

Toda la vida he escuchado a personas decir algo similar a “Estados Unidos no tiene cultura”, pero esto simplemente no es cierto. El argumento usual es que su cultura es solo un popurrí de culturas migrantes, lo cual no es necesariamente falso, pero oculta que en un mundo cada vez más globalizado esto ocurrirá en todas partes. Y oculta, además, que a pesar de esto, Estados Unidos es notoriamente diferente a India, Europa o China en la personalidad de sus ciudadanos, sus intereses, lo que consideran valioso y, en general, la forma en que viven. No me parece creíble pensar que todo esto sea solo una serie de culturas migrantes uniéndose. ¿Qué le da forma a la cultura estadounidense?
Una visión increíblemente romántica del país y sus orígenes; una visión comprobablemente falsa, pero no menos importante por ello. Estados Unidos nació como una democracia en un mundo occidental mayormente dominado por monarquías abiertas o disfrazadas. Nació del genocidio de sus nativos, pero este genocidio les prometió a los colonizadores y a sus hijos un sueño de expansión sin fin hacia el oeste, libertad sin límites: cualquiera podría obtener y trabajar la tierra (asumiendo que no fueras nativo americano o tuvieras la piel más oscura que un huevo). Es aún una idea de caminos libres sin fin, de ahí la obsesión con los coches. Aunque estos no sean la manera más eficiente de transporte ni necesariamente la más “libre” (al tener un coche, en un país tan grande, las personas sienten que pueden ir a cualquier lado cuando quieran). Incluso el capitalismo, que se ha convertido en una pseudoaristocracia (pero peor) y ha llevado a la explotación de millones no solo en Estados Unidos, sino también al servicio de multimillonarios estadounidenses en todo el mundo; ese capitalismo, en un mundo occidental mayormente dominado por riquezas hereditarias y derechos de propiedad exclusivos de la aristocracia, también nació como una promesa de que todos (si eran blancos) podrían tener la libertad de construir lo que quisieran y pudieran con el sudor de su propia frente, sin importar quiénes fueran.
Todo esto es, hasta cierto punto, falso. Europa ya había comenzado un lento proceso de democratización y una transición al capitalismo liberal. Y este «maravilloso» sistema ya había explotado a millones de maneras más evidentes que hoy: las compañías tenían pueblos donde todo era propiedad suya y extraían todo el sueldo de sus empleados (asumiendo que les pagaran con dinero real y no con «company notes»). Estas mismas compañías tenían milicias privadas para evitar que sus empleados formaran sindicatos. Poco tiempo después, fue la época con mayor desigualdad económica y la serie de recesiones que afectaron desproporcionadamente a los más pobres, y de las cuales ninguno de los culpables fue a la cárcel. Esta opresión y las luchas por los derechos que surgieron de ella también le dan forma a la cultura estadounidense.
La cultura estadounidense es una visión romántica de libertad: «todos son un héroe capaz de lograr lo que sea». Esto no es cierto, nunca lo fue, pero la creencia en ello no es insignificante y es palpable en todo aspecto de la vida estadounidense. Y los críticos dirán que eso es solo nacionalismo y es falso. Y sí lo es, pero la mitología de la revolución en México también es solo eso, la del triunfo de la revolución china, también. Todo país está fundado en un mito, y no por ser falso tiene menos efecto en la cultura del lugar.


