

Como cada agosto, este año la ciudad de Estocolmo se convirtió en el epicentro de la discusión mundial sobre el agua. La Semana Mundial del Agua (World Water Week), organizada por el Stockholm International Water Institute (SIWI) desde 1991, reúne a miles de expertos, académicos, líderes gubernamentales, representantes de organismos internacionales, organizaciones de la sociedad civil, jóvenes innovadores y empresas de más de 190 países. Se trata del principal foro global para reflexionar sobre los desafíos del agua, intercambiar experiencias y generar compromisos que permitan enfrentar una de las crisis más complejas de nuestro tiempo.
En este evento se reconoce que el agua es un factor transversal con impactos en la salud, la seguridad alimentaria, la economía, la energía y los ecosistemas. En cada edición de la Semana Mundial del Agua se escoge un tema central que orienta las discusiones. En 2025, el lema es “Water for Climate Action” (“Agua para la acción climática”), subrayando que no habrá soluciones reales al cambio climático sin una gestión hídrica adecuada y viceversa. El agua es el medio a través del cual sentimos la mayor parte de los impactos climáticos: sequías, inundaciones, deshielo de glaciares, huracanes más intensos y variaciones extremas en los patrones de precipitación, por ejemplo.
Un espacio de aprendizaje y colaboración
La Semana Mundial del Agua no es un congreso tradicional. Su estructura combina sesiones plenarias con talleres especializados, mesas redondas, exposiciones, actividades juveniles y presentaciones de casos prácticos. Esto permite que los participantes no solo escuchen, sino que también interactúen y colaboren en la búsqueda de soluciones. Uno de los elementos más valiosos es el enfoque interdisciplinario: en un mismo panel pueden coincidir un investigador en hidrología, un ministro de medio ambiente, un líder comunitario indígena y un representante del sector privado.
Este diálogo es fundamental porque los problemas del agua son, por definición, multidimensionales. No basta con contar con tecnología de punta si no se acompaña de una adecuada gobernanza, financiamiento y participación social. Tampoco sirve diseñar planes nacionales de gran alcance si no se aterrizan en realidades locales y en el respeto a los derechos humanos.
En este sentido, la Semana Mundial del Agua se ha consolidado como un espacio de convergencia de agendas internacionales. Desde los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas, en particular el ODS 6 sobre agua y saneamiento, hasta los compromisos derivados del Acuerdo de París sobre cambio climático, este foro funciona como un puente que conecta políticas globales con experiencias nacionales y locales.
Premios que marcan la pauta
Cada año, durante la Semana, se otorgan reconocimientos que visibilizan la innovación y el liderazgo en temas hídricos. El más prestigioso es el Premio del Agua de Estocolmo (Stockholm Water Prize), considerado el “Nobel del agua”, que reconoce aportaciones excepcionales en ciencia, política o práctica. El galardón es entregado por el Rey Carl XVI Gustaf de Suecia, lo que refuerza su relevancia internacional.

También destaca el Premio Junior del Agua de Estocolmo (Stockholm Junior Water Prize), que convoca a jóvenes de entre 15 y 20 años a presentar proyectos innovadores en torno al agua. Este concurso ha sido un semillero de ideas creativas y soluciones tecnológicas que, en muchos casos, trascienden más allá de la competencia y se convierten en emprendimientos reales. Asimismo, el Premio Industrial del Agua de Estocolmo (Stockholm Industry Water Award) distingue a empresas que implementan innovaciones significativas para reducir su consumo de agua o minimizar la contaminación que generan sus procesos.
México ha tenido una presencia destacada en los premios de Estocolmo. En 2002, el hidrólogo Ignacio Rodríguez-Iturbe, de origen méxico-americano, recibió el Stockholm Water Prize por sus contribuciones fundamentales al desarrollo de la hidrología moderna. En la categoría juvenil, nuestro país ganó el Stockholm Junior Water Prize en 2007, gracias al proyecto de Adriana Alcántara Ruiz, Dalia Graciela Díaz Gómez y Carlos Hernández Mejía, quienes desarrollaron una técnica innovadora para remover plomo del agua utilizando cáscara de huevo. Más recientemente, en 2023 los mexicanos Fernando de Silva Hernández y Carlos Iván Erquizio Salazar obtuvieron el People’s Choice Award con un proyecto de acuacultura sustentable, y en 2024 las oaxaqueñas Shanni Valeria Mora Fajardo y Rosa Mendoza Sosa recibieron el Diploma of Excellence por diseñar un sistema de filtración casero para reutilizar aguas residuales teñidas en huertos familiares. Estos reconocimientos reflejan la capacidad de la ciencia y la juventud mexicana para aportar soluciones creativas a los retos hídricos globales.
Estos premios son importantes porque no solo celebran logros individuales o institucionales, sino que también envían mensajes poderosos sobre la dirección en la que debe avanzar la comunidad global. Reconocer a un científico que desarrolló técnicas de potabilización accesibles, a una empresa que logró reducir drásticamente su huella hídrica o a un grupo de estudiantes que inventó un sistema de captación de lluvia eficiente, es también una manera de educar, inspirar y movilizar a otros actores.
Tendencias recientes en el debate
En los últimos años, la Semana Mundial del Agua ha puesto sobre la mesa algunos temas recurrentes que marcan la agenda hídrica global. Uno de ellos es la resiliencia climática: cómo las sociedades pueden adaptarse a sequías más severas y a inundaciones más frecuentes. Otro es la financiación del agua, dado que existe un rezago importante en la inversión para infraestructura hidráulica y saneamiento, particularmente en países en desarrollo.
También se discute de manera creciente la relación entre agua y justicia social. Millones de personas en el mundo, principalmente en comunidades rurales, asentamientos irregulares
y pueblos indígenas, siguen sin acceso a agua segura y servicios básicos de saneamiento. Esta exclusión se traduce en una mayor vulnerabilidad sanitaria, en pérdida de oportunidades educativas y laborales, y en la reproducción de desigualdades de género, pues en muchos lugares son las mujeres y las niñas quienes invierten horas cada día en acarrear agua.
Otro tema clave es el papel del sector privado. Si bien las empresas son parte del problema, porque muchas actividades productivas consumen y contaminan grandes volúmenes de agua, también pueden ser parte de la solución mediante innovación, eficiencia y responsabilidad social. La Semana Mundial del Agua busca tender puentes en este sentido, promoviendo alianzas público-privadas que permitan aprovechar el conocimiento técnico y la capacidad de inversión de las industrias, sin perder de vista la rectoría del Estado ni el interés público.
Un foro que reta a México
Para México, participar activamente en la Semana Mundial del Agua debería ser una prioridad. Nuestro país enfrenta un cuadro complejo: por un lado, sequías recurrentes que afectan a la agricultura y a las ciudades del norte y centro; por el otro, inundaciones en regiones costeras y urbanas mal planificadas. A ello se suma la sobreexplotación de acuíferos en zonas críticas como el Valle de México, Apan en Hidalgo o Calera en Zacatecas, donde los volúmenes extraídos superan ampliamente la recarga natural.
En el plano internacional, México ha suscrito compromisos tanto en materia de cambio climático como en el derecho humano al agua, pero la brecha entre los discursos y la realidad es notoria. Aún hay millones de personas sin acceso seguro y continuo a agua potable, y los patrones de consumo muestran que se gasta más en refrescos y agua embotellada que en mejorar la eficiencia de los servicios públicos. Este tipo de temas, que la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH) revela con claridad, deberían formar parte de la discusión que México lleve a foros como la Semana Mundial del Agua.
Además, el evento representa una oportunidad para mostrar innovaciones locales, como proyectos de captación de lluvia en comunidades rurales, sistemas de tratamiento descentralizado, experiencias de gobernanza comunitaria o estrategias de tecnificación de riego en la agricultura. Estos casos pueden nutrir el debate internacional y, al mismo tiempo, beneficiarse del intercambio con soluciones aplicadas en otras latitudes.
En conclusión: hay que aprender para acelerar el paso
La Semana Mundial del Agua es mucho más que un encuentro académico o institucional. Es un espacio donde se tejen alianzas, se visibilizan problemas y se construyen narrativas que influyen en políticas nacionales e internacionales. Frente a la magnitud de la crisis climática y la urgencia de garantizar agua para todos, foros como este resultan indispensables para acelerar el paso.
México necesita mirar hacia la Semana Mundial del Agua no solo como un escaparate internacional, sino como una fuente de inspiración y aprendizaje para fortalecer su propia política hídrica. El país requiere una visión de largo plazo que integre adaptación al cambio
climático, equidad social, salud pública y sostenibilidad ambiental. En este camino, participar de manera activa en espacios de reflexión y cooperación global puede ser la diferencia entre seguir enfrentando crisis recurrentes o avanzar hacia un futuro donde el agua sea un derecho efectivo y un bien común gestionado de manera responsable.
*Profesor, consultor y gerente general de AQUATOR.

