El profeta de Cuernavaca. Iván Illich a 99 años de su nacimiento

 

Al cumplirse 99 años del nacimiento de Iván Illich, lo celebramos en El Colegio de Morelos este próximo 4 de septiembre a las 5 de la tarde. Con una invitación a reflexionar sobre su vida y su legado, pero también para explorar una mente que desafió los cimientos de la modernidad capitalista industrial. Illich fue caracterizado por Erich Fromm como un humanista radical. Pues no sólo cuestionó el progreso del capitalismo industrial, sino que desmanteló la creencia de que el aumento sin fin de la producción, la inversión extranjera, el empleo y el consumo conducen a la felicidad de la humanidad. Su crítica, aguda y premonitoria, nos invita a examinar la esencia de nuestra vida y las trampas inherentes que conlleva.

En el 99 aniversario de su nacimiento, el pensamiento de Iván Illich sigue siendo una guía crítica en un mundo que persiste en perseguir el desarrollo económico a toda costa. Sus ideas nos invitan a cuestionar los sueños feministas de una economía sin género, los sueños izquierdistas de una economía política con sujetos iguales ante la ley, y los sueños futuristas de una sociedad del espectáculo donde la elección de roles sea indiferente al sexo. Nos confronta con la idea de que una economía industrial capitalista sin una jerarquía sexista es tan inconcebible como una sociedad preindustrial sin género.

El legado de Illich, plasmado en: El género vernáculo y La convivencialidad, es un llamado a no perder los ámbitos de comunidad, y a formular una ecología política radical. Nos insta a comprender que la metamorfosis de lo comunitario en mercancías se compara con la del género en sexo. Su filosofía no es un lamento por un pasado perdido, sino una provocación para imaginar un futuro donde la paz, tanto entre las personas como con todas las especies del planeta, dependan de un alejamiento progresivo de la ciega fe en el progreso capitalista y la creación de formas de existencia sin mercado ni mercancías.

Quizá la contribución más profunda de Illich reside en su análisis de la ruptura con el pasado, la cual no se describe como la transición a un modo capitalista de producción industrial, sino como el tránsito de la égida del género al régimen del sexo. Una metamorfosis grotesca del género vernáculo en sexo económico.

Para comprender la magnitud de esta tesis, es fundamental distinguir los conceptos centrales que Illich nos legó:

El Género Vernáculo: Illich lo define como un rompimiento histórico de la conducta presente con las culturas vernáculas. Este género no es una categoría biológica, sino una asociación peculiar de un pueblo y su habla vernácula. Se manifiesta en la distinción de lugares, tiempos, tareas, lenguaje, gestos y percepciones asociados con hombres de los que lo están con mujeres. El género vernáculo siempre refleja una cultura dual, local, material, y la vida de quienes la habitan. Era tan obvio en el pasado que ni siquiera requería un nombre.

El Sexo Económico: Surge a finales del siglo XVIII. A diferencia del género vernáculo, este sexo es universal y polariza la fuerza de trabajo, la libido, el carácter y la inteligencia. Illich subraya que esta dualidad tiende hacia la meta ilusoria de la igualdad económica y política, entre hombres y mujeres, una igualdad que él considera pura fantasía. La relación con el capitalismo es, para Illich, la clave de este tránsito:

La pérdida del género vernáculo es una condición decisiva para el auge del capitalismo y un estilo de vida dependiente de mercancías producidas industrialmente.

Todo crecimiento económico, sin excepción, implica la destrucción del género vernáculo y los ámbitos de comunidad. La discriminación económica contra la mujer no puede existir sin la abolición del género vernáculo y la construcción social del sexo económico.

• La sociedad industrial, para su subsistencia, debe imponer valores unisex: la creencia de que ambos sexos están hechos para el mismo trabajo, perciben la misma paga y tienen, con variaciones menores, las mismas demandas.

• El supuesto de la escasez, piedra angular de la economía capitalista, se basa lógicamente en este postulado unisex. El sujeto sobre el que se fundamenta la teoría económica es, precisamente, esta persona sin género.

• Las instituciones modernas (escuelas, hospitales, comercios) incorporan el supuesto de la escasez y, con ello, diseminan el postulado unisex por toda la sociedad. Por ejemplo, la educación, como necesidad moderna, se presenta como un valor escaso, por el cual hombres y mujeres deben competir.

Illich va más allá de denunciar la explotación sexista, al afirmar que el capitalismo como tal es intrínsecamente sexista. Esta perspectiva radical nos obliga a confrontar el hecho de que el crecimiento económico es irremediablemente destructor del género, es decir, injusto y sexista.

Si la paz entre las personas es un anhelo genuino, Illich nos ofrece una conclusión desafiante: propone el decrecimiento económico y no su expansión. La supresión del sexismo requiere la reducción del nexo con el dinero y la expansión de formas de subsistencia ajenas al ámbito de la mercancía y el mercado. Este crecimiento negativo se presenta no sólo como una urgencia para combatir la degradación ambiental y la violencia, sino como la única vía para reducir la desigualdad y construir lo común, desde el disenso.

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Foto: Cortesía del autor

Braulio Hornedo Rocha