

A cinco años del desalojo del Campamento Zapatista en Defensa del Agua del río Cuautla
¿Dónde está Domingo Leal Medina? Así lo preguntó recientemente un medio local de la región oriente de Morelos tras la desaparición —reportada a principios de julio— de este campesino activista y miembro de la Asociación de Usuarios del Río Cuautla, “Eufemio Zapata” (ASURCO). Leal Medina fue visto por última vez el 25 de abril en Tecomalco, Ayala. Su caso se suma a la cadena de violencias asociadas al Proyecto Integral Morelos (PIM), un megaproyecto de energía fósil que amenaza a la población circundante a los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl, en los estados de Morelos, Puebla y Tlaxcala.
La desaparición de Domingo ocurre cuando se cumplirán cinco años del desalojo, en la madrugada del 23 de noviembre del 2020, del plantón campesino a orillas del río Cuautla, en San Pedro Apatlaco, Ayala. Alrededor de las 3:00 horas, la Guardia Nacional, con 300 elementos y maquinaria pesada, apoyada por la Comisión Estatal de Seguridad, desalojó el Campamento Zapatista en Defensa del Agua. El objetivo fue completar los 142 metros restantes del acueducto que conecta la central de Huexca con la planta tratadora de aguas residuales (PTAR), indispensable para la operación de la termoelectrica y del gasoducto que transporta metano extraído por fracking en Texas. Los defensores del agua zapatistas tomaron las oficinas de ASURCO en respuesta.
Diversos medios nacionales han señalado la desaparición forzada de Domingo, quien además de ser férreo opositor al PIM y a las expropiaciones de tierras de cultivo para la autopista Siglo XXI, forma parte de la Asamblea Permanente de los Pueblos de Morelos (APPM) y fue excandidato a la presidencia municipal de Ayala. Su activismo lo llevó a enfrentarse con caciques locales, especialmente con el entonces presidente de ASURCO, Rogelio Plascencia Barreto —señalado por el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua (FPDTA) de estar implicado en el asesinato del ejidatario Francisco Vázquez en febrero de 2022—. Plascencia perdió las votaciones para la reeleción de la dirigencia de ASURCO ese mismo año, pero pronto fue recompensado con la dirección del Sistema Operador de Agua Potable y Saneamiento del municipio de Ayala (SOAPSA).
Los poderosos intereses económicos tras este megaproyecto han recurrido a estrategias electorales, policiaco-militares y de cualquier otro tipo, para imponer un modelo de violencia ecocida que convierte la región en zona de sacrificio socioambiental.

El 2024, la consolidación de la presidencia municipal de Ayala en una pareja ligada al sector charro del SNTE en la región prolonga el conflicto: la profesora Nayeli Guadalupe Mares ocupa el cargo, pero quien parece mandar es su esposo, Arturo Abúndez Martínez, exmilitante de Nueva Alianza, ahora morenista. En un evento realizado en marzo del 2023, en conmemoración del Día Internacional de la Mujer, organizado por su partido actual en la comunidad de Tenextepango, Abúndez declaró lo siguiente: “El lugar de la mujer siempre debe ser al lado del hombre… Mi más grande admiración y respeto a todas las mujeres, feliz día para todas” (Boletín Morelos, 13/03/2023). Nadie le dijo que felicitar a las mujeres el Día de la Mujer es de mal gusto, por incorrecto para lo que se conmemora históricamente. Mientras que Issac Pimentel, el anterior presidente municipal quién saltó del PAN a Morena recientemente, es el presidente de la Mesa Directiva del Congreso local de Morelos desde el 26 de junio de este año. Así premian los de arriba a los políticos que venden la confianza de sus pueblos al capital.
A pesar de la represión descarada, la lucha sigue gracias a la organización comunitaria, inspirada en la histórica defensa zapatista de los bienes comunes. Por otra parte, el conflicto revela cómo operan actores intermediarios dentro de las jerarquías coloniales para imponer el modelo neoliberal. El PIM, promovido por la Comisión Federal de Electricidad y financiado con capital transnacional desde hace tres lustros, se ha publicitado como motor económico regional; por el contrario, las comunidades denuncian que profundiza la crisis climática, la escasez hídrica, los riesgos volcánicos y la pérdida de su sustento agrícola.
Además, el proyecto desconoce la memoria histórica amparada en el decreto presidencial de 1926, que reivindica derechos agrarios sobre el agua del río Cuautla. Desde 2012, la región ha sido escenario de violencia sistemática: represión a defensores del territorio, el asesinato de Samir Flores en 2019, el hostigamiento jurídico, el uso del crimen organizado para debilitar la organización popular, el homicidio de Francisco Vázquez en 2022 y, ahora, la misteriosa desaparición de Domingo Leal.
La lucha contra el PIM revela la tensión entre un modelo que privilegia grandes obras de infraestructura y el modelo comunitario del cuidado del territorio y el agua. Asimismo, evidencia que la legitimidad de la protesta campesina emana de derechos colectivos que no pueden reducirse a diagnósticos técnocráticos con sospechosas promesas de progreso. Desgraciadamente, la ambigüedad del gobierno frente a los derechos humanos contrasta con la persistencia de la lucha legal, la solidaridad nacional e internacional y las denuncias de violaciones humanitarias vinculadas al megaproyecto.
En el fondo, esta disputa por el agua y el territorio es también una batalla por el derecho a la memoria y al futuro de los pueblos de Morelos. La desaparición de Domingo Leal Medina no puede entenderse aisladamente, sino como parte de una estrategia sistemática para quebrar la resistencia popular y consolidar un modelo de desarrollo que beneficia a unos pocos a costa de la vida y la historia de las comunidades del México profundo. Por eso, antes como ahora, seguiremos diciendo: ¡Agua sí, Termo no! ¡Aparición con vida de Domingo Leal!
¡Alto al genocidio del pueblo palestino!
*Coordinador del Observatorio Ciudadano de la Calidad del Aire de Morelos

Fotografía del autor. Plantón del Apatlaco.

