

Tranquila hermana, llegó marzo y aquí está tu manada
Denisse B Castañeda
Este 8 de marzo nos encuentra en un momento histórico. Por primera vez, México está a las tiene una mujer presidenta, y en Morelos, Margarita González Saravia lidera un gobierno comprometido con la igualdad y la justicia social. Este hecho no es casualidad, es el resultado de décadas de lucha feminista, de las voces que nunca se callaron, de las mujeres que marcharon, gritaron, pintaron las paredes y sembraron semillas de cambio.
Las marchas del 8 de marzo son mucho más que una protesta; son un acto de resistencia y de amor profundo entre nosotras. Como bien lo dice Jessica Hamed, las paredes pintadas no son vandalismo, son un grito desesperado por las ausencias y las injusticias, una forma legítima de exigir un futuro donde nuestras vidas no estén marcadas por la violencia. Y como recuerda Patricia Bedolla, esta lucha no es nueva ni irracional, es la continuidad de una resistencia histórica que busca igualdad laboral, política y social, donde todas podamos vivir libres, felices y con la certeza de que el mundo que estamos construyendo será mejor. El texto de Frida Gaytán es una poderosa reflexión sobre la trayectoria histórica de las mujeres en los movimientos sociales y la militancia feminista en México. A partir de sus experiencias personales, narra cómo las mujeres han sido mucho más que participantes: han sido intelectuales, estrategas y lideresas, a pesar de haber sido marginadas o invisibilizadas dentro de las propias luchas de izquierda. Y como florecemos en todos los rincones, manada de jacarandas «Como bosque luchamos» de Marissa Delmar Marín.
En esta edición de Ovarias, celebramos la fuerza de nuestras palabras y el poder de nuestras historias. Damos la bienvenida a las escritoras que nos acompañan: Jessica Hamed y Patricia Bedolla, mujeres que desde sus trincheras tejen lazos y aportan a esta marea violeta que sigue creciendo.
Marzo llegó, hermana. Y aquí está tu manada. Juntas, seguimos avanzando.

¡8 de marzo, ni un paso atrás!
Este 8M defendamos causas, no paredes
Jessica Rivera Hamed
Salir a las calles de manera colectiva para manifestar descontento, repudio o indignación frente a los malos gobiernos, transnacionales o personas que en lo público o lo privado han actuado en contra de la voluntad popular, o que han violentado los derechos humanos por motivos étnicos, raciales, de género o de reivindicaciones políticas, es una acción legítima, histórica e internacional. Me atrevo a decir que no hay rincón en la tierra donde la humanidad no se haya movilizado en la búsqueda de un mejor lugar para vivir.
“Delirio de lunáticos patriotas” eran las portadas de los periódicos que cubrían las movilizaciones de obreros de finales del siglo XIX que exigían a las fábricas el cumplimiento de la ley que dictaba un horario laboral de 8 horas. Hoy todas y todos nos beneficiamos en muchas partes del mundo de esa reivindicación, (si no trabajas en Grupo Salinas, claro).
Cuando Rosa Parks se negó a levantarse para ceder su asiento a un blanco, generó conmoción, incredulidad y enojo “¿Cómo se atreve?”, y sin embargo fue la semilla para uno de los movimientos más importantes del mundo por los derechos civiles. Cuando las mujeres inglesas se movilizaron para exigir su derecho a votar fueron encarceladas y sometidas a múltiples torturas, para el sistema patriarcal era absurdo que las mujeres tuvieran la necesidad y la capacidad de elegir a sus gobiernos. Y bueno, ya sabemos el destino de la gran pionera Olympe de Gauges por atreverse a proponer que las ciudadanas, y no sólo los ciudadanos, fuesen incluidas en la declaración de derechos después de la revolución francesa.
Imaginen que las y los revolucionarios de todos los tiempos hubieran hecho caso al “esas no son formas”. Las transformaciones a veces no son entendidas en su tiempo, generan rechazo, enojo, incomodidad. Absurdo pero real es el desprecio que en algunos sectores despiertan las movilizaciones feministas en las que la más atrevida consigna es “no nos maten”.
La violencia que vivimos las mujeres y las disidencias sexuales que no viven bajo la hetero y Cisnorma*, en todo el mundo, es el reflejo de que los mandatos y la cultura patriarcal siguen permeando en todas las esferas: la familia, la comunidad, la iglesia (obviamente), los medios de comunicación y los gobiernos que, si bien han fortalecido los marcos normativos para reconocer y sancionar estas violencias, no han logrado prevenirlas y erradicarlas. También es la manifestación de una sociedad cómplice que con dobles discursos cosifican, vulneran, violentan, utilizan, revictimizan y hace escarnio de las mujeres y disidencias que no obedecen el rol que les fue asignado al nacer.
