

Modelos justos y flexibles para nuestra realidad
María Olivera*
Partamos de la improvisación y el trabajo colectivo en museos. De la idea de que el ritmo en el que pensamos y hacemos el museo, los museos, debería corresponder a los compromisos y las relaciones perdurables antes que a los resultados cuantificables e inmediatos que en ocasiones se le exigen a las instituciones. Insisto en hablar de nuestro contexto pues eso nos ayudará también a identificar las complejidades y las posibilidades que implica elaborar proyectos culturales desde esta realidad. Cuando empecé a colaborar con el Museo Morelense de Arte Contemporáneo (MMAC) me sorprendió genuinamente la manera en la que se resolvían las cosas pues el panorama era claro para todxs: el presupuesto no estaría precisamente a nuestro favor y los tiempos gubernamentales no siempre irían a la par de los tiempos creativos, pero no por ello abandonaríamos el deseo y la intención de desarrollar proyectos que nos invitaran a la reflexión sensible e intelectual y que representaran algo distinto para los públicos que nos acompañaban. Imaginamos entonces un programa de actividades diverso, atento a los cambios de la vida cotidiana y al entorno artístico morelense.
En busca de textos o declaraciones que hicieran eco con esas inquietudes, un compañero y colega de la oficina me prestó el Manual para realizar exposiciones en el trópico[1] de Pablo León de la Barra y fue ahí, frase tras frase, sentencia tras sentencia, donde nos encontré, como si nos hablara a cada unx. “Pensar la exposición como un proceso, no como un resultado acabado, perfecto, estático”, se lee en un apartado. “Crear exposiciones flexibles donde las cosas siempre puedan cambiar”, continúa. “Cuando no haya presupuesto, confiar en la economía de la amistad. Usar lo que se tenga a mano. Dejar que ocurra lo inesperado”. Partir de aquí. Claro que sostener estos principios desde la institución de pronto puede ser un tanto complicado, pero la idea de pensar el quehacer de las exposiciones desde otras latitudes y con otras posibilidades, nos entusiasmó.
Además, confiar en una improvisación responsable y honesta permitió que la mirada se dirigiera hacia el interior del museo. Desde ahí podíamos ser críticxs y creativxs. Si esa era nuestra realidad –y esas nuestras ganas de hacer cosas–, había que pensar soluciones sobre la marcha. Meses después, el 18 de mayo, en el marco del Día Internacional de los Museos de este año, las propuestas de Pablo León de la Barra volvían a resonar pues esta vez, nos invitaban a pensar “el futuro de los museos en comunidades en constante cambio”. Para ello, fue necesario hablar de la importancia de los cuidados colectivos hacia los museos y reconocer que, aunque trabajamos para los públicos, hay una maquinaria interna que también requiere atención y procesos de horizontalidad. ¿Cómo estamos atendiendo estos encuentros? ¿Cómo conciliamos o no los tiempos prácticos (fragmentados, institucionales) con los tiempos particulares de la vida de cada sujeto que forma parte de los museos?
Atender a las comunidades en constante cambio significa también nombrar los engranajes de las instituciones. Si bien estamos para los públicos y en el encuentro con ellos todo cobra sentido, es importante recordar que el museo –como espacio cultural– es un instrumento que vincula el patrimonio y los diversos grupos sociales a través de enfoques interdisciplinarios pero que la acción comunitaria no se restringe a lo que sucede en las salas de exhibición. Así como le hacemos preguntas incómodas al arte contemporáneo, sería preciso hacérselas a (y desde) las instituciones, no para caer en provocaciones sino porque, como dice Nayeli Zepeda, “si queremos dar respuesta a la inconstante museología mexicana, el conocimiento debe tener una réplica que ejerza, adapte y genere repercusiones directas en la gestión y las políticas, que construya modelos justos y flexibles para nuestra realidad museística, cultural y social”[2].

* Subdirectora de Investigación del MMAC y crítica de arte.
Imágenes, cortesía de la atora


- León de la Barra, Pablo. Manual para realizar exposiciones en el trópico, MALBA. ↑
- Zepeda, Nayeli. Volumen I. Públicos y museos: ¿Qué hemos aprendido?, 2016 ↑

