Después de décadas de distanciamientos y enfrentamientos entre el gobierno de Morelos y el ayuntamiento de Cuernavaca, las celebraciones conjuntas por el 215 aniversario del inicio de la Independencia de México parecen una gran noticia porque consolidan la unidad necesaria para enfrentar los graves retos que el estado tiene frente a sí y en los que va mucho del futuro de los morelenses.

Cuernavaca no solo es la capital de Morelos, también es la ciudad más poblada del estado. Más de la mitad de los empleos del estado tienen su sede en la ciudad que, en su área metropolitana concentra alrededor de un millón 150 mil habitantes, también poco más de la mitad de la población del estado. El ayuntamiento de Cuernavaca es además desde hace muchos años un modelo de políticas públicas municipales para los otros seis municipios que forman la ciudad: Huitzilac, Jiutepec, Temixco, Xochitepec, Emiliano Zapata y Tepoztlán.

Así que el valor político de la alcaldía de la capital es considerablemente alto, aunque solo dos personajes que fueron presidentes municipales de Cuernavaca han logrado ser gobernadores con gestiones y resultados totalmente disímbolos: Sergio Estrada Cajigal, en el 2000, y Cuauhtémoc Blanco Bravo, en el 2018. Frente a esa relevancia podría extrañar que, desde hace más de 30 años, los gobernadores hayan mantenido distancia con la capital; incluso Estrada Cajigal y Blanco Bravo se distanciaron de los alcaldes de Cuernavaca que sirvieron en sus sexenios.

Buena parte de los problemas que padece la ciudad y que han crecido con el tiempo, en materia de infraestructura, seguridad pública, desarrollo económico, y otros rezagos, tienen su origen en malas gestiones de los alcaldes, pero también en el abandono de los gobernadores que favorecieron otras regiones antes que a la capital o, en el mejor de los casos, intentaron hacer obras para Cuernavaca sin coordinarse con el ayuntamiento.

Lo que se vio durante las fiestas patrias fue una muestra pública de cosas que han estado pasando desde semanas antes a la toma de protesta de la gobernadora, Margarita González Saravia en octubre pasado. Se trató, en efecto, de una sucesión de actos (las celebraciones conjuntas del Grito y el Desfile de Independencia) más simbólicos que sustanciales, pero la política parte siempre de lo simbólico y la estampa de la gobernadora con el alcalde Urióstegui muestran la recuperación de la unidad entre el Ejecutivo estatal y el ayuntamiento de Cuernavaca como representación, además, del resto de las administraciones municipales que igual habían padecido, aunque quizá por menos tiempo, el olvido de los gobiernos estatales.

La nueva concepción del gobierno de Morelos consiste en trabajar de forma unida y coordinada con los alcaldes, a fin de que esa unidad permita atender en conjunto las muchas necesidades, demandas y anhelos de los habitantes de todos los municipios que integran el estado. No es un asunto fácil porque ya hay ayuntamientos que parecen haber renunciado a su responsabilidad con la gente de sus municipios; otros se han replegado y entienden las recomendaciones de entes gubernamentales como órdenes estrictas que también los liberan de tomar decisiones importantes.

Pero en casi toda la zona metropolitana de Cuernavaca, las administraciones municipales han entendido la nueva forma de trabajar: cuentan con el gobierno del estado siempre que hagan bien su trabajo. Se trata, entonces, de una unidad sin subordinación, cada uno dedicado a lo que le corresponde y siempre en beneficio de la gente, algo que sin duda trasciende las Fiestas Patrias, pero igual construye estado, nación y soberanía.

En efecto, en Morelos parece que se ha restablecido la política y eso es una buena noticia.

La Jornada Morelos