Con el anuncio del cierre de operaciones de la planta de Nissan en Civac, el corporativo pondrá fin a una historia que inició hace casi 60 años, con la producción del Datsun Bluebird y concluirá en marzo entrante, con el traslado del ensamblaje de los tres modelos que producía la armadora, a la planta de Aguascalientes.

La determinación de frenar sus operaciones en Morelos está más relacionada con factores internacionales y de antigüedad de la armadora de Civac que con asuntos particulares del estado.

La competencia de los vehículos chinos que para los consumidores de todo el mundo reportan rendimientos similares a menores precios, ha generado una baja en las ventas de prácticamente todos los vehículos nuevos, en el caso de Nissan este problema se enfrentará con la reducción en la producción de hasta un millón de unidades anuales en todo el mundo, lo que implica el cierre de plantas para buscar aminorar costos. Tocó a la de Civac, que fue la primera de Nissan fuera de Japón, ser la sacrificada en México.

La volatilidad del mercado automotriz internacional quedó demostrada cuando apenas en febrero se hablaba de las oportunidades de crecimiento de Nissan en Morelos y del traslado de la producción de su planta en Argentina al estado. Apenas unos meses después, conocidos los resultados de sus balances internacionales y el proyecto a futuro para salvar a la armadora y reposicionarla en el mercado mundial, vino la decisión que se había anticipado como un rumor desde hace poco más de una semana y que finalmente se hizo oficial la tarde de este martes.

El impacto del cierre de operaciones de Nissan en Morelos va más allá del drama para las más o menos tres mil 500 familias de trabajadores de la armadora local que perderán su fuente de ingresos; el estado también verá desvanecerse su participación en la industria automotriz, parte de la apuesta económica del estado que deberá ser mucho más agresivo para conservar empresas asociadas con este sector, como Bridgestone y Saint Gobain.

El cierre de una empresa del tamaño y participación económica que Nissan tenía en Morelos obligará en gran medida a replantear todo el escenario productivo estatal. La diversificación y atracción de inversiones industriales en el estado han pasado de ser muy importantes a verdaderamente urgentes dada la nueva coyuntura. Negarse a la realidad o intentar minimizar el efecto que el cierre tiene en la economía de Morelos es peligroso en tanto distrae de la ruta necesaria.

Gran parte de la capacidad de respuesta a esta coyuntura dependerá de la habilidad para reponerse del choque anímico que significa la pérdida de un pilar de la economía local.

Vale considerar que la decisión, conforme todo apunta, tuvo que ver con motivos económicos y de rendimiento de la capacidad instalada, y no con condiciones que inhiban la inversión en el estado. Las ampliaciones de inversión en Morelos de empresas farmacéuticas y agroindustrias pueden ser un buen punto para demostrarlo.

Sin duda se extrañará a Nissan, especialmente en Civac, una pequeña ciudad que fue construida casi dependiente de la armadora y dos o tres grandes transnacionales que apostaron por Morelos en la década de los sesenta. Pero debe entenderse que la vida sigue a pesar de esas decisiones y que, igual que la transnacional tomó una decisión eminentemente práctica, la economía local tendrá que empezar a hacer lo propio. Y la empresa, por supuesto, deberá cumplir con un retiro legal y cuidadoso de sus trabajadores.

La Jornada Morelos