

Pese a que la Ley Estatal de Fauna regula desde hace años la venta de animales de compañía y la prohíbe de forma estricta en la vía pública, locales improvisados, mercados y otros espacios públicos, en muchos puntos del estado sigue siendo una práctica común.
Las restricciones a la práctica no están asociadas solamente al orden público deseable en el comercio de las ciudades y los pueblos, sino con la asociación del comercio de animales domésticos con prácticas de maltrato y crueldad animal.
Las historias de maltrato en los criaderos de animales de compañía en todo el mundo son espantosas. Las organizaciones de protección a los seres sintientes han documentado la existencia de criaderos de cachorros que los reproducen en condiciones de hacinamiento y maltrato. Esas situaciones ya no se ocultan ni en la venta de los cachorros, encerrados en pequeñas jaulas, expuestos al calor o la lluvia, y exhibidos para su venta a quien tenga suficiente dinero, sin importar el destino del ejemplar.
La legislación en Morelos es bastante estricta en ese sentido: regula los lugares donde pueden venderse mascotas, obliga a obtener un permiso municipal para este tipo de comercios, y permite la supervisión de la autoridad a los establecimientos para garantizar un trato respetuoso y digno a los animales y para el cumplimiento de la norma específica.
Pero está visto que no basta con tener una ley. También son necesarios la energía y voluntad para aplicarla.
La Secretaría de Desarrollo Sustentable del gobierno de Morelos rescató a más de una decena de cachorros que estaban a la venta en la vía pública de Cuautla, bajo un puente donde prácticamente todos los cuautlenses sabían se comerciaban ilegalmente los perritos. el aparatoso operativo en que participaron patrullas ambientales y elementos de la secretaría significó un golpe económico al negocio ilegal al decomisar a los ejemplares y probablemente inhabilitar un espacio de comercio de mascotas.

Y si bien se aplaude el esfuerzo, debe reconocerse que falta mucho por hacer. En decenas de tianguis y espacios públicos del estado se siguen comerciando cachorros caninos y otras especies animales sin ninguna regulación. La práctica se ha normalizado al grado de que la gente no se indigna, tampoco se extraña, y mucho menos denuncia.
Tendría que evaluarse entonces la conveniencia de que las supervisiones fueran mucho más estrictas, tanto de las autoridades municipales como de las estatales, a fin de ubicar y desarticular los puntos de venta; y al mismo tiempo, reforzar los canales para la adopción de mascotas, a fin de que los animales de compañía no sean solamente trasladados de un encierro en los criaderos y puntos de distribución, a otro en los centros de acopio animal de los municipios.
Las acciones contra el comercio animal no son un asunto menor. Los casos frecuentes de maltrato y crueldad animal, los círculos de corrupción en los ayuntamientos que han permitido por años la venta clandestina de mascotas, y la arquitectura con la que se ha construido el mercado negro de mascotas, son una muestra de que la podredumbre social que la humanidad trata de evitar a través de leyes cada vez más específicas sigue viva.
Ojalá el operativo en Cuautla pueda simbolizar, en un futuro cercano, el día que la simulación contra el maltrato animal terminó en Morelos.

