La masculinidad libre y respetuosa se construye desde la infancia

José Luis Jaimes Olmos*

Durante mucho tiempo, ser hombre significó una sola cosa: ser fuerte, no llorar, no mostrar miedo, no hablar de sentimientos, y si es necesario, responder con violencia. Esa fue la herencia que muchos niños recibieron de sus padres, sus abuelos y de una cultura que los entrenó para dominar, resistir y callar. El problema es que esa idea de “ser hombre” no solo lastima a quienes los rodean, sino también a ellos mismos.

Hoy, en pleno siglo XXI, tenemos una tarea urgente y transformadora: formar nuevas masculinidades desde la infancia, criar a los niños con empatía, sensibilidad y respeto, alejados de la violencia, del machismo y del miedo a ser vulnerables.

La crianza no es neutra. Desde pequeños, los niños aprenden observando. Si ven que los hombres de su familia gritan, golpean, humillan o callan sus emociones, asumirán que eso es parte de su identidad. Si crecen en entornos donde se ridiculiza el llanto o se premia la agresividad, aprenderán que el afecto es debilidad y la violencia, una forma válida de relación.

Por eso, criar a un niño con nuevas herramientas emocionales y relacionales no es solo una elección personal: es un acto político y social. Es enseñarles que pueden ser valientes sin ser agresivos, fuertes sin ser fríos, líderes sin imponer.

Un niño que aprende a identificar lo que siente, que puede decir “tengo miedo”, “me siento triste” o “me dolió lo que me dijiste”, será un adolescente menos propenso a resolver sus conflictos con golpes o silencios. Será un hombre más libre para amar, para cuidar y para convivir.

A muchos padres les preocupa que pierdan autoridad si no actúan con dureza frente a sus hijos. Pero criar con respeto no es criar con debilidad. Enseñar a poner límites con firmeza, pero sin violencia es más efectivo y más valioso que imponer el miedo.

Hoy sabemos, por ejemplo, que los niños que crecen en ambientes autoritarios tienden a reproducir modelos violentos o a desarrollar una baja autoestima. En cambio, los niños que son criados con ternura, diálogo y disciplina positiva son más empáticos, seguros de sí mismos y menos propensos a la violencia.

La masculinidad no se pierde por ser afectuoso, por cuidar a otros o por expresar emociones. Al contrario: se fortalece cuando es libre, cuando se construye con conciencia, cuando se elige y no se impone.

Uno de los grandes mitos de nuestra cultura es que el machismo solo perjudica a las mujeres. Pero también lastima profundamente a los hombres. Les exige ser proveedores, aunque estén agotados, les prohíbe llorar, aunque estén rotos, les impide pedir ayuda, aunque la necesiten y los lleva al aislamiento.

Muchos adolescentes viven su masculinidad con una carga inmensa de presión social: deben “conquistar”, “competir”, “ser duros”, “no fallar”. ¿El resultado? Altas tasas de depresión no diagnosticada, adicciones, violencia escolar, embarazos no planeados y conflictos con la ley.

Romper con ese modelo desde la infancia es una forma de cuidar su salud emocional, de prevenir futuras violencias y de promover una convivencia más justa y humana.

¿Dónde se construyen las nuevas masculinidades? En el hogar, en la escuela, en los medios, en el deporte, en los espacios donde los niños conviven todos los días.

Las palabras que usamos para criar a un niño modelan el hombre que será. Y cuando criamos desde el respeto y la escucha, estamos sembrando paz.

Este cambio no es tarea solo de padres y madres, ni solo de los hogares. Es responsabilidad de toda la sociedad: familias, escuelas, iglesias, medios, gobiernos. Necesitamos políticas públicas que promuevan la educación emocional desde el nivel preescolar, campañas que cuestionen los estereotipos de género, formación docente con perspectiva de género y programas comunitarios que acompañen a las familias en la crianza.

También necesitamos hablar más de paternidades afectivas, visibilizar a los hombres que crían con amor, que se involucran, que educan sin violencia. Porque sí existen, y son una esperanza viva.

Si queremos una sociedad con menos violencia tenemos que empezar desde los primeros años. Criar a un niño para que sea un hombre sin miedo a amar, a cuidar, a expresar sus sentimientos y a construir en igualdad, es uno de los mayores actos de transformación social.

Aún estamos a tiempo de criar una generación de hombres distintos. Hombres que no tengan que romperse para sentirse validados. Hombres que construyan con otras y con otros una sociedad donde quepan todos.

Porque al final del día, un niño que es amado y respetado será un hombre que no necesitará hacer daño para sentirse valioso.

Para más información sobre actividades, conferencias y temas de interés del TUJPA, puede contactar a través de: Teléfono: 7775002627 / Página web: www.tujpamorelos.gob.mx / Redes sociales: @tujpamorelos

*Consejero jurídico del TUJPA.

José Luis Jaimes Olmos