Uno de los enfoques del Jardín Botánico Estatal de la UAEM, es la descripción de la estructura de la comunidad arbórea, contando y midiendo los árboles en las dos zonas del jardín; un pedacito del histórico bosque del norte del estado. Foto: Cortesía.

Resguardado por el Centro de Investigaciones Biológicas (CIB), el Jardín Botánico Estatal de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos se mantiene como un espacio clave para la investigación científica, la educación ambiental y la defensa de la diversidad biocultural del estado. Aunque hoy ocupa cerca de tres hectáreas dentro del campus Chamilpa, su historia y su papel dentro de la universidad lo convierten en mucho más que un área verde. 

“El Jardín Botánico Estatal fue fundado en 1979 por un equipo de profesores de la entonces Escuela de Ciencias Biológicas, entre ellos el maestro Gustavo Soria, el maestro Miguel Ángel Bastida y el maestro Rafael Monroy Martínez”, explicó la investigadora Columba Monroy Ortiz, doctora en botánica y especialista en conocimiento tradicional sobre plantas. 

Un espacio para la conservación  

El espacio se estableció en un terreno donado por comuneros de Chamilpa a la universidad. En aquel momento era una parcela destinada a la agricultura de temporal, donde se cultivaban maíz y frijol, y donde aún persistían árboles y vegetación nativa. Con el paso del tiempo, el sitio se transformó en un pequeño fragmento de bosque que conserva especies propias de la zona norte de Cuernavaca. 

“Décadas atrás la cobertura forestal era mucho más amplia, señala la investigadora, “según nos cuentan los profesores que estudiaron aquí a finales de los sesenta, el bosque llegaba prácticamente hasta el Centenario”. 

Hoy el jardín mantiene alrededor de tres hectáreas de superficie y alberga una diversidad vegetal significativa. De acuerdo con un inventario actualizado por el CIB entre 2023 y 2024, el sitio resguarda cerca de 300 tipos de plantas, cuando hace poco más de una década se tenían registradas alrededor de 100. 

Los jardines botánicos, explicó la investigadora, funcionan como colecciones de plantas vivas que cuentan con registros detallados de su origen y características. En este espacio universitario se combinan dos formas de conservación: “Tenemos especies que se trajeron de otras regiones y plantadas aquí, lo que se conoce como conservación ex situ. Pero también hay regeneración natural de especies propias de la zona, lo que nos permite hacer conservación in situ”, detalló. 

La ubicación del jardín también lo vuelve particularmente relevante desde el punto de vista ecológico. Se encuentra en un ecotono, una zona de transición entre ambientes. “Estamos en una zona de recambio de especies. Aquí se encuentran plantas de las áreas cálidas del estado y también de zonas templadas, y eso le da al jardín una relevancia biológica importante”, explicó Monroy. 

Además de la diversidad vegetal, el espacio funciona como refugio para distintas especies de fauna. Tlacuaches, cacomixtles, ardillas, conejos, armadillos, aves, murciélagos y numerosos insectos habitan o visitan el lugar, que también sirve como área de alimentación y refugio para polinizadores. 

“Al haberse convertido en un pedacito de bosque, el jardín brinda beneficios ambientales muy definidos, regula la temperatura, favorece la infiltración de agua y ofrece refugio para muchos organismos”, señaló la investigadora. 

La transdisciplina  

El Jardín Botánico no solo funciona como espacio de conservación, también es un aula abierta para estudiantes de diversas áreas académicas. La Dra. Columba nos explicó que el jardín mantiene un enfoque de transdisciplina, “en el contexto de abordar estudios de los recursos naturales y la situación de las comunidades, entendiendo un contexto económico, cultural y urbano que influye en la transformación del territorio”. Al lugar acuden grupos de licenciatura y posgrado de facultades como Artes, Psicología, Arquitectura, Ciencias Agropecuarias, Biología, Turismo y Estudios Regionales, así como visitas guiadas para estudiantes de primarias.  

En paralelo, el equipo de investigación desarrolla estudios botánicos, ecológicos y etnobiológicos. Estos últimos se enfocan en el conocimiento tradicional sobre plantas que conservan comunidades rurales del estado. “Nos interesa documentar el conocimiento que campesinos e indígenas tienen sobre las plantas y entender también cuáles son las amenazas para ese conocimiento y para el ambiente”, explicó Monroy. 

Investigaciones recientes han abordado el uso de plantas medicinales en comunidades como Lomas de Carril, en Temixco, y estudios sobre los traspatios tradicionales en municipios del sur del estado. 

Ciencia que dialoga con la sociedad 

A lo largo de los años, el Jardín Botánico y el laboratorio de Ecología del CIB, han mantenido vínculos con organizaciones sociales y comunitarias de Morelos. Parte de esa colaboración se ha enfocado en el acompañamiento técnico a movimientos ciudadanos que defienden el territorio. 

Uno de los casos más visibles es el del Movimiento Morelense contra la Minería Tóxica por Metales, que se opone a un proyecto minero para extraer oro y plata en la región de Xochicalco, proyecto actualmente suspendido, pero no cancelado. “El Jardín Botánico ha brindado apoyo técnico y científico en foros, diagnósticos en colaboración con SEMARNAT, IMTA, INECC y cabildeo ante instancias como la Suprema Corte de Justicia para la reglamentación de la Ley minera”, explicó la investigadora. 

Desafíos para su conservación 

A pesar de su importancia científica y ambiental, el jardín enfrenta problemas de infraestructura y mantenimiento. La falta de una barda perimetral facilita el acceso libre al predio, lo que genera riesgos de seguridad y permite el ingreso de basura o residuos de poda. “Uno de los problemas es que no podemos controlar completamente el acceso. También hay vecinos y algunas áreas de la propia universidad que depositan residuos en los límites del jardín”, señaló Monroy. 

A ello se suma la escasez de personal especializado para el cuidado del espacio, por lo que muchas de las tareas de mantenimiento se realizan con apoyo de estudiantes y tesistas, especialmente de la Maestría de Estudios Regionales y de la Facultad de Ciencias Biológicas.  

Aun así, el equipo continúa ampliando los estudios sobre la biodiversidad del sitio. Investigadores trabajan actualmente en inventarios de mariposas, aves, mamíferos y hongos presentes en el área, con el objetivo de comprender mejor la riqueza biológica de este fragmento de bosque universitario. “El jardín es pequeño, pero tiene un valor enorme para la universidad y para la ciudad”, finalizó.  

Jazmin Aguilar