Más allá del problema de la seguridad pública, que se atiende con resultados interesantes pero que llevará tiempo para retirarlo de las primeras preocupaciones en la agenda pública, vale la pena escuchar y atender a la autocrítica del sector restaurantero que, a través de la Canirac reconoce otros retos a enfrentar en el sector que incluyen una mayor promoción de la gastronomía morelense, y el reforzamiento de la profesionalización y la regularización de las unidades económicas dedicadas a vender alimentos preparados.

Tienen razón los restauranteros, en Morelos se come bien y existen lugares que ofrecen estancias largas y agradables para acompañar la gastronomía, recordando aquella tradición de largas comidas en lugares públicos que permitieron formar una comunidad muy sólida entre los morelenses en los ochenta, noventa y la primera década del 2000. El problema es que poco se conoce de los exquisitos lugares donde la sazón de las y los chefs de Morelos pone un toque especial a todo tipo de gastronomía, desde la más regional hasta las de otras latitudes.

Porque con los restaurantes de Morelos y su tradición de largas y edificantes sobremesas, pasa lo que con muchos otros de los atractivos turísticos del estado. Entre desconocimientos y olvidos se fueron diluyendo hasta casi desaparecer. De ahí la importancia de esfuerzos como los que se hacen desde la iniciativa privada en el Consejo Coordinador Empresarial y la propia Canirac; pero también lo que ayuntamientos como Cuernavaca, Jiutepec, Tepoztlán, Tlaltizapán, Emiliano Zapata, Jojutla, entre otros, y el propio gobierno de Morelos a través de la Secretaría de Turismo realizan en materia de promoción.

No se trata, aún, de una campaña coordinada y con objetivos medibles, que probablemente tendría mucho mayor éxito y penetración; sino de esfuerzos orgánicos que intentan revivir las experiencias que Morelos ofrece desde siempre y las nuevas que el talento de los empresarios del sector turístico han incorporado a la oferta del estado. Esos esfuerzos funcionarán mucho mejor si se articulan más allá de coordinaciones bipartitas.

Si bien la recuperación del sector restaurantero depende en parte de las garantías de seguridad que recuperen los espacios públicos y hasta la vida nocturna; en paralelo se vuelve necesario reforzar la difusión de los atractivos que ofrecen los restaurantes de Morelos, y también, por supuesto, mejorar la calidad de los anfitriones para permitir que la larga tradición de restaurantes morelenses termine de renacer.

El centro histórico de Cuernavaca es un buen modelo para reproducir en otras zonas del estado. El tesón con que los restauranteros del área han logrado construir una oferta riquísima en variedad y sabor, devolvió la vida a una parte de la ciudad que la gente prefirió dejar de visitar hace años y que paulatinamente ha recuperado el flujo de visitantes que tenía en el pasado. No es cuestión solo de los eventos que se presentan en las plazas públicas, la mayor parte del interés en el área lo han puesto una veintena de sitios donde comer es un placer que nos devuelve a otros tiempos y otros estados mentales, los del Morelos que vale la pena visitar, habitar y vivir.

Es innegable que, como dice ahora la Canirac, “Morelos sabe bien”, algo que debe decirse y demostrarse todos los días para que deje de ser un secreto increíblemente guardado.

La Jornada Morelos