

DE LA MILPA AL BRUNCH: LA METAMORFOSIS DEL CAMPO MORELENSE
Ernesto M. Santibañez*
En las últimas décadas el consumo del aguacate se ha disparado, promovido por las campañas de marketing que nos lo presentan como una fruta saludable, así como por el efecto del Super Bowl. Este consumo se ha intensificado en el país vecino de Estados Unidos con un consumo per cápita que supera los 4 kilos anuales. Mientras que ellos son de los mayores consumidores de este fruto a nivel mundial, México se postula como el principal productor con más de 2.7 millones de toneladas anuales.
Esto implica que los mexicanos son los que están produciendo aguacate para satisfacer la demanda global, de la cual Estados Unidos adquiere el 83% de las exportaciones nacionales. En este contexto, Morelos es el quinto productor a nivel nacional, con la franja aguacatera situada en los Altos de Morelos -Ocuituco, Tetela del Volcán y Yecapixtla- generando el 2.3% del total nacional. Esto representa una gran oportunidad, en términos económicos, para las comunidades, quienes han cambiado sus sistemas tradicionales de producción, como la milpa, por la implementación de monocultivos.
Este cambio productivo representa un vuelco en la lógica de subsistencia y autoconsumo por la búsqueda de la integración al mercado global y de agroexportación, en donde la pérdida de saberes de sistemas agroalimentarios complejos -que implican un conocimiento ancestral, la existencia de economías familiares con sistemas sociales de pertenencia comunitaria- es inminente.
Los costos sociales y ambientales de esta reconversión agrícola repercuten en los ámbitos económicos, políticos, sociales, ambientales y culturales. Para el caso específico de Tetela del Volcán ha representado una lucha constante por los recursos como el territorio y el agua, esto debido a la escasez actual y a la inmensa demanda que implica una huerta de aguacate.
La paradoja del aguacate como Healthy Food presente en el Brunch internacional y como un símbolo aspiracionista de las clases relegadas, se enmarca en esta lucha por los recursos y el territorio. Mientras un neoyorkino paga más de 5 dólares por kilo, Tetela del Volcán sigue en conflicto con Hueyapan y comunidades poblanas por el uso de los manantiales conocidos como “El Rodeo”, “Las Minas”, “Xantamalco” y “Ahueyocan”.

Esta deslocalización del problema seguirá siendo mientras que el progreso económico pese más que la estabilidad ambiental y social de las comunidades. Es necesario replantear las políticas públicas y las incidencias del Estado para promover sistemas productivos y comerciales que tomen en cuenta una diversificación productiva y mercados socialmente responsables.
Porque mientras para el mundo en general tomar el Brunch acompañado de aguacate es símbolo de status social, para los habitantes de Tetela del Volcán se está convirtiendo en un lujo el poder tener acceso al agua, tanto para las huertas como para el consumo de los hogares.
¿De verdad es necesario el viaje tan largo de un aguacate solo para cubrir con la demanda de los Brunchs saludables e instagrameables? Replantear las prioridades es tanto necesario como imperativo, buscar alternativas con modelos que promuevan una gestión comunal del agua más eficiente, con diversificación de cultivos que promuevan la conservación de sistemas productivos tradicionales, con el desarrollo comunal de Tetela como prelación.
*Ingeniero Agrónomo especialista en Sociología Rural y Maestrante en Ciencias en Sociología Rural por la Universidad Autónoma Chapingo (UACh). Actualmente realiza su Estancia de Investigación en el CRIM-UNAM. Contacto: santibanezernesto122@gmail.com

