

Amelia Marissa Leiva Dorantes*
Es natural y relevante, especialmente para padres de niños y adolescentes, y para quienes cuidan de sus padres mayores. El sueño se define como “un estado naturalmente recurrente y reversible de desconexión perceptiva, conciencia reducida e inmovilidad relativa”, es un estado fisiológico esencial que representa entre un cuarto y un tercio de la vida humana. El sueño es esencial para la salud y el bienestar, incluyendo el rendimiento cognitivo, los procesos fisiológicos, la regulación emocional, el desarrollo físico y la calidad de vida. La duración adecuada del sueño varía a lo largo de la vida. Actualmente, no existe un método validado y de fácil acceso para medir el sueño. Por lo tanto, tanto el público como los profesionales deben basarse en la duración de la hora de acostarse como un indicador indirecto.
Dormir fortalece las conexiones neuronales, pues el hipocampo, el almacén de nuestra memoria, se restaura transformando la memoria a corto plazo. Durante el sueño el cerebro se aísla y no procesa más que de una manera muy elemental las señales que recibe, el cuerpo pasa por varias fases, incluyendo REM y no REM, que son cruciales para la salud del cerebro y el bienestar general. Se cree que cada sueño dura entre 5 y 20 minutos, y alrededor del 95% de los sueños se olvidan al despertar. Además, el sueño tiene un impacto significativo en la memoria y el aprendizaje, ayudando a consolidar recuerdos a largo plazo.
Con el envejecimiento los patrones del sueño se modifican tanto en la calidad como en duración, lo que puede representar un impacto negativo para la salud de las personas adultas mayores comprometiendo su calidad de vida y aumentando la vulnerabilidad del individuo para desarrollar enfermedades.
La relación entre los trastornos del sueño y la desregulación metabólica ha sido claramente establecida, principalmente en el contexto de la epidemia moderna de la enfermedad cardiometabólica, consecuencias negativas durante el día, como fatiga, afectación cognitiva, una constelación de condiciones que incluyen obesidad, resistencia a la insulina, hipertensión arterial y dislipidemia, todas ellas consideradas como factores mayores de riesgo para enfermedad cardiovascular aterosclerótica y sus expresiones clínicas como el ictus isquémico, el infarto de miocardio y la diabetes mellitus tipo 2 .
A diferencia de la jornada comúnmente adoptada (de lunes a viernes de 9 am a 5 pm, o de 8 am a 3 pm en nuestro país), existen empleos de 7/7 y 24/24 que afectan a más trabajadores a parte de sanitarios y personal de seguridad y transportes. Pero, quizá, la influencia más inquietante sea la del trabajo a turnos o nocturno en la mayor incidencia de ciertos tipos de cáncer (fundamentalmente hormono dependientes, como los de mama y próstata) y que incide, sobre todo, en personal de Enfermería y de aviación, operarios y conductores de trasporte público. Hemos conocido una muy reciente revisión que ha dado lugar a un monográfico de la International Agency for Research on Cancer (IARC, número 124), y que sigue clasificando el trabajo a turnos o nocturno en el Grupo 2A: Probablemente cancerígeno para los humanos. Evidencia limitada en humanos. Suficiente evidencia en experimentación animal, y con fuerte evidencia en el mecanismo fisiopatológico.

Varias organizaciones han adoptado directrices sobre la duración del sueño, reconociendo el valor para la salud poblacional de aproximadamente 7 a 8 horas de sueño habitual para adultos y rangos de duración del sueño apropiados para la edad para niños.
Uno de los principios fundamentales de la disciplina positiva, EDUCAR PARA LA VIDA. En los niños para que la hora de dormir sea interiorizada y se convierta en un hábito de vida, los primeros días necesitará acompañamiento, apoyo, amabilidad y firmeza por parte del adulto. Estudios recomiendan evitar la exposición a cualquier tipo de luz emanada de televisores, computadores, celulares (Android, Iphone, Tablets), para lograr un descanso más reconfortante. La luz azul es la menos indicada, puesto que engaña al cerebro haciéndole creer que es de día, lo cual perturba nuestras horas naturales de descanso. Practica técnicas de relajación y meditación sencillas basadas en la respiración y la visualización, que han demostrado ser efectivas para mejorar el insomnio. Además, podemos ayudarnos escuchando música relajante, dándonos un buen masaje, o leyendo un buen libro.
Los 8 elementos esenciales de la vida incluyen los 8 componentes de la salud cardiovascular: dieta saludable, participación en actividad física, evitar la nicotina, sueño saludable, peso saludable y niveles saludables de lípidos en sangre, glucosa en sangre y presión arterial.

*Médica especialista en urgencias médico-quirúrgicas. Coordinadora de Planeación y Enlace Institucional. IMSS Morelos. amelia.leyva@imss.gob.mx