Este 8 de marzo, mujeres de todas las edades con sus hijas e hijos, mujeres afromexicanas, estudiantes, trabajadoras del hogar, de pueblos originarios, mujeres trans, profesoras, migrantes, artistas, salimos a las calles porque a todas nos atraviesa la violencia patriarcal que día con día está cobrando nuestra salud, nuestra, dignidad, integridad, nuestra paz y nuestras vidas. Pintar las paredes con aerosoles de color no es más que un recordatorio de que nos faltan muchas, es hacer hablar a los muros de la ciudad, manifestar el dolor por las y los desaparecidos, invitar a la conciencia colectiva a perder el miedo, ese lugar oscuro que inmoviliza.
¿Seguimos luchando por esta mierda? Dicta la frase de una imagen compartida en redes sociales que acompaña la fotografía de una mujer de la tercera edad en una marcha feminista.
Sí, seguimos luchando por esta mierda.
Casi 100 años después del incendio en la fábrica de camisas en Nueva York que diera origen a la reivindicación de los derechos humanos de las mujeres cada 8 de marzo, un 10 de noviembre del 2010, seis mujeres murieron a causa de un incendio en una sucursal de Coppel en Culiacán, Sinaloa mientras realizaban un inventario. Las dejaron encerradas porque ninguna de ellas tenía la confianza, derecho, de quedarse con un juego de llaves para salir, como aquel marzo de 1911.
Las mujeres que marchan también son trabajadoras cansadas de jefes acosadores y explotadores, estudiantes que viven en pleno 2025 violencia institucional, trabajadoras del hogar que viven discriminación y violación de sus derechos laborales, madres en búsqueda de sus hijas e hijos desaparecidos, madres que viven violencia vicaria por sus ex parejas que han secuestrado a sus hijos, familiares víctimas indirectas de violencia feminicida, mujeres que han vivido violencia obstétrica en servicios de salud, jóvenes a quienes el Estado les sigue negando un aborto seguro. Todas ellas, además de marchar, construyen día a día semillas de cambio desde diferentes espacios. Si usted no va a marchar, no señale ni violente a quien sí se lo hace por un mejor futuro para todas.
Sin justicia social las mujeres no alcanzaremos la Igualdad.
Vivas, libres y felices nos queremos
Justicia para Mafer
*Conjunto de normas culturales que establecen que las personas deben identificarse con el género que se les asigna al nacer.
“No olvidemos jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, debemos permanecer vigilantes toda nuestra vida”. Simone de Beauvoir
8 de Marzo
Patricia Bedolla Zamora
En 1857 la miseria era el estilo de vida de las mujeres trabajadoras en la industria textil en la ciudad de Nueva York, ellas recibían un sueldo de menos de la mitad que los sueldos de los hombres, sólo por ser mujeres, haciendo el mismo trabajo que ellos en las mismas jornadas que ellos. Hubo grandes protestas que terminaron de manera violenta.
Este es el origen de una lucha de siglos, igualdad laboral, política, social, la no violencia en contra de las mujeres, la no cosificación o uso y disposición de nuestros cuerpos. La Igualdad incluso en sus agencias socializadoras de este sistema patriarcal las más crueles: la familia, la iglesia, la religión (cualquiera), la escuela, los medios de comunicación masiva, el gobierno.
Lamentablemente en el 8 de marzo de 2025, siglo XXI de la era cristiana en el planeta tierra seguimos luchado, por las mismas causas, no negamos nunca que, a través del tiempo y la insistencia, pase lo que pase: represión, insultos, que se nos vea como desadaptadas, violencia, porque por cada paso que avanzamos hay una nueva modalidad de violencia hacia las mujeres sólo por ser mujeres e intentar ante todo vivir una vida libre de violencia en un sistema social que sea igualitario.
Valga la pena analizar el fenómeno de la cuarta ola del feminismo en este Siglo XXI que vino de la mano del avance de la tecnología y de una herramienta maravillosa denominada redes sociales, sin duda ya desde el correo electrónico, a principios de siglo, la comunicación en el movimiento de mujeres se empezó a globalizar, gracias a este se logró generar una comunicación casi en tiempo real que nos permitía convocarnos, incluso los chat’s de esa época con sus particularidades nos permitía generar foros de discusión para ir generando agendas similares, la coincidencia siempre fueron las violencias en contra de las mujeres, a las que se agregaban las particularidades de cada país.
Pasamos de ser diásporas a ser globales. Con el Facebook, el Twitter (hoy X), es en 2012 cuando viene el impacto la ola se convirtió en tsunami, los hashtags que convocan marchas globales en las principales ciudades del mundo cada 8 de marzo, donde sigue siendo el punto número uno la violencia sexual, las violencias todