

Sin duda es de reconocerse que la industria turística en Morelos experimenta un cambio importante en el que se incluye el impulso decidido a sectores relevantes que, existentes desde hace mucho tiempo habían sido prácticamente ignorados por los pocos esfuerzos promocionales que hacían las autoridades.
Entre lo que debe resaltarse en la nueva política de impulso al turismo está el trabajo transversal entre las secretarías de estado, incluida la de Seguridad y Protección Ciudadana, con el fin de que quienes visitan Morelos se sientan seguros durante su estancia. Esto ha logrado que a la fecha no haya registro de un solo asunto relevante de inseguridad que afecte a los turistas.
La coordinación con los ayuntamientos para disminuir el consumo de bebidas embriagantes empieza a generar resultados en muchos municipios, entre ellos Tepoztlán cuyo flujo turístico está recuperando el carácter familiar que caracterizaba al Pueblo Mágico.
El embellecimiento de la escenografía con programas como Rutas Mágicas de Color y otras acciones de fachadismo que permitan a los visitantes tomarse las famosas selfies o hacer retratos relevantes en lugares emblemáticos, pero también en las entradas y salidas que los visitantes usan para llegar al estado.
Junto a estos asuntos más bien de “mantenimiento” por llamarlos de alguna forma, se trabaja en el diseño de rutas turísticas, de experiencias integrales, y en el desarrollo e integración de nuevos productos turísticos, como el turismo comunitario en cuyo modelo de gestión trabajan los gobiernos estatal y federal para que Morelos tenga un sitio de privilegio en este segmento.
Parte de esta nueva integración de productos está en el turismo gastronómico, cuyos factores de éxito no se circunscriben solamente a la conexión de los visitantes con la cultura local, la adopción de prácticas sostenibles, el contacto con nuevos segmentos del mercado y el diseño de rutas gastronómicas que, en el caso de Morelos han sido tradicionalmente eventuales y profundamente dependientes de las fiestas populares.

El proyecto de turismo gastronómico parece marchar bien con la apuesta a las cocineras tradicionales, el rescate de los mercados como parte fundamental de la oferta gastronómica de Morelos, y la búsqueda de nuevas experiencias en pueblos y comunidades lejanos de los centros turísticos tradicionales.
Pero sin duda vale la pena escuchar a los especialistas en este sector, los restauranteros de Morelos, quienes advierten que las experiencias culinarias que puede ofrecer el estado son mucho más elaboradas de lo que se promueve principalmente.
La Cámara Nacional de la Industria Restaurantera señaló en la celebración por el Día Internacional del Turismo en Cuernavaca que “no basta con tener buenos deseos. Necesitamos estrategia y sinergia” que ya se está construyendo, pero requiere de fortalecerse para incluir toda una colección de experiencias gastronómicas que ofrecen la ciudad y el estado para todo tipo de públicos.
Sabor Es Morelos, el festival internacional gastronómico de Morelos organizado principalmente por le restaurantera Griselda Hurtado Calderón, premiada apenas por el Congreso del estado, ha servido para visibilizar y promover la extraordinaria cocina morelense y las nuevas experiencias que promueven los chefs de primer nivel que alimentan los paladares de miles de comensales de gustos exigentes.
Vale la pena escuchar para que toda la riqueza culinaria morelense, desde la de fogones tradicionales hasta la más alta cocina formen parte de una oferta que puede fortalecer la afluencia de visitantes y, sobre todo, su pernocta. Al final, el turismo requiere de todos.


