

Hoy se celebra el Dia Internacional del Orgullo LGBT+, una efeméride cuyo origen es profundamente violento, pero también extraordinariamente liberador.
El 28 de junio de 1969 en el Stonewall Inn, un bar de Greenwich Village en Nueva York, la policía hizo una redada ordenada por el Escuadrón de Moral Pública. Afuera del bar se reunió un grupo de más de cien espectadores que empezaron a aplaudir y vitorear a los detenidos, alguien gritó “Poder Gay”, otros cantaron. La tensión ocasionó una riña entre policías y detenidos después de que un elemento golpeó a una mujer esposada con su cachiporra. La policía trató de contener a los detenidos y los mirones y derribó a algunas personas, ocasionando mayor furia. De pronto algunos intentaron volcar la camioneta en que se trasladaría a los detenidos, más personas llegaron al sitio a involucrarse en la revuelta arrojando objetos a los policías. No había un programa para manifestarse ni oponerse a la policía, pero sí la suma de abusos de años contra la comunidad LGBT+. El pleito escaló y de ser la semilla se convirtió en el germen de la revolución y del orgullo que con mayor velocidad ha transformado al mundo en la cultura, sociedad y economía.
En México, la lucha LGBT+ visible inició una década después, con la primera marcha el 29 de junio de 1979, como da cuenta el texto que publicamos en Plaza (número 17) de La Jornada Morelos y que puedes leer aquí (https://www.lajornadamorelos.mx/sociedad/gay-pride-un-movimiento-que-cambia-al-mundo/). La lucha ha costado sufrimiento, censura, dolor, sangre, pero, a diferencia de otras transformaciones culturales, ha logrado muchos éxitos de forma relativamente rápida.
Otros cambios, como la adopción del cristianismo, la alfabetización, los derechos humanos, los derechos de la mujer, han llevado siglos de combate y resistencia. En el caso del reconocimiento de la comunidad LGBT+ apenas tuvieron que pasar tres o cuatro décadas para que el cambio cultural comenzara a germinar.
Morelos había sido un estado de vanguardia en el reconocimiento de los derechos de la comunidad de diversidad sexual. Si bien hasta el 2001 se verificó la primera marcha para exigir plenitud de derechos; el 4 de julio de 2016 se publicó en el periódico oficial Tierra y Libertad la reforma constitucional y los decretos regulatorios para reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo. Fue el primer estado en hacerlo y con ello se consideraba que el estado iba en camino para ser una especie de santuario en que se reconociera a la comunidad LGBT+ en plenitud de sus derechos y se avanzara en la tolerancia y la inclusión. El propio gobierno estatal de entonces había generado todo un proyecto de inclusión que incluía el turismo LGBT+ como una forma de apuntalar el desarrollo económico del estado.
Pero vino una nueva administración y el enorme impulso por la visibilización y la inclusión disminuyó. Sólo el ímpetu de colectivos en el estado logró que en 2021se aprobara la Ley de Identidad de Género que permite el reconocimiento del cambio de identidad de género y nombre; pero además la certeza jurídica en el trabajo, la vivienda y el acceso a los sistemas de salud pública a las personas trans.

Aunque sea difícil reconocerlo, en etapas de gestación y lucha por los derechos humanos, es necesaria la voluntad política del Estado para lograr y consolidar los avances. En la administración de Cuauhtémoc Blanco no hubo tal pero la llegada al gobierno de Margarita González Saravia parece abrir otro horizonte para el movimiento LGBT+.
En la inauguración de la exposición Los Otros Amores en el Jardín Borda la gobernadora aseguró a los representantes de colectivos de la diversidad sexual, “la sociedad reconoce sus derechos, la importancia de la inclusión y de que todos los seres humanos somos iguales. Debemos abrir siempre estas puertas hacia una sociedad más justa, igualitaria e incluyente”; y si uno mira hacia atrás a las ferias del empleo, y la inclusión de la agenda LGBT+ en la política de Morelos, esa intención no es sólo una declaración y seguramente aterrizará cotidianamente en los hechos, por lo menos hasta que la lucha pueda declararse concluida.

