

Frente a las malas noticias de cualquier tipo suele haber diversos comportamientos, desde los que deciden no mover absolutamente nada y asumir los efectos como pérdidas razonables, hasta quienes escandalizados buscan culpables aún donde no existen. La postura más sana es siempre empezar a buscar soluciones para reducir los impactos negativos del hecho y convertirlo así en una oportunidad.
Analizar las posturas y actitudes de actores políticos, sociales y económicos en Morelos respecto del cierre de la planta de Nissan en Morelos, permite ubicar, en efecto, una dosis importante de oportunismo político que se ha apresurado a culpar al gobierno del estado de una determinación que trascendió cualquier coyuntura doméstica y se ubica mucho más en cuestiones de mercado internacional y la configuración de una empresa transnacional.
La gobernadora del estado, Margarita González Saravia, acusó de recibido los comentarios que intentan culpar a autoridades estatales y municipales de no haber detenido o revertido una decisión corporativa que no cae en cancha gubernamental alguna; y ubicó esas voces como movidas por el oportunismo político y el ánimo de confrontación; uno que, por cierto, se convirtió en costumbre en Morelos desde principios de este siglo y se reforzó los doce años que gobernaron Graco Ramírez Garrido y Cuauhtémoc Blanco Bravo.
Por supuesto que todo mundo tiene derecho a expresar sus opiniones, pero tendría que reconocerse lo poco útil que ha resultado el oportunismo político frente a las malas noticias, los problemas públicos y hasta las catástrofes naturales, para la recuperación y el desarrollo de Morelos. No ayudó para enfrentar malos gobiernos, y mucho menos a reducir los efectos de la crisis de inseguridad y violencia, del sismo en 2017, o de la pandemia entre el 2019 y el 2021; todas ellas, por cierto, tuvieron al centro el componente adicional de haber sido enfrentadas por pésimos gobiernos que prefirieron asumir los efectos de cada desastre para incorporarlos a la larguísima lista de pérdidas de Morelos.
Hay una diferencia evidente en la actual administración estatal y, probablemente por contagio, en muchas de las municipales; hoy los golpes no se asumen como pérdidas ni derrotas, se tratan de convertir en oportunidades para nuevos esquemas de desarrollo económico y social. Y no es un asunto menor, porque si bien los gobiernos no tienen el control total de la economía, son importantes para generar las condiciones de crecimiento y las oportunidades para la inversión, el crecimiento y la consolidación de inversiones.
Pero los remanentes del oportunismo político aún dominan el discurso en buena parte de la vida pública de Morelos, así que los aportes necesarios de la ciudadanía y la clase política a propuestas de desarrollo y mejora en las políticas públicas del estado son dramáticamente escasas.

Por lo pronto, la posición del gobierno estatal parece la correcta, un último intento de convencer a Nissan de que no cierre su planta en Morelos, en paralelo al acompañamiento a los trabajadores afectados y la promoción de nuevas inversiones para lo que el Ejecutivo revisa, incluso la posibilidad de donar predios para la instalación de nuevas industrias que puedan generar empleos con la ventaja adicional de que podrían tener un impacto ecológico mucho menor que la armadora vehicular.
Ver las crisis como generadoras de oportunidades, identificar los caminos para superarlas y empezar a andarlos es una forma de salud mental; una que bastante falta le hacía a los gobernadores de Morelos en el pasado reciente.

