Sucinta postdata a breve anecdotario de un paradigma sobre la ignorancia en Jojutla.

 

San Miguel Arcángel de Xoxoutla tiene “una Plaza inmediata a la Iglesia del pueblo, que se conserva con el nombre de Plaza de Abajo o de Jojutla y sólo anualmente en principios de cada año, se hace en ella el mercado de la nombrada feria de Año Nuevo”, describió ‒1864‒ Carlos Urióstegui y Zequeira, bachiller en Letras y miembro de la Real Academia Española de Madrid. Ya en el siglo XX dicha plaza fue conocida como “La Alameda” ‒sin álamos‒.

Dos sesudos arquitectos, él holandés y ella mexicana ‒ambos pareja‒, fueron los encargados de rediseñar La Alameda jojutlense. En diversas reuniones insistí en reforestar con especies locales, ante tanto exotismo botánico. Y, haciendo eco de mi planteamiento, presentaron un anteproyecto que incluía poblar las jardineras con espigas de arroz, con la idea de que la gramínea es una planta perenne a la cual habría que cortar, periódicamente, los granos.

“¿Conocen Versalles o la Alhambra?”, preguntó uno de los arquitectos que, con Fundación Hogares e Infonavit, llegaron a Jojutla. “¡Piensen que ustedes tendrán un jardín semejante!”, ofreció a una condescendiente audiencia aún pasmada por los efectos del sismo, al describir riachuelos con peces y plantas bajo una densa estructura de arcadas en la Plaza de la Soberana Convención Revolucionaria. Molesto, acremente lo increpé ante tan estúpida comparación.

La primera propuesta de intervención del zócalo de Jojutla implicaba un cuadrángulo de 120×30 metros, formado por arcadas, bajo cuya protección habría flora y fauna exóticas con las cuales, dijeron, los turistas se volcarían multitudinariamente a Jojutla. Con elementales argumentos históricos y tipológicos logré modificar en tres ocasiones el bodrio de propuesta arquitectónica, que incluía un horrendo quiosco con luces de colores cambiantes.

“La obra está terminada”, afirmó ‒2024‒ Arturo Balandrano Campos, director general de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, al preguntarle sobre la entrega del Palacio Municipal de Jojutla. “La obra tiene un avance de 50%”, le contradije. Dos semanas después él mismo confirmó, enfurecido, el engaño del que fue sujeto por un subalterno suyo. Además, la obra no había sido pagada aún.

La historia del patrimonio cultural de Jojutla es semejante a la del resto del estado de Morelos: la destrucción por ignorancia, por conveniencia o por corrupción. Incluso quienes en su momento fueron sus convenencieros destructores hoy son sus apasionados defensores. Las políticas públicas son insuficientes mientras los morelenses carezcamos del conocimiento sobre el invaluable patrimonio cultural que destruimos desde la omisa indiferencia.

Apuntaciones históricas de Xoxutla a Tlaquiltenango; Agapito Minos; Imprenta Victoria; México; 1923; 176 pp.

Imagen: Palacio Municipal de Jojutla (fragmento).

ca. 1945. Archivo Roberto F. Burnett Abúndez.

Esa era el discurso de los salvadores de la patria jojutlense.

Jesús Zavaleta Castro