

Agua y plástico: el Día Mundial del Medio Ambiente
Cada 5 de junio se conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha que, desde 1973, ha servido como una de las principales plataformas internacionales para promover la conciencia ambiental y fomentar la acción colectiva frente a los desafíos ecológicos más apremiantes.
Este año 2025, la sede global fue Corea del Sur y el tema elegido por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente fue claro y contundente: “Acabemos con la contaminación por plásticos” (Beat Plastic Pollution). Este llamado no es menor, si consideramos que más de 400 millones de toneladas de plástico se producen anualmente en el mundo, de las cuales una parte considerable termina en ríos, lagos y océanos, afectando no solo la biodiversidad, sino también la salud humana y el equilibrio hídrico del planeta.
El plástico, particularmente en forma de microplásticos, ha invadido nuestros ecosistemas acuáticos. Estas diminutas partículas ya se han detectado en el agua potable, en el suelo agrícola, en peces y mariscos que llegan a nuestra mesa, y recientemente incluso en la sangre humana. La contaminación plástica no es un problema aislado del medio ambiente: es, cada vez más, una crisis del agua. En los cuerpos de agua dulce de México, como los ríos Atoyac, Lerma o Santiago, el plástico se acumula, obstruye los flujos, contamina las fuentes y pone en riesgo a comunidades enteras. Los residuos de un solo uso se cuelan por los drenajes, se acumulan en cuencas urbanas mal gestionadas, y terminan deteriorando los ecosistemas y dificultando la operación de plantas de tratamiento.
En el mundo se desechan cada día unos 1 300 millones de botellas de plástico, lo que equivale a casi un millón por minuto, y en un año se consumen cerca de 480 000 millones de unidades (The Guardian, 2023; Earthwatch Europe, 2022). De ellas, solamente el 23 % llega a reciclarse, mientras el resto termina en rellenos, incineradores o en ecosistemas naturales. En México, el panorama local tiene también dimensiones alarmantes: cada día se desechan aproximadamente 21 millones de botellas, más de 7 600 millones al año, según datos de la Red Mexicana de Acción por el Agua (2024). Estas cifras ilustran la magnitud del desafío que representa el consumo de agua embotellada y el destino de sus envases en un contexto global y nacional.
El agua y el medio ambiente están indisolublemente ligados. Sin agua limpia, no hay suelos fértiles, ni aire puro, ni seguridad alimentaria. El ciclo hidrológico es, a fin de cuentas, el sistema circulatorio de la vida en la Tierra. Por ello, proteger el agua es proteger todo el entorno. Y esto implica cambiar nuestros hábitos de consumo, presionar por normativas más estrictas, impulsar la economía circular y fomentar una gestión integral de residuos.

Frente a esta crisis, también hay esperanza. Cada acción cuenta: desde elegir productos reutilizables hasta participar en limpiezas comunitarias. Pero, sobre todo, necesitamos voluntad política y compromiso institucional. México debe sumarse activamente a las negociaciones internacionales para establecer un tratado vinculante contra la contaminación plástica, y al mismo tiempo fortalecer su legislación interna y las capacidades de sus municipios para prevenir y controlar esta forma de contaminación.
El Día Mundial del Medio Ambiente de este año nos deja un mensaje claro: si queremos preservar el agua, debemos frenar el avance del plástico. No se trata de una lucha simbólica, sino de una urgencia planetaria. Es hora de pasar del diagnóstico a la acción. Porque cada río contaminado significa comunidades aguas abajo en riesgo. Y, por el contrario, cada gota limpia que conservamos es una esperanza para su futuro.
*Profesor, consultor y gerente general de AQUATOR

