

Aunque dada la enorme competencia en el mercado de destilados de agave en México, el mezcal de Morelos pudiera parecer una alternativa muy minoritaria, lo cierto es que la bebida que se produce en 23 de los 36 municipios del estado tiene profundas raíces históricas y culturales, y el impacto económico, social y hasta turístico del sector agavero en el estado puede ser determinante en el desarrollo local en los próximos años.
En Morelos se producen mezcales hace casi tres siglos, en historias comunitarias que combinaron conocimientos indígenas, filipinos y árabes, que llevaron a una tradición mezcalera en la región sur poniente del estado desde el siglo XVIII. Se trata de una tradición artesanal y de pequeña escala que se mantiene viva después de auges notables en el siglo XIX y la primera parte del siglo XX.
La raigambre de la cultura mezcalera en el estado es tal, que aún en condiciones artesanales en Morelos hay unos 400 productores de mezcal distribuidos en 23 municipios. El agave se cultiva en 370 hectáreas y también se explotan seis especies de agave silvestre en la entidad. La fabricación de mezcal en el estado incluye el “espadín” la más común clase y también variedades criollas o nativas que han tenido un desarrollo local lo mismo en plantaciones comerciales que en relictos silvestres en los cerros cercanos a las zonas productoras.
La gobernadora anunció el miércoles que, tras una década de lucha jurídica y acciones legales, el estado logró obtener oficialmente la Denominación de Origen del Mezcal para 23 municipios. El jueves, en rueda de prensa, se informó también de todo un proyecto conjunto para el desarrollo de la industria mezcalera local. El Ejecutivo ha comprometido recursos para modernizar destiladoras, apoyar campañas fitosanitarias, proporcionar equipo agrícola y diseñar productos turísticos que impulsen la llegada de visitantes al estado, generando así un impacto positivo en el desarrollo económico, turístico y cultural de la región.
La recuperación de la denominación de origen representa entonces, no un reconocimiento legal y cultural que fortalece la cadena productiva del mezcal en Morelos, sino tambien abre nuevas oportunidades económicas para más de tres mil productores de agave y mezcal.
Vale la pena resaltar que en los trabajos para lograr la denominación de origen participaron de forma coordinada las secretarías de Desarrollo Económico y Desarrollo Agropecuario, pero también el Colegio de Morelos, que fue el responsable de la documentación histórica de la larga y arraigada tradición del mezcal morelense.

Por sí sola, la denominación de origen ayuda a proteger y promover el mezcal producido en Morelos, algo que aumenta su valor en los mercados nacionales y extranjeros, y genera entonces mayor derrama económica para la industria y los productores de agave. Para que ello funcione, por supuesto, serán necesarios el fortalecimiento de la capacidad destiladora y de la comercialización, tanto dentro como fuera del país; retos para los que ya se preparan proyectos desde la Secretaría de Desarrollo Económico.
La mayor demanda, requerirá, seguramente de mejores condiciones para la cadena productiva del mezcal, y aquí será responsabilidad de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario la atención al sector primario en materia fitosanitaria y el apoyo con equipamiento agrícola y otros respaldos a la producción.
Otra buena noticia es que, debe admitirse, pocos tenían en el radar a la industria mezcalera como impulsora del desarrollo económico del estado, así que incluirla ahora junto con otros proyectos de impulso a la producción y economía locales, agranda las oportunidades para que a todo Morelos le vaya mejor, y eso merece un brindis, con mezcal de Morelos.

