

Doctor honoris causa por El Colegio de Morelos. Catedrático en la UNAM. Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.
A/
Palabras
Una noche bulliciosa, con el tono aleccionador que a veces usaba, el marinero ilustrado dijo a media voz:
—Sean sólo un oído que escucha al universo. Si sus palabras comienzan a deleitarlos, es hora de callar.
Como nadie le prestaba atención, el marinero tuvo un ataque de soberbia y olvidó lo que acababa de decir. Se trepó a la barra, palmeó con fuerza y con más fuerza todavía gritó a los parroquianos.

—¡Mis palabras serán escuchadas!
Todo el mundo guardó silencio. Los norteños dejaron a un lado el acordeón y la redova, los mariachis bajaron guitarras y violines, la marimba quedó en suspenso, Marta detuvo el baile, el cantinero desconectó la rocola, los turistas se llevaron las manos a los dólares, alarmados. Tan grande fue el silencio, que el marinero ilustrado comprendió su falta y se sintió avergonzado porque había suspendido la fiesta y porque, en realidad, esa noche no tenía mucho que decir.
—Lo siento —dijo. Pero yo no pedí que escuchen mis palabras. Dije «mis palabras serán escuchadas». También yo debo escuchar lo que digo. ¡Que siga el baile! —y allí mismo, sobre la barra, a los primeros acordes se arrancó con un jarabe.
B/
Rumores
Muchas cosas se decían en la isla, y no todo lo que se contaba era verdad. Con esas reservas, transcribo aquí, a partir de una libreta donde los fue anotando el carnicero, algunos de los dichos que, con o sin razón, han sido atribuidos al marinero ilustrado:
«Dijo una vez el marinero: No todo el que huye anda escapado, ni todo el que pide necesita.
«Dijo una vez el marinero: Esconde tus buenas obras tal como
escondes tus pecados.
«Dijo una vez el marinero, para consolar a una viuda: Todo empieza chiquito y ya luego va creciendo. Sólo el duelo comienza por ser enorme y luego se va achicando.
«Dijo una vez el marinero: No tomes veneno, aunque conozcas el remedio.
«Dijo una vez el marinero: Por dos cosas puedes saber cómo es un hombre: cómo trata a los demás y cómo se porta en la mesa.
«Dijo una vez el marinero: Por tres cosas se conoce a un necio: responde sin reflexionar, se entromete con los demás y cree que todo lo que dice es verdad.»

