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Con todo y el extenso privilegio verde en la geografía de Morelos, llama la atención que hace décadas, entre cuestiones de inseguridad, crecimiento de la mancha urbana, abandono y cambios en las dinámicas sociales, el estado ha ido perdiendo aceleradamente los espacios verdes y, con ello, los aportes que ofrecen para la salud social y mental, la cohesión social, el medio ambiente sano entre otros beneficios que han sido pasados por alto, probablemente por su extraordinaria obviedad.

Hace décadas, los morelenses aún salían a los bosques donde gozaban de los espacios que la naturaleza regaló a este territorio. Pero paulatinamente, estos escenarios empezaron a escasear, algunos, como los bosques de Huitzilac se volvieron profundamente inseguros; otros fueron absorbidos por la expansión urbana desordenada y las ilegales invasiones de áreas protegidas; unos más fueron quedando en el olvido por la falta de mantenimiento de autoridades municipales y estatales que los abandonaron y permitieron que, de atractivos espacios familiares, se convirtieran en riesgosos baldíos.

Basta haber experimentado unas horas en áreas verdes para, sin necesidad de ser expertos en biología, ecología o urbanismo, saber lo fundamentales que resultan para la salud social en las comunidades rurales y urbanas.

Los espacios verdes, a los que la administración de la gobernadora, Margarita González Saravia ha categorizado y rebautizado en dos categorías: Biosenderos de Paz y Buen Vivir, y Parques Raíces; promueven por sí mismos la cohesión social y la interacción comunitaria al ser puntos de encuentro donde se construyen relaciones, vínculos, y se participa en actividades colectivas con sentido comunitario.

También reducen los niveles de estrés y ansiedad y las enfermedades relacionadas con estas condiciones, mejoran el bienestar general y el estado de ánimo de las personas; favorecen las actividades físicas al aire libre con lo que contribuyen a mejorar el estado de salud; mejoran la calidad ambiental del entorno; reducen desigualdades económicas y garantizan el acceso a derechos como el entretenimiento, el esparcimiento, el bienestar y la calidad de vida; y contribuyen a la conservación de la biodiversidad y sostenibilidad asegurando el equilibrio ecológico.

La recuperación del espacio verde en Morelos no es una tarea sencilla, a pesar de la vocación natural del estado para ello. Los retos son inmensos, desde el trazo efectivo de una política pública de establecimiento, conservación, promoción y uso correcto de los espacios; hasta la voluntad ciudadana de apropiarse de ellos; pasando, necesariamente, por el que las autoridades municipales cumplan con su parte en la preservación de las zonas a proteger y disfrutar.

El Biosendero de la ribera del Río Cuautla, el primero de los habilitados, busca el rescate del área protegida mediante la apropiación comunitaria de un espacio que llevaba muchas décadas prácticamente abandonado. Para ello se han planteado talleres sustentables, deportivos, bioculturales y hasta préstamo de bicicletas para hacer los recorridos por el área. Las actividades permiten reconectarse con la naturaleza y participar directamente en la conservación de la flora, la fauna y los suelos.

Los parques Raíces tienen una vocación ecológica y están proyectados para zonas urbanas. Habrá una decena en los dos primeros años de la administración, los primeros en Cuernavaca (Lomas de Ahuatlán y Satélite) y Jiutepec (Los Venados y Vista Hermosa); en donde habrá espacios para la activación física, jardines polinizadores, árboles nativos; las construcciones necesarias tendrán concreto permeable.

Son los primeros pasos para recuperar nuestros espacios verdes y públicos. Con la ayuda de la gente, muy pronto podrían darse muchos más.

La Jornada Morelos