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La diferencia entre la tenencia y el disfrute para nada es sutil. Si bien los términos podrían confundirse, el tener refiere a una acción pasiva de posesión; mientras que disfrutar refiere a un acto de voluntad activo relacionado con el goce de aquello que, de manera temporal o permanente, se posee.

En el caso de las áreas verdes urbanas en ciudades como Cuernavaca, la distinción fundamental radica en el acceso. Aún con la expansión intensiva de la mancha urbana en las últimas cinco décadas, el mapa satelital de la ciudad pareciera ofrecer aún suficientes espacios verdes, aunque muy menores que hace años. Pero lo cierto es que se trata de un argumento falaz en tanto la mayor parte de las zonas verdes urbanas tienen accesos restringidos.

Una buena parte de los espacios verdes que quedan en Cuernavaca son inaccesibles por estar en las pronunciadas barrancas que le dan personalidad a la ciudad. Otras están vedadas al acceso por tratarse de camellones, glorietas o espacios de esos que llaman de embellecimiento urbano. Y la mayoría corresponden a jardines o espacios deportivos privados.

La paradoja está completa: Cuernavaca mantiene cierto verdor, pero no para todos (si siquiera para la mayoría de sus habitantes). Las áreas verdes urbanas son un privilegio y eso lesiona el derecho humano a un medio ambiente sano para el desarrollo y el bienestar; agrava la desigualdad y arriesga la paz social, la seguridad pública y la viabilidad de las ciudades como espacios habitables.

Si bien se empiezan a hacer esfuerzos importantes por establecer parques públicos accesibles a la población en algunas partes de la zona metropolitana de Cuernavaca, lo cierto es que los espacios siguen siendo insuficientes, para las crecientes necesidades de la ciudadanía y de los propios núcleos urbanos.

Las necesidades de espacios para habitación y empleo suelen imponerse, por la propia dinámica de crecimiento urbano, a los espacios que vuelven habitables y hasta disfrutables las zonas urbanas. Por ello es fundamental reconsiderar los ordenamientos territoriales a la luz de una convivencia equilibrada que considere a las áreas verdes como partes sustantivas (ya no adjetivas) de las ciudades.

Ahí es donde se vuelve vital el cotar con herramientas legislativas suficientes que promuevan el reordenamiento territorial de las ciudades a la luz de un paradigma de desarrollo que incluya a todos; que devuelva a las zonas urbanas su habitabilidad y que permita que el tener espacios verdes signifique disfrutarlos, ocuparlos, crear comunidad en ellos.

Por eso es buena noticia el que empiece a incluirse en las agendas legislativas nacional y estatal, y en los planes municipales, las propuestas de protección, cuidado y fomento del arbolado urbano como medios para garantizar el derecho de todos los habitantes de las ciudades a gozar de espacios verdes y un medio ambiente sano.

Impulsada por activistas, especialistas como Juan Pablo Plata (el Dr. Árbol), científicos y otros grupos sociales, la agenda de los espacios verdes urbanos puede significar un gran cambio que debemos impulsar juntos, aún previo a que se diseñe y discuta la ley general de referencia. Los planes de desarrollo urbano deben, desde ya replantear las ciudades y garantizar que todos sus habitantes tengan acceso a los espacios verdes. Es un acto de justicia, pero también de salvación de nuestras ciudades.

La Jornada Morelos