

Esta es la última postal de este viaje enviada a mí mismo
Mayo 1, tu último día en Madrid.
Hoy lunes no se labora en Madrid, como en buena parte del mundo, por ser el Día del Trabajo, por esa razón los restaurantes cierran temprano, así que sólo tuve tiempo de dejar encargada mi backpack en el bar Cazal de Pepa y, acompañado de Úrsula y su hija Zoe quienes morían de hambre, fuimos caminando al lugar más cercano, la Bodega Estebaranz.
Por la tarde solamente me concentré en preparar mi maleta y reposar, pensando ya en el viaje de mañana, así que me dispuse a ver en la televisión una serie que había dejado incompleta.
En la noche, mientras tomaba mi cerveza de despedida, todos y cada uno de los camareros, así como la señora doña Pepa, me pidieron poner su nombre en esta postal para hacerte llegar sus saludos cariñosos. Recibe un abrazo de Fernando y Pepa, los dueños del bar; de Nico, el jefe de meseros; de su hijo Edu, el que te sirve las cañas; de Paco, el especialista en los gin & tonic; de Adrián y Camilo quienes te atienden en las noches y, por supuesto, del otro Paco, ese gran hombre nacido en Bienvenida, Extremadura. Con esos afectos finalizó esta última postal escrita al otro lado del mar.
Mayo 2 y 3, Nueva York.

Hoy fui recibido con cariño, una vez más, por Genaro, Marian, su hijo Lucas y, ahora con la gratísima sorpresa de Jazmín, la hermana de Marian, con quien conversé ampliamente de los cambios que ha percibido en algunos lugares de la Gran Manzana por efectos de la terrible pandemia.
De esos efectos te comparto algunas malas noticias de mi regreso, después de años, a uno de tus barrios favoritos, el West Village también conocido como Greenwich Village. En Cornelia Street desapareció el café con ese mismo nombre, que tantas veces visitaste; tristemente, tampoco encontré una de tus librerías favoritas de la ciudad ni tampoco aquella increíble tienda de discos y postres; ya no está sentado en su sillón de la entrada, como si fuera un felino salvaje, ese enorme gato que por años fue el emblema de Bleecker Records Store. No reconocí la Bleecker Street ya sin sus bares irlandeses los cuales cerraron sus puertas; sus dueños y sus cantineros se regresaron a su querido Dublín ante la emergencia sanitaria y la recuperación económica de su país, según me explicó Jazmín esa noche en casa.
Pero no todo se perdió en este barrio neoyorquino, famoso por ser frecuentado por grandes escritores y músicos. Sigue intacto, en la misma bocacalle, el Papaya Dog donde esta tarde probé sus fantásticos hot dogs. Vi a lo lejos el letrero del Blue Note y, de pronto, al continuar mi caminata me encontré el lugar que visitaste en aquel tour que hiciste acompañado de tu sobrina Gaby hace nueve años, el cual recorría los bares que frecuentaban los escritores famosos y borrachos entre los que destacaba Dylan Thomas. Recordarás, sin duda, aquel de nombre muy extraño, el Marie’s Crisis Café, que queda junto al Arthur’s Live Jazz & Blues y continúa en pie de lucha tabernaria. No podía abandonar el Village sin tomar un martini extra seco que me sirvieron en un pequeño pero elegante bar, te llevo la foto de mi copa a medio beber.
El miércoles, último día de este maravilloso viaje que he intentado compartirte, terminó con un recorrido por el barrio universitario de Columbia University. Fue un placer sentir la alegría que le dan los jóvenes a los barrios universitarios y el del Columbia no es la excepción. Platiqué en las calles, en los restaurantes y bares, con mi champurrado inglés con estudiantes de muy diferentes países que acuden a esta universidad. En estas andanzas me encontré con una estupenda librería que, además de literatura de los escritores universales, ofrece otros ejemplares muy originales por sus temas; compré para Laura uno sobre el café, que tanto le gusta por las mañanas, y otro sobre el buen comer. No me atreví a comprar un diccionario sobre el slang neoyorkino que pensé para Rolo —quien, como sabes, colecciona diccionarios— porque era demasiado grande y también pensé en mi maleta que ya estaba a reventar después de este largo viaje. Lo que sí te llevo de esta librería, que se llama Book Culture, son unas fotografías de colección. A ver qué te parece este orden al bat: la primera es de los fundadores de la Transatlantic Review, tomada en 1924, en la que aparecen James Joyce, Ezra Pound, Ford Madox Ford y John Quinn. En otra, de 1933, fue captado William Butler Yeats y en una más se al joven Marlon Brando estudiando un libreto en 1947; durante una conversación, en 1952, aparecen Lillian Hellman y John Garfield; una foto de 1959 en el Seven Arts Cafe de Nueva York capta, emocionado, a Jack Kerouac; y cierra esta constelación Mario Vargas Llosa, fotografiado en 1987. Este es el único presente que te llevo y, como más o menos te conozco, sé que lo vas a disfrutar mucho.
Para terminar esta correspondencia me despido compartiéndote el sentimiento inigualable que me llevo de haber estado durante estos días y noches todo el tiempo acompañado de personas buenas que te quieren.
Nos vemos mañana.
*Bailarín tropical apasionado de viajes, bares y cantinas, que desea que estas Vagancias semanales sean una bocanada de oxígeno, un remanso de la cotidianidad.

Imagen cortesía del autor

