Jiutepec es sin duda, un corazón económico en Morelos: la Ciudad Industrial del Valle de Cuernavaca (CIVAC), el turismo, los viveros, y una intensa actividad comercial y de servicios, han hecho del municipio conurbado a Cuernavaca, un referente de prosperidad en la entidad. A su magnífica ubicación geográfica, Jiutepec añade un clima extraordinario y agua, la cual precisamente no abunda en otros rincones morelenses. CIVAC data de 1966 y hay quienes afirman que Don Emilio Riva Palacio sacrificó extraordinarias tierras de cultivo para levantar la ciudad industrial, que CIVAC debió haberse construido en un sitio menos fértil, Sin embargo, nadie puede negar la enorme visión del entonces gobernador, para imprimir un esfuerzo económico, que hoy a casi 60 años de su fundación, aún no ha sido superado en el estado.

La bonanza económica e industrial tuvo el costo inevitable de transformar un apacible paraje morelense en una ciudad. La explosión demográfica fue notable y se acrecentó también con la migración masiva de capitalinos tras los sismos de 1985. Hoy al igual que pasó en Cuernavaca, la población no nativa superó a los originarios en Jiutepec. Pero es aquí donde surge algo extraordinario, el concreto en las calles y las chimeneas de las fábricas no avasallaron, la gente de Jiutepec ha sabido preservar sus tradiciones, su identidad y memoria histórica. Están conscientes de la riqueza de su patrimonio material e inmaterial y lo atesoran con mucho orgullo.

Jiutepec cuenta con un bagaje importante, su raíz etimológica que significa cerro de piedras preciosas o de turquesa, alude a su belleza natural. Formó en la época precortesiana parte de los prósperos señoríos tlahuicas, fue a su vez, conquistado por Cortés en abril de 1521 en las jornadas previas a la toma de Cuauhnáhuac. Consumada la conquista se inició en 1529 la construcción del templo y convento franciscanos de Santiago Apóstol, mismos que quedaron severamente dañados tras el sismo de 2017, el campanario de la iglesia y el claustro alto colapsaron, afortunadamente fueron restaurados y entregados a la comunidad hace pocos meses, gracias al esfuerzo de la Secretaría de Cultura Federal y asociaciones civiles como el Consejo Estatal Morelos de Adopte una Obra de Arte A.C.

Tampoco Jiutepec fue ajeno a la bonanza azucarera que llegó con el virreinato y surgieron las haciendas de San Gaspar y de Atlacomulco, la segunda conocida como “De Cortés”, por pertenecer a los descendientes del conquistador. Ya en tiempos más recientes el arroz encontró también en los campos jiutepequenses condiciones inmejorables para su cultivo. La Revolución del Sur, también pasó por ahí, en Tejalpa una de sus principales comunidades, Victoriano Huerta durante el periodo presidencial de Francisco León de la Barra, combatió a los surianos y Cliserio Alanís, nativo de la zona, fue general zapatista, operando en los campos de las mencionadas haciendas.

tras la tormenta revolucionaria, Jiutepec se convirtió en lugar de residencia y descanso como lo sigue siendo al día de hoy, de artistas, intelectuales, académicos y notables en todos los rubros como los fueron Diego Rivera o el general Luis Alamillo Flores. Pero sin duda alguna, la más célebre de sus residentes distinguidos fue Barbara Hutton, quien en 1959 inauguró Sumiya, un palacio japonés hoy convertido en hotel de lujo.

Hace días, los habitantes del municipio, con gran fervor celebraron a Santiago Apóstol, su Santo Patrono. A las ceremonias religiosas y procesiones, se añadieron comparsas, música, cohetes y la gente celebrando en familia, lo que se tradujo en una genuina manifestación de alegría, pero también del sincretismo que es acento y columna vertebral del México de hoy. Quien quiera renegar del mestizaje, que mire al pueblo de Jiutepec celebrando a Santiago Apóstol.

Elemento de primer orden en la fiesta patronal, es la tradicional cabalgata nocturna en honor al Santo Patrono, donde cientos de jinetes, parten al anochecer hacia la parroquia de Santiago, ahí a la cabeza de la columna, le es entregada un pendón del apóstol y continúan el recorrido nocturno por las céntricas calles que son alumbradas por montones de ocotes dispuestos en ambos lados de las banquetas, el espectáculo es impresionante.

La reflexión final, entraña en reconocer a un pueblo que a pesar de la modernidad e industrialización preserva su identidad y memoria. Que ha hecho del sincretismo y el mestizaje una prenda de orgullo, en tiempos aciagos de polarización y en los cuales se pretenden construir versiones sesgadas de nuestro pasado, minimizando el ineludible encuentro de dos mundos, que derivó en el nacimiento de la nación y raza mexicana. Hoy por fortuna, las tradiciones y un genuino orgullo local, dejan a salvo por lo menos en Jiutepec, la versión correcta de la historia.

Escritor y cronista morelense*

Cabalgata nocturna a Santiago Apóstol

Foto: La Jornada Morelos.

Roberto Abe Camil