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Cuando alguien decide mejorar su estilo de vida en una época moderna, generalmente la primera acción es buscar algún gimnasio e iniciar la actividad física que la medicina ofrece como garantía de salud, sin embargo lo que ocurre es más bien un efecto sociológico ejerciendo una serie de miedos y dudas inexistentes hasta el momento del primer día en un lugar hasta ese momento desconocido; comienza con un panorama de personas prácticamente uniformadas desde las prendas hasta los accesorios mínimos como lo pueden ser botellas, termos, calcetas e incluso mochilas, sumado a la interacción con distintos personajes, desde quienes comparten un primer acercamiento al entrenamiento hasta aquellos que disfrutan y presumen cuerpos trabajados y disciplinados.

Entre los discursos resaltan palabras como disciplina y fuerza de voluntad exigiendo una dedicación que no estaba prevista hasta ese momento comenzando a adentrarse a un nuevo grupo social condicionado bajo el ideal de salud física contando con distintos requisitos como lo son: uso de un vestuario específico, consumo de sustancias recomendadas por experiencias individuales y una alimentación que los caracteriza del resto de la sociedad considerados como desconsiderados sobre su propio cuerpo.

Es curiosa la manera en que el mercado reacciona a la aparición de necesidades alimenticias propias de la cultura fitness, surgen algunos alimentos que ya existían previamente pero que ahora resurgen bajo una perspectiva más saludable reflejado en un precio notablemente acrecentado, de igual manera se adoptan algunos otros inexistentes en la tradición mexicana además de los añadidos que desde el punto de vista médico solo deben de usarse bajo una condición de salud específica como los libres de gluten o deslactosados.

Se adopta entonces una nueva dieta cotidiana (bajo la perspectiva del concepto de dieta como restricción) muy pocas veces adaptada a las necesidades fisiológicas individuales y mucho menos al estilo de vida de cada persona, pero la inconsciente necesidad de pertenecer genera el sentido de obligación de integración de una nueva alimentación que para perfeccionarla se recurre a la voz de quienes han logrado aquel físico perfecto como lo son los entrenadores y modelos que abren un canal de comunicación al que generaciones atrás no tenía: las redes sociales.

Dentro de este nuevo mundo puedes encontrar infinidad de recetas con estrictos alimentos, rutinas y suplementación como camino hacia la máxima perfección del cuerpo humano dejando muy en el fondo el idealismo de salud y bienestar; por tal motivo se inicia como cambios pequeños, exigencias cada vez mayores, modificación en el entorno social bajo la percepción de la no comprensión. Poco a poco la distorsión de la identidad propia se concentra en un disfraz de saludable y el sentimiento de superioridad aumenta en cada logro físico buscando siempre añadir al nuevo grupo social individuos que comparten un estilo de vida que muy pocas veces es guiado por profesionales de salud.

Alimentación con erradicación o disminución de algunos nutrientes como grasas, azúcar y carbohidratos son comunes en dichos grupos sociales al igual que prácticas como ayuno intermitente y exhaustivas rutinas de entrenamiento que en algún punto exigen de hasta dos o tres horas del día añadido a un gasto económico mayor entre mensualidades, suplementos y una dieta completamente restrictiva.

La respuesta de los especialistas ha quedado reducida en la omisión y en una violenta consideración de ignorancia al no aplaudir ese estilo de vida al que fueron orillados bajo una indicación médica, en algún punto se deja de confiar en la voz de la ciencia y se inmersa en un mundo aplaudido por un grupo social muy amplio e internacional. Parece entonces, una batalla pérdida por la ciencia de la nutrición, aquella que surgió con el fin de orientar hacia hábitos saludables y lograr evitar enfermedades prevenibles bajo el régimen de una buena elección de alimentación.

Entre el 2012 y 2024 se reportan en México 75,000 nutriólogos titulados en México, es decir, 6,250 al año que son lanzados sin las herramientas necesarias pues son entrenados bajo un programa en el que la interacción tecnológica no alcanzaba gran punto de desarrollo y tampoco había logrado adentrarse al comportamiento no solo humano si no de masas enteras; se siguen fomentando en la aulas el cálculo dietético, análisis clínicos y entendimiento de tecnicismos médicos omitiendo durante sus años de preparación la preparación para observar y entender el comportamiento humano individual y en grupo, la consecuencia es la pérdida de confianza y la ridiculización de su imagen.

Omitir el avance tecnológico, así como la visión humana en las áreas médicas podrá llegar a un punto de sustitución de la preparación especializada por el uso ya no solo de redes sociales, la inteligencia artificial proveerá esa respuesta para la que fue codificada y el nutriólogo será reducido al grado de olvidar que solo entre humanos podemos salvarnos.

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*Psico nutrióloga

Elsa Azucena Alfaro González