

Rodar y (re) escribir la ciudad
Hay muchas formas de escribir en la ciudad. Yo escribo como un transeúnte. Camino y recorro la ciudad constantemente, memorizo los nombres de las calles y recolecto historias. Otra forma de escribirla y habitarla es con patines, bicicletas, patinetas: trazo sobre asfalto, rastros sobre el concreto irregular. Así se dibujan nuevas formas de estar en Cuernavaca. De apropiarse del espacio público desde la comunión y la movilidad de cuerpos. En los últimos años, las calles del primer cuadro, el zócalo, los estacionamientos vacíos los domingos, han sido ocupados por un grupo de mujeres que se hacen llamar Roller Bunny Babes. Patinan juntas. Aprenden. Se acompañan. Hacen comunidad. No piden permiso, ruedan.
Las ciudades pueden entenderse por lo que permiten. Hay espacios que convocan y otros que excluyen. Según la página del Ayuntamiento de Cuernavaca, existen nueve parques en la capital del estado. Muchos son impracticables. El Parque Siqueiros, por ejemplo, más parece testigo del abandono que espacio de encuentro. Y, sin embargo, hace unas semanas se anunció la construcción de un nuevo Centro de Convenciones, donde antes estuvo la Plaza Diana. La respuesta en redes fue inmediata: “Queremos más áreas verdes, más lugares para ejercitarnos, más parques”.
Casi al mismo tiempo, se inauguró un nuevo parque en San Antón, donado por una inmobiliaria. Mil metros cuadrados con cancha de fútbol, juegos infantiles y baños. Se prometió una pista de skate, la única en la ciudad, dijo el presidente municipal. Pero los deportistas llegaron al corte de listón y notaron que el parque no servía. Que los ángulos estaban mal trazados. Que el flujo era ilógico. Que patinar ahí era peligroso.
Así nació RUEDA: Red Urbana de Deportes Aliados. Un colectivo de patinadoras, skaters, ciclistas, artistas, arquitectos, maestras, diseñadores. No sólo piden un parque funcional; proponen uno. No sólo denuncian el problema; entregan soluciones. Saben que una pista no es una decoración, es una estructura con diseño. Rampas, bowls, obstáculos diversos. Iluminación para usarla de noche. Espacio suficiente para no chocar con el otro ni con el parque mismo. El skatepark no es lujo: es punto de encuentro. Es refugio. Es una forma de ciudad.
Actualmente Cuernavaca sólo cuenta con dos lugares dedicados al patinaje y el BMX: el Skatepark Barona, limitado y sobrepoblado; y el Parque Denver, descuidado, salvo por un vecino skater que se ha encargado de restaurarlo con sus propios medios. Un tercer espacio en la colonia La Estación fue demolido. En el parque Alameda no dejan patinar. El único parque amplio y funcional está en Civac, municipio de Jiutepec, y queda lejos para quienes viven al norte o en el centro de la capital morelense.

La falta de comunicación entre quienes construyen la ciudad y quienes la viven produce estos errores. Pero también produce movimiento. Organizarse. Reunirse. Tomar la palabra. Habitar con el cuerpo. Imaginar otros posibles. RUEDA no sólo rueda: traza una ciudad donde cabemos todos. Donde el espacio público no es una concesión sino un derecho.
Cuernavaca no necesita más salones para convenciones empresariales. Necesita huertos comunitarios, pistas seguras, parques reales. Necesita juntanzas. La posibilidad de caminar sin miedo, rodar sin permiso. Frente al discurso oficial que decora la ciudad desde arriba, RUEDA, las Roller Bunny Babes y tantas otras comunidades la escriben desde abajo con una concepción que es más amplia y engloba a otras comunidades. Yo no patino, pero también estoy a favor de que se construyan más parques, más pistas de skate, más espacios para ejercitarse.
Porque mientras algunos planean ciudades para ser vistas desde drones o renders, hay quienes la transforman cada tarde, sobre ruedas, en un acto íntimo y colectivo. No para tomarse la foto. No para señalar su virtud. Sino para estar. Para quedarse. Para hacer del espacio público una extensión del afecto.

