El alto consumo de drogas y alcohol en la población de Morelos es uno de los principales motivos de la violencia que padece el estado. Los hechos y los datos que se generan a partir de ellos evidencian el papel de esas sustancias en la ola de criminalidad que azota al estado desde hace décadas y que, debe reconocerse, apenas empieza a atenderse de forma integral.

El mes de julio pasado está entre los tres más violentos registrados en Morelos desde que la gobernadora, Margarita González Saravia, asumió la administración en octubre. Los 103 homicidios dolosos reportados en el periodo se suman a los 488 que se habían registrado desde enero para ubicarse en 591, una cifra menor en 30% a los 846 reportados en los primeros siete meses del 2024. En más del 60% de esos crímenes, participaron sujetos bajo el influjo del alcohol o las drogas, y si se consideran los asesinatos entre grupos delictivos dedicados total o parcialmente a la distribución ilegal de estupefacientes, la proporción será aún mayor.

La reducción del 30% en la incidencia de homicidios dolosos en Morelos durante el 2025 está asociada directamente a las acciones que se realizan desde el estado y algunos ayuntamientos para frenar la distribución de sustancias adictivas; los controles que se han puesto a los horarios de venta de alcohol, el cese de operaciones de comercios clandestinos de bebidas embriagantes, y el desmantelamiento de decenas de tienditas de drogas al menudeo.

Los cateos y aprehensiones de sujetos generadores de violencia en el estado suelen resultar en los decomisos de drogas, Cristal, mariguana, y cocaína las más frecuentes; en la mayoría de esos operativos y capturas se encuentran armas. La información sobre las detenciones permite establecer una relación entre la mayor parte de las modalidades delictivas de alto impacto cometidas en Morelos con el uso o venta de drogas: homicidios, secuestros, extorsiones, robos de automóviles y motocicletas, asaltos, etcétera.

Los dos municipios que con mayor seriedad están tomando los controles a la venta y consumo de alcohol son Cuernavaca y Tepoztlán.

En la capital del estado se ha logrado reducir paulatinamente la incidencia de homicidio doloso, robo a negocios, feminicidio, secuestro. Las acciones de construcción de la paz incluyen la mayor supervisión y regulaciones a la venta de bebidas embriagantes y el combate al narcomenudeo.

En Tepoztlán, se tienen registros muy altos de homicidio doloso, narcomenudeo, robos de vehículos, casas y negocios, lesiones y violencia familiar hasta el mes de julio. En atención a ello se establecieron medidas de control al consumo de embriagantes, que fueron reforzadas los últimos cuatro fines de semana con el retiro de los puestos que vendían ilegalmente diversos tipos de licores. Los resultados comienzan a verse con menos incidentes callejeros en este verano.

Otros municipios tendrían que sumarse a esos esfuerzos, como Huitzilac, Cuautla, Yautepec, Temixco, Jiutepec, lugares donde el alto consumo de alcohol originan cientos de crímenes y faltas administrativas cada semana.

Si a ello sumamos la intervención de la Secretaría de Salud estatal en las acciones de tratamiento de adicciones, y el aporte que pueden hacer con datos a la inteligencia en el combate de la venta y consumo, el resultado podría acercarnos más a una mayor reducción de los índices de violencia.

Y no se trata de aplaudir medidas restrictivas, sino, en gran medida, de reeducar a una sociedad que hace mucho olvidó aquello de no excederse; una conducta indispensable para construir la paz y mantener una convivencia sana.

La Jornada Morelos