El 22 de julio se conmemorará el Día mundial contra la minería a cielo abierto. Cada año se suman más frentes sociales contra esta forma de depredación de la vida en el planeta. Luego de 11 años de lucha, el 7 de julio pasado el pueblo maseual de los municipios de Tlatlauquitepec, Cuetzalan del Progreso y Yahonáhuac en la Sierra Norte de Puebla, obtuvo un triunfo legal contra la Minera Autlán. Logró detener definitivamente sus concesiones mineras. El Tribunal del Sexto Distrito falló contra el amparo solicitado por la transnacional. No obstante este avance, otros pueblos de México y el mundo sufren por los tajos abiertos en sus territorios.

En Oaxaca la comunidad indígena mazateca de Eloxochitlán de Flores Magón enfrenta la catástrofe del saqueo de toneladas de grava y arena de los ríos. Este tipo de minería a cielo abierto se ha convertido en una de las mayores industrias extractivas a escala global que alimenta a la industria inmobiliaria. Por 14 años, el cacique local Manuel Zepeda ha extraído grava del río que nutría la producción de maíz, árboles frutales y café. Tamara Pearsons participó en una misión de observación y realizó un reportaje que muestra cómo, de forma silenciosa, el río Xangá Ndá Ge se va secando.

Las organizaciones Mujeres Mazatecas por la Libertad y Prisioneros Políticos de Eloxochitlán son los frentes de resistencia al dragado del río y la criminalización que ha significado el encarcelamiento sin juicio de maestros y campesinos de esta comunidad. Existen 200 cargos contra 56 mujeres y hombres. El cacique ha pagado a jueces y magistrados para acusarlos.

Si viésemos un mapa con las minas a cielo abierto de minerales no metálicos en la República Mexicana, aparecerá marcado con miles de minas que extraen 22 tipos diferentes de piedras y arenas. Veríamos en el mapa la enorme concentración de “centros mineros” de sílice, arcillas y barita en parte de Jalisco y casi todo Colima. Misma concentración de minas se observaría en el oeste de la Sierra Madre Oriental. Querétaro e Hidalgo concentran la mayor cantidad de minas.

A nivel nacional, los negocios de extracción de arenas y gravas suman 783, los de ónix y lajas 477, la ruptura de cerros para sacar mármol cuenta con 174, la piedra caliza 168. El carbón mineral 83, la arcilla y otros minerales refractarios 75, piedra de yeso 64, tezontle y tepetate 51 y caolín 24, entre otras. Estas son solo las empresas registradas. Hay muchas ilegales. Se trata zonas de sacrificio.

Hace una década que la iglesia católica se ha decantado contra el extractivismo minero. Su feligresía en pueblos vulnerables es sacrificada en todo el mundo. Las orientaciones pastorales frente a la minería de 2025, del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) manifestaron “Nos duele el clamor de las comunidades y de las demás criaturas heridas por el avance del extractivismo depredador…, (que) se apropia de los territorios y se impone como única alternativa al desarrollo”. Destaca además que comparte la impotencia de quienes defienden los territorios por la degradación del agua, aire y suelo y por “la falta de apoyo de autoridades civiles, locales y nacionales”.

La Celam se ha sumado a las múltiples propuestas desde la autoorganización social en América Latina por la cultura del cuidado de la naturaleza y la recuperación de iniciativas de nuevas formas de vivir sin esquilmar a la naturaleza. Lanzó la propuesta de la restitución de las tierras enajenadas por las mineras. Lo que implica, de acuerdo con las experiencias de las resistencias socioambientales, cancelar concesiones, recuperar terrenos usurpados y, consecuentemente, obligar a las corporaciones mineras a remediar todos los daños ecológicos.

Las batallas ganadas en este sentido son trascendentes, pero aún queda el tema más delicado. El papel de los gobiernos nacionales que por una parte dicen estar a favor del cuidado ambiental y, por la otra, promueven las inversiones de las corporaciones mineras. A éstas, podrán frenarlas los frentes nacionales de lucha contra la los tajos de muerte.

 

 

Aideé Tassinari Azcuaga