Laboratorio de Contra/Narrativas, CIIHu-UAEM

La ruta

Angel Jesus Sixtos Flores

Probablemente en algún trayecto de regreso a casa te hayas cruzado con él. Va subiendo a los camiones con una bocina colgada del hombro, un par de muletas que lo sostienen y una voz que, lejos de pedir lástima, lanza versos sobre su historia. Se hace llamar Rom Jay, pero su nombre real es Jesús Román, tiene 34 años y desde hace más de una década, el rap es su manera de mantenerse en pie, literalmente. Desde hace doce años, Jesús recorre rutas del transporte público compartiendo su música. No lo hace para molestar ni por costumbre. Lo hace porque es su forma de vida, su modo de expresarse, porque, como bien sabe, la vida puede cambiar de un instante a otro. Jesús nació y creció en un barrio donde aspiraba lo que la calle suele prometer: dinero, motos, mujeres, vender droga. Desde muy joven cargaba bolsas en el mercado, fue machetero, empujaba diablos en la Central de Abastos y también vendía dulces en el metro de la Ciudad de México. Todo cambió cuando tenía 21 años. Un accidente marcó su destino y lo obligó a replantearse todo. Sus piernas ya no respondían como antes y caminar sin apoyo se volvió imposible. Su nueva condición le cerró puertas y cuando parecía que todo se caía, encontró un refugio inesperado: la música. El rap fue más que un pasatiempo. Fue terapia, fue desahogo, fue tabla de salvación. A través de sus letras, Jesús comenzó a transformar el dolor en palabras, y la frustración en rimas. No canta covers ni repite lo que escucha en la radio. Todo lo que interpreta es suyo. Habla de la vida, del barrio, de los errores cometidos, de los aprendizajes. El no ve en su accidente un suceso que pasó por mala suerte o por casualidad, si no lo ve como las consecuencias de las malas acciones que estaba llevando. Hoy, Jesús no solo canta para sobrevivir económicamente, también lo hace para compartir. Dice que lo que más necesita el mundo es empatía, y cree que siempre es necesaria una palabra de aliento para quien esta pasando por una situación difícil. Ha vivido discriminación en carne propia, ha sentido el rechazo de quienes lo miran con desdén o se incomodan cuando sube al camión. Pero él no se rinde. Cada día, se levanta, carga su bocina, toma sus muletas y sale a la calle, sabe que su experiencia a lo mejor impacte a alguien y le haga ver lo que tiene, lo que puede alcanzar. Su mayor motivación es saber que su música puede dejar huella, que puede dejar un mensaje si es que algún día ya no despierta; quiere ser esa persona que te entiende cuando nadie mas lo hace y que te apoyo en lo que llegas a tu destino. Jesús Román, ahora siendo Rom Jay nos demuestra que en esta sociedad que suele ignorar a quienes viven al margen del día, siempre se puede decir algo, echar unos versos.

Fotografía cortesía del autor.

La Jornada Morelos