y profesionalización de cuidadores; evaluar y ajustar las políticas conforme a los indicadores de cobertura, accesibilidad y calidad; la coordinación interinstitucional entre los sectores.

Daniel Martínez Castellanos