

En el territorio de Morelos se producen 17 de las 60 razas de maíz que existen en México, lo que demuestra la riqueza del grano que con motes de lo más diverso ha sido parte de la historia de la alimentación y con ello de su cultura, economía y sociedad.
Muchas décadas de experimentación más empírica que de laboratorio permitieron que las diversas razas del maíz criollo de Morelos evolucionaran hasta híubridos de mucho mayor rendimiento, con más posibilidades de resistencia al clima, mucho mejor adaptadas al territorio. Con todo y ello, y amén de su riqueza gastronómica, lo cierto es que aún falta mucho por conocer sobre los maíces de Morelos y las posibilidades alimentarias, industriales, farmacológicas, y otras que ofrecen al territorio al que han hecho tan grande.
Sabemos que el maíz nativo de Morelos ofrece beneficios nutricionales, siendo fuente rica en fibra, vitaminas del complejo B, ácido fólico, magnesio y antioxidantes. Posee nutrientes que mejoran la digestión, reducen riesgos de enfermedades cardiovasculares y diabetes, y protegen contra el daño celular que puede causar envejecimiento prematuro y otros problemas crónicos.
También se conoce que el cultivo del maíz nativo se sostiene en prácticas agrícolas tradicionales y promueve la autosuficiencia alimentaria de comunidades campesinas. Es base de la alimentación local con la elaboración del propio grano y sus derivados; desde el delicioso cacahuazintle asado hasta las más elaboradas masas coloridas son parte de esa tradición culinaria de México que tiene sus propios adjetivos en Morelos.
Y aunque México es de maíz, lo cierto es que las variedades que se producen en Morelos tienen mucho qué ofrecer al mercado local y nacional. Pese a los retos que plantea la geografía local, apostar por el fortalecimiento del cultivo del maíz tiene mucho sentido a la luz de los recientes hallazgos.
Uno de los retos fundamentales es aumentar la productividad, porque la producción actual es de apenas poco más de la demanda local. En ello trabaja ya el gobierno de Morelos mediante estímulos no solo a la producción, sino a la comercialización y el almacenamiento sano del grano.

Pero también hay otra vertiente que empieza a explorarse a través de la investigación científica de los maíces criollos que llevará a su revaloración como alimentos, pero también con otros usos.
Los primeros resultados de las investigaciones parecen prometedores y podrían llevar a la incorporación de nuevas inversiones en tecnologías que generen cadenas de valor para beneficiar aún más a los productores locales, incentivando prácticas sustentables y la conservación genética.
Los programas que en conjunto desarrollan el gobierno estatal, los productores y los científicos a través del Consejo Estatal del Maíz Nativo de Morelos, pueden impulsar no la producción como un objeto de museo de ciertas variedades de maíz, sino la mejora productiva, la apertura y ampliación de los mercados actuales, el fortalecimiento de las cadenas productivas agropecuarias, y hasta el establecimiento de modelos muy competentes de negocios agrícolas que transformen profunda y positivamente el campo en el estado con respeto a su biodiversidad.
Con ello, Morelos apuesta por el futuro a través de uno de los elementos más presentes en su historia, sus maíces.


