Los cambios en la estructura ¿y en el gabinete?

 

Los cambios que prepara la administración de la gobernadora, Margarita González Saravia en la estructura del Ejecutivo estatal no solo buscan responder a las realidades planteadas por el rediseño del gobierno federal y la extinción del Instituto de la Mujer local. Según todo apunta, la idea es revisar integralmente el funcionamiento del gobierno estatal y con ello lograr una mayor eficiencia en el aparato estatal.

Uno de los planteamientos interesantes que se han propuesto y son revisados es la probable compactación de la Secretaría de Hacienda, y el fortalecimiento de la de Administración. Esta revisión a ambas estructuras, que forma parte del cotidiano en una gestión que gusta de evaluar constantemente y encontrar nuevas formas de eficiencia, tiene a muchos inquietos y ha generado toda suerte de especulaciones, que incluyen la más drástica, una probable desaparición de la Secretaría de Hacienda para fusionarla en una de Hacienda y Administración o algo parecido.

La especie no parecería tener fuerza argumental, el gobierno estatal requiere de un despacho de Hacienda, por supuesto y, para un gobierno que trata de adaptar su estructura a la del Ejecutivo federal, la existencia de la Secretaría de Hacienda es indispensable; no así, por cierto, la Secretaría de Administración, aunque para el gobierno de Morelos es fundamental, sobre todo ahora que controla todas las áreas de gasto de las dependencias públicas.

Si se trata de aligerar el aparato estatal, por supuesto que cobraría sentido compactar las áreas, aunque quedaría el pendiente de quién se haría cargo del despacho que, ahora sí tendría su cargo todos los dineros del estado (entrantes y salientes). Es decir, si se unieran las dos secretarías ¿a quién pondría la gobernadora a cargo?

Mirna o Jorge, no hay dilema alguno

La respuesta es muy sencilla: Jorge Salazar Acosta, el secretario de Administración es parte del equipo compacto de la gobernadora; tiene su confianza desde hace varios años y ha respondido a ella lo suficiente para, no solo mantener el cargo, sino ser escuchado por la mandataria.

Porque más allá de sus méritos profesionales y hasta el respaldo público que la gobernadora le ofreció hace una semana frente a una campaña de “politiquería”, en el Ejecutivo se reconoce que la secretaria de Hacienda, Mirna Zavala Zúñiga, se ha convertido en un riesgo (algunos más agresivos dicen lastre) para la administración de Margarita González Saravia.

La secretaria fue la responsable de Hacienda con Cuauhtémoc Blanco durante los primeros tres años de su administración, luego diputada local que formó parte del bloque protector y hasta facilitador de los actos del exgobernador. Frente a esos antecedentes, probablemente quede claro que fueron su capacidad profesional y técnica, las credenciales que le permitieron ocupar el cargo que hoy tiene. Sus habilidades, por cierto, son bastante similares a las que presenta Salazar Acosta.

El problema para Mirna Zavala, es que salir en las condiciones actuales de desgaste que enfrenta dentro del gabinete y en algunos sectores de la opinión pública sería demoledor para su carrera política y prácticamente sepultaría cualquier aspiración posterior. La secretaria de Hacienda debe reconciliarse pronto con quienes se ha enfrentado, pues de ello depende, ya no su permanencia, sujeta a una evaluación seria y el probable rediseño del gabinete; sino su futuro en la función pública, siempre influido por la coyuntura de la percepción.

Vale preguntarse, también, si después de la defensa que de ella hizo la gobernadora, Margarita González Saravia, la posición de Mirna Zavala está en riesgo. Desgraciadamente para ella, la respuesta parece ser que sí, por lo menos en las actuales condiciones.

Paquete de cambios o movimientos precisos

Difícilmente alguien en el Ejecutivo estatal con suficiente autoridad para ello diría con alguna firmeza, o certeza, que alguno de los secretarios del gabinete o titulares de órganos descentralizados saldrá pronto. Si bien es cierto que hay una especie de tradición política de aprovechar los cumpleaños de administración para hacer relevos en paquete, el decirlo desde ahora supone reconocer que las cosas en algún espacio del gobierno van mal.

Y claro que algunos sectores no marchan bien; pero no toca a los integrantes del equipo de la gobernadora decirlo públicamente, sino reconocerlo y corregirlo en privado.

Lo que ha mostrado Margarita González Saravia hasta ahora es no ser partidaria de que la gente que, por ineptitud, sospechas de corrupción o falta de empeño no funciona es removida de forma casi fulminante, sin esperar a acumular un grupo que represente mayor espectacularidad en los medios; o configurar un mensaje político de que varias oficinas eran poco funcionales.

En esa lógica sorprendería que, antes del segundo semestre de 2026, cuando renuncien los funcionarios que buscarán posiciones de elección popular en la elección del 2027, la gobernadora hiciera cambios en paquete. En caso de darse, los cambios tampoco responderían a presiones de los medios o de grupos internos sino a la evaluación que la gobernadora haga de los análisis sobre el rendimiento, desempeño y hasta, debe decirse, la conveniencia política para su administración en términos de imagen, pero también de relación con la ciudadanía y los usuarios de cada dependencia.

Mucho más interesantes, aunque menos espectaculares, serán los cambios que se avecinan en la estructura gubernamental y que fortalecerán algunas posiciones de funcionarios, como la de Clarisa Gómez Manrique en la Secretaría de las Mujeres; la de Alejandra Pani Barragán en la Secretaría Anticorrupción y de Buen Gobierno. A ellas, o a quien tenga la titularidad al final de toda la implementación.

@martinellito / martinellito@outlook.com

Daniel Martínez Castellanos