

Entre el bronce y la piedra: breve anecdotario del nomadismo estatuario morelense.
“La realidad que conocemos por medio de los sentidos está en el perpetuo flujo del devenir”, habría planteado el ateniense filósofo Sócrates al disertar sobre entre la inasible cotidianidad humana y la inmutabilidad de las ideas. Y así, bajo tal premisa, ha sido el destino de buena parte de las estatuas, broncíneas o pétreas, que en el estado de Morelos han sido sometidas al imperio del movimiento. Es la paradoja de la permanencia que deviene itinerancia.
La estatua del general chihuahuense Carlos Pacheco Villalobos, develada en 1895 frente al Palacio de Cortés, orientada al ocaso, fue movida sobre su propio eje para mirar a la casa del extremeño; ya en la década de 1980 fue trasladada a Tlaltizapán, cabecera municipal honrada con el apellido del héroe de la poblana Batalla del 2 de Abril de 1867. Al convertirse en Tlaltizapán de Zapata, la estatua fue regresada a Cuernavaca, permaneciendo años bajo techo.
La estatua sedente de José María Morelos y Pavón, inaugurada en 1931 en el lado norte del Jardín Morelos, fue llevada al sur de Jonacatepec y convertida en blanco de practicantes de tiro que deformaron parte de su rostro. En la década de 1990 fue reubicada en la colonia Miguel López de Nava, también de Jonacatepec. El dermatólogo Jorge Ganem Guerra hizo una réplica en fibra de vidrio, que instaló en el Parque de los Insurgentes, en Cuernavaca.
En 1946 fue inaugurada la estatua de José María Morelos y Pavón en la explanada construida al sur del Palacio de Cortés. En la década de 1990 la escultura fue reubicada en el costado oriente de la Plaza de Armas; sin embargo, en 2010, la estatua fue reubicada en la plaza de origen, aunque en el extremo norponiente. Hoy se encuentra rodeada de vendedores de artesanía ‒no todos artesanos‒ sirviendo como poste para amarres de lonas y tendidos.
Pareciera que, en todo el estado, las estatuas enfrentan el mismo destino: su impermanencia. En 1932 fue inaugurada, en Cuautla, la pequeña estatua ecuestre de Emiliano Zapata Salazar, misma que fue reubicada en la década de 1970, a unas calles al norte, en el Parque Emiliano Zapata Salazar, siendo reemplazada por una gran estatua del anenecuilquense de pie. Ya en la década de 2020 fue trasladada a una glorieta, en el norte de la cabecera municipal.

La malograda estatua de Emiliano Zapata Salazar ‒espalda enorme, piernas largas‒, que, originalmente se instaló en la glorieta de Buena Vista ‒y que, en su ausencia, aún llevará su nombre‒, al norte de Cuernavaca, fue trasladada en 2018 a un punto del libramiento de la Autopista México-Acapulco. En 2025 ocupará el espacio que ocupó la minúscula estatua del personaje que fue llevada a un costado del cuasi desconocido Monumento a la Revolución.

Imagen: Inauguración de la estatua de Emiliano Zapata Salazar
(fragmento); Cuautla, Morelos; 1932. Archivo Jesús Zavaleta Castro.

