(Segunda y última)

 

En la entrega anterior, puse sobre la mesa algunas de las ideas que campean entre colegas artistas y, también, en funcionarios de los tres niveles de gobierno (municipal, estatal y federal) de toda la República Mexicana. Por supuesto que, al ser una generalización, existen excepciones admirables en donde los encargados de los despachos culturales no sólo son empáticos y solidarios, sino que procuran gestionar apoyos o acompañamiento a los espacios escénicos independientes o autogestivos. A nivel federal, a través de las becas o estímulos del SACPC (antes FONCA), los espacios escénicos o teatros independientes pueden acceder a las anheladas becas de México en Escena (también conocidas como MEGA) que apoya espacios (con o sin grupo residente) o agrupaciones sin espacio para desarrollar un proyecto artístico profesional subvencionado durante un año, prorrogable a dos.

MEGA es el sueño de todo aquel que lleva sobre sus hombros el peso de ese barril sin fondo que es un espacio independiente. Por dos años no tiene que trabajar por fuera en tareas económicas ajenas a su profesión artística para poder dedicarse en cuerpo y alma a mejorar su espacio, desarrollar espectáculos y crear -o aún mejor: criar- públicos para la atención eficaz de una comunidad, de la sociedad de su municipio o estado, que es la más alta de las finalidades del quehacer artístico, amén de la consolidación de un discurso estético. El problema con MEGA no es tenerlo, que es un privilegio y un alivio -como ya dije- no obstante, el trabajo extra que implica burocrático y de obvia rendición de cuentas, sino no tenerlo o haberlo conseguido y perderlo al fin de un periodo de dos años.

Como documentamos en la primera entrega, levantar telón cuesta a los espacios o foros independientes entre 3 y 7 mil pesos cada día de función. Los gastos son de perifoneo, limpieza, difusión en redes, diseño, técnicos, luz, agua, papel sanitario, taquilla, etcétera. Puede haber variables aún mayores dependiendo de si los artistas que han levantado el proyecto son dueños o rentan el predio donde se encuentra el espacio, de las licencias o permisos municipales y no pocos detalles más. Y los ingresos de taquilla en esos teatros, cuyo aforo va de 50 a 199 butacas, oscila entre los $1,500 y $10,000 (máximo). No alcanza, pues, para pagar sueldos más allá de intendencia, taquilla y técnica, con lo cual se condena a las cabezas que idean, planean, gestionan y articulan el proyecto artístico y la operación del espacio a vivir de “otra cosa” y no del trabajo que les ocupa la mayor parte de su tiempo y para el que se educaron en universidades públicas subvencionadas por un Estado incapaz de darles un trabajo para ejercer su profesión. Nos hallamos, pues, ante la evidencia de que los espacios escénicos no sólo no son rentables, sino que representan pérdida. Quizá vale la pena subrayar algo que se pierde de vista: los espacios escénicos no son rentables en cualquier parte del mundo, no sólo en México. Y en el subrayado no agregué los adjetivos de “independiente” o “autogestivo”. Levantar telón en un teatro como el Ocampo o el Teopanzolco no debe de bajar de los 10 a 25 mil pesos al día, o 10 a 15 mil en el más modesto Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico en Ciudad de México. Y eso sin contar los gastos de mantenimiento de los mismos o de un aparato burocrático que también consume recursos.

El punto es, para no ser redundantes, que a los Espacios Escénicos Independientes o Autogestivos se les cuestiona constantemente sobre el por qué no han llegado a un equilibrio financiero, a la utópica autosostenibilidad (idea que proviene de las teorías de la economía naranja capitalista), cuando la propia labor de los recintos culturales del Estado sería imposible sin recursos mucho más cuantiosos de los que consumen los modestos pero vitales centros culturales que son iniciativas civiles. Incluso, no pocas veces, he escuchado que se les llama “privados” como si los hubiera levantado y gestionado el señor Carlos Slim porque “hasta te cobran”. No se equivoquen (aunque a veces se equivocan con dolo); los Teatros o Espacios Escénicos Independientes o Autogestivos (así como todo centro cultural o casa de cultura civil) son de interés público. El cobro de cuotas de recuperación o entradas no cubre la simple operación de los eventos o acciones culturales, ya no digamos salarios de maestros o artistas.

Durante la pandemia, gobierno Federal instaló un programa fundamental para acompañar a los foros. Mismo que ahora, inexplicablemente, ha abandonado borrándolo de un plumazo: el Circuito Nacional de Artes Escénicas en Espacios Independientes del Proyecto Chapultepec. Incluso se hizo un circuito específico para títeres y otro para música. En la Experiencia de la Asociación Nacional de Teatros Independientes (ANTI) que reúne a casi cuarenta espacios en todo el país, el programa de los Circuitos funcionó no sólo porque le daba un tanque de oxigeno a la economía de los recintos sino también porque ayudó a dinamizar a los públicos en su regreso postpandémico e incluso, con el impulso mediático y de publicidad, acercó a nuevos espectadores. Uno de los mitos que circularon y al parecer se instalaron como cáncer maligno en el cerebro de algunos funcionarios, es que de tal programa sólo se beneficiaban los foros independientes. Espero que con los números acá expuestos les permita hacer las matemáticas correctas. En todo caso, el fallo en el diseño de los Circuitos se hallaba más bien en lo que recibían las compañías que viajaban pues los viáticos estaban mal calculados. Pero, bueno, para desaparecer el programa fue más fácil rodearlo de misterios, mitos e infundios que realizar un análisis de los beneficios del mismo en las comunidades a las que atendió. Me parece que hace falta, más que nunca, abrir el diálogo entre autoridades culturales en los tres niveles de gobierno y quienes llevan los Espacios Escénicos Independientes o Autogestivos simplemente para derrumbar mitos, leyendas e inventos que son estupendos sobre un escenario -en la ficción- pero no en la operación de políticas públicas.

Falta a estas notas sobre los Espacios Escénicos Independientes o Autogestivos añadir el tema de la infraestructura que atañe a otro programa federal venido no a menos sino a casi nada durante el sexenio pasado: el PAICE, Programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados. También seguiremos pendientes de la nueva iniciativa anunciada por Secretaría de Cultura de Morelos: la Convocatoria Tlalli Red 2025, que busca justo apoyar a los centros culturales independientes de la entidad.

Un grupo de personas de pie en la calle

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Foro Artha en Yautepec, sobre la calle Virginia Fábregas. Foto: cortesía del autor

 

JAIME CHABAUD MAGNUS