Agradezco a Gerardo Gama que me haya regalado y dedicado el valioso, ágil e ilustrativo libro de su autoría: Hotel Moctezuma. Porque carezco de reputación como voraz y veloz lector lo terminé en tres sentadas, eso sí, con buen número de páginas subrayadas y una que otra anotación.

Confieso que infinitas veces caminando o en vehículo pasé por esos tramos de las calles Matamoros y Degollado que ocupa el viejo edificio (hotel también llamado Asturias y Peñalba) y nunca me despojé de la vaga y genérica mirada ni jamás se me ocurrió observar su fachada de ladrillo sin aplanado, sus cuantiosas arcadas, sus pretiles y cornisas ni de cómo lucían por dentro sus amplios corredores y sus techos de viguería. La estructura prescinde en su totalidad de cemento y acero. Su solidez proviene del cuatrapeo, traslape o aparejo de los ladrillos.

Fue hasta el 2 de abril del 2024 que por primera vez crucé el viejo portón para asistir a la presentación de la novela “Cempohualan Ce Tochtli” escrita por mi hijo Vences Vuh.

Esta construcción nació para ser hotel por iniciativa de don Ramón Oliveros, su primer dueño. En 1903 existían otros hoteles que antes fueron grandes casonas adaptadas primero como mesones y luego como hoteles. El Moctezuma fue el primero en ofrecer amplias habitaciones equipadas con cómodos muebles importados, excusados de tanque alto con cadena y tinas de baño porcelanizadas, restaurante – bar, sala de boliche de tres pistas y torre – mirador.

En este hotel, en diversas ocasiones, estableció su cuartel el general Emiliano Zapata. La primera vez que en él se hospedó fue el 26 de mayo de 1911, a unos días de haber tomado Cuautla. Hoy es considerado joya histórica porque aquí Zapata emitió decretos y se entrevistó con Luis Cabrera (ideólogo carrancista), con Felipe Ángeles (representante de Francisco Villa) y Roque González Garza (presidente de la Convención Revolucionaria).

En este hotel se tomaron dos famosas fotos que llaman mi atención. En la primera Josefa Espejo acompaña a Emiliano y a Eufemio una desconocida. Atrás de Josefa se distingue en cuclillas una sonriente mujer luciendo naguas de extraño estampado y, atrás de la desconocida, en la parte superior, se nota un niño trajeado qué, según yo, bien pudiera ser Vicente Estrada Cajigal quien por una propina le leía los periódicos a al general Emiliano Zapata. En la otra foto Zapata empuña en la mano derecha una carabina 30 – 30 y en la izquierda su espada, pero el detalle que más me intriga es que le atraviesa el pecho una banda. ¿Será la banda tricolor? ¿El general en jefe pensaba en la banda presidencial?

Imagen: Mi México Antiguo FB

Julián Vences