¿la democracia ha llegado a su nivel de agotamiento?

 

 

El reciente proceso electoral del Poder Judicial dejó al descubierto una aguda crisis de la democracia ante unas urnas vacías de legitimidad. Y es que, una reforma viciada de origen, una votación con tan baja participación y el uso del voto como espectáculo demagógico, revelan un agotamiento del modelo de democracia liberal.

La democracia se caracteriza por ser un sistema donde los y las ciudadanas participan en igualdad de circunstancias, directa o indirectamente en la toma de decisiones, principalmente mediante el voto. El sustento de la democracia es la igualdad política, la libertad de expresión, el pluralismo y el Estado de derecho.

La democracia liberal después de la Segunda Guerra Mundial se consolidó como el modelo occidental dominante. Entre sus características se destacan unas elecciones libres y competitivas, el pluralismo político, la división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), garantía de los derechos humanos y las libertades civiles.

Por décadas, la democracia liberal ha sido considerada como la cumbre de la evolución política moderna y se ha extendido por casi todo el planeta. Hoy, es inevitable la pregunta: ¿la democracia liberal está llegando a su fin?

Posiblemente, el principal factor que explica esta crisis es la desigualdad económica. Muchos ciudadanos sienten que la democracia ya no sirve al pueblo, sino a los intereses corporativos y hegemónicos. A esto, se suma una crisis de representación, toda vez que los partidos políticos se han convertido en estructuras burocráticas cerradas, desconectadas de las necesidades de la población.

Todo esto abona una tierra para el surgimiento de liderazgos autoritarios, que abanderando un discurso “contra el sistema” llegan al poder usando mecanismos democráticos, mismos que después erosionan promulgando leyes ad hoc, subordinando los tribunales y atacando a los medios. Cualquier parecido no es mera coincidencia

La democracia liberal no está muerta, pero sí gravemente herida. Las elecciones ya no entusiasman, los partidos ya no representan, y las instituciones parecen estar más cerca del poder que de la gente. La participación se reduce, la polarización crece, y muchos ciudadanos se retiran del juego democrático.

Ante este desgaste, la pregunta es inevitable: ¿qué alternativa queda? Una alternativa necesaria es la democratización de la economía. Sin justicia social, la democracia se vuelve un cascarón vacío.

Recién escuché en un foro digital a un gran amigo, Antonio Ponciano, hablar de un agotamiento de la democracia liberal ante el modelo autoritario chino, que, a la manera del canto de las sirenas, seduce. En efecto, ante el debilitamiento de la democracia, tal como la conocemos, algunos países voltean la vista hacia regímenes autoritarios, tanto de derecha como de izquierda.

Y es que, la democracia que vivimos experimenta una crisis de representación, un aumento de la desigualdad que han deteriorado la confianza del pueblo en el modelo democrático, abriendo espacio a líderes que prometen soluciones rápidas y que concentran el poder.

Ejemplos de gobiernos electos democráticamente que avanzan hacia formas autoritarias están, por la derecha: Hungría, Polonia, Italia y Estados Unidos; por la izquierda: Venezuela, Nicaragua y Cuba.

El dilema es claro, o se renueva nuestra democracia con más participación, más justicia social, transparencia y democratizando la economía o el vacío será ocupado por nuevas formas de autoritarismo de izquierda o de derecha. ¿Usted qué piensa?

José Antonio Gómez Espinoza