Aunque iniciaron las proyecciones hace ya unos días, hoy será un día definitivo para el diseño del presupuesto de egresos del gobierno de Morelos para el 2026. La gobernadora, Margarita González Saravia se reunirá con sus secretarios de despacho, quienes le plantearán los requerimientos de cada área con la condición, puesta por la propia mandataria, de no llevar ocurrencias a la mesa.

La administración actual parece devolver al diseño presupuestal su carácter de instrumento central en la política pública. Si bien el adelantó más simplista del presupuesto refiere al fortalecimiento de proyectos de alto impacto social y la atención a programas iniciados durante este ejercicio fiscal, la propia gobernadora, delineó una orientación más profunda del proyecto como un sistema de gasto público conjunto en que las secretarías no conciben los programas de forma individual, sino como parte de un esquema mucho más complejo de beneficio social en el que intervienen dos o más dependencias.

Si eso se concreta, aunque su primer esbozo ya se dio para el actual ejercicio fiscal, la administración pública en Morelos habrá evolucionado de un diseño de gasto fundado casi exclusivamente en la facilitación de negocios personales y los intereses políticos o de grupo, a una concepción de presupuesto como el instrumento fundamental para financiar un proyecto de políticas públicas de alto impacto social.

No es un asunto menor pues, desde finales del siglo pasado, Morelos había involucionado en materia de diseño presupuestal, sometiéndose no a necesidades ciudadanas abanderadas por representantes ciudadanos, sino a proyectos de muchos que convirtieron la política en un negocio particular, un esquema bajo el que se amasaron fortunas y consolidaron cacicazgos.

El esquema parece estar cambiando y enfocarse a un proyecto de gobierno impulsado por el grupo que ganó la gubernatura y la mitad del Congreso, pero también las necesidades específicas de municipios y de las comunidades que, por sus grados de marginación, se han considerado prioritarias conforme al análisis del Ejecutivo estatal.

Debe notarse que, gracias a la configuración política del estado, donde la pluralidad política se impuso en las alcaldías y el Congreso local, el diseño presupuestal en Morelos ha transitado de las imposiciones y los conflictos a instrumento de negociación política que, por primera vez en mucho tiempo, tiene por centro las necesidades de todas las regiones del estado, en lo general, y en particular las más posibles de cada comunidad.

La coordinación que se ha logrado entre los ayuntamientos y el gobierno estatal, sumada a la voluntad dialoguista del Congreso local, han logrado que el diseño presupuestal se convierta efectivamente en una expresión financiera de la democracia morelense; una en que no se presenta el frenesí previo de “quienes tienen más saliva tragan más pinole”, sino -gracias a la intervención ordenadora del Ejecutivo estatal- en un programa de gasto que busca el equilibrio y la recuperación de zonas que habían sido históricamente olvidadas.

Este nuevo orden, por supuesto, plantea al diseño financiero una serie de enormes retos, a los que deberán sumarse las presiones al gesto público derivadas de factores ajenos al estado, y al país. Será vital entonces que se entienda desde cada despacho público que el presupuesto, además de instrumento igualador de oportunidades, debe ser impulsor del desarrollo económico.

La Jornada Morelos