Screenshot
Screenshot

 

Si debiera considerarse uno de los muchos usos de la política como superior a los otros tendría que ser el de la construcción de acuerdos entre grupos de, en la defensa de sus intereses legítimos entran en fricciones diversas en intensidad y niveles de riesgo. En ese nivel, la política en toda su extensión es un ingrediente para la paz, la armonía y la construcción de un mejor futuro para todos.

Uno de los sectores más propensos al conflicto es, sin duda, la educación. El número de actores en todos los niveles evidencia la complejidad del sistema: más de 30 mil trabajadores de la educación activos y jubilados, alrededor de medio millón de usuarios casi todos ellos con familias que apuestan al servicio educativo como una forma de cambio o evolución familiar y social; todos ellos con algunos intereses comunes, pero muchos más derivados de dinámicas personales complejas y apuestas distintas de futuro. Las fricciones suelen ser constantes y se extienden en un tejido que mantiene al sistema bajo sobresaltos comunes que suelen ser atendidos… hasta que deja de ser posible.

Las últimas semanas, una de las más importantes relaciones en la educación de Morelos estuvo a punto de romperse definitivamente. La sección 19 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y el Instituto de Educación Básica del Estado de Morelos cedieron ante las fricciones. La dirigencia sindical y la autoridad educativa perdieron de vista el bosque por fijarse en algunos árboles dañados. La acumulación de adeudos desde 2017 hasta el 2023, y la suma de algunos pocos en el 2024 y lo que va de este año por omisiones de la autoridad educativa que operó hasta septiembre del 2024, pero también por antiguos abandonos de las anteriores dirigencias sindicales son relevantes, pero no tendrían que amenazar la estabilidad del sector educativo mucho menos la construcción de acuerdos en beneficio de la niñez y juventud de Morelos.

Por supuesto que los adeudos tendrán que ser cubiertos conforme indique una combinación de justicia y norma que requiere del diálogo y la buena voluntad de las partes.

El que SNTE e IEBEM hayan retomado el diálogo, aún en medio de la tensión que se ha mantenido desde la semana pasada en la relación institucional es una buena señal si en ambas partes cabe la generosidad para construir las condiciones necesarias para no solo operar, sino mejorar la educación en Morelos. También deberán, ambas partes, recordar que los conflictos en el sector educativo suelen ser abono para toda clase de intereses políticos y hasta venganzas personales, atizan los rencores y llevan las cosas que pueden resolverse de forma sencilla por derroteros sinuosos.

Siempre debe darse la bienvenida al diálogo, pero solo cuando éste se acompaña de la buena voluntad y la convicción para construir realidades comunes que mejoren cada situación, eso es hacer política y los educadores de Morelos tendrían que ofrecer, siempre, ejemplo de ella.

La Jornada Morelos