Con la entrega del sello que reconoce la Denominación de Origen del mezcal de Morelos deberán empezar a moverse muchas cosas en el campo, la microindustria, el turismo y la gastronomía morelenses. La mayor parte de ellas dependerá de los productores de agave y mezcal, y básicamente tendrá como objetivo el aumento en términos de cantidad y calidad de su producción.

Pero está claro, por lo menos de momento, que la enorme oportunidad para el fortalecimiento económico que representa la industria mezcalera local, requiere del concurso de los gobiernos estatal y municipales cuyo respaldo al proyecto central es fundamental para la conversión de las pequeñas destilerías en productoras suficientes para cubrir una demanda que, aunque está aún por construirse, se espera sea mayúscula.

El respaldo del Ejecutivo estatal ha sido evidente desde la gestión del sello identificador para el mezcal de Morelos hasta el anuncio de los primeros 20 millones de pesos para el proyecto que tendrá impactos positivos, y por consiguiente apoyos directos de las áreas agropecuaria, económica y turística del gobierno estatal.

Una ventaja coyuntural, es que el sello fue entregado casi al principio del sexenio, por lo que puede esperarse que los apoyos que impulsarán a la industria del mezcal en Morelos duren por lo menos los próximos cinco años, lo que representa un buen ciclo para consolidar al sector y permitirle andar solo; pero sería importante que, en función de los resultados que se ofrezcan, se planteen respaldos institucionales permanentes.

Parte de lo que los morelenses han aprendido en las últimas décadas es la volatilidad de los proyectos de desarrollo económico para el estado, tanto en el campo como en otros sectores. El Instituto de la Flor y la Ciudad de la Confección, son ejemplos del problema recurrente de Morelos que ha tenido gobiernos que ofrecen apoyos e invierten millones de pesos en una apuesta productiva que se diluye cada final de sexenio, con afectaciones directas no solo a las industrias de referencia, también a la economía del estado.

Es comprensible que mucho de la permanencia de un proyecto económico de gran envergadura como el que se ha planteado para el mezcal de Morelos, que se concibe como un atractivo turístico, un producto de exportación y una columna para el desarrollo del campo, de la cultura, de la recuperación de la historia y del futuro morelenses, dependerá de sus resultados en el corto plazo, es decir, entre tres y cinco años; pero también es vital que productores e inversionistas tengan la certeza de que con el mezcal de Morelos no ocurrirá lo mismo que pasó antes con las flores de ornato, la industria textil, la piscicultura, y otros proyectos de desarrollo que fueron abandonados.

Cierto que la actual administración trata de recuperar muchos proyectos que fueron olvidados en el sector agropecuario, pero también debe concederse que las omisiones gubernamentales o el retiro antes de tiempo de los apoyos, significaron décadas de atraso para la mayoría de las áreas de producción en que el estado tiene ventajas competitivas.

De ahí la conveniencia de que los proyectos productivos para Morelos que recibirán apoyos del gobierno estatal cuenten con respaldos también jurídicos e institucionales que les permitan sobrevivir a los vaivenes sexenales, a las voluntades y ocurrencias de futuros gobernantes, porque construir el desarrollo no es cuestión de un sexenio.

La Jornada Morelos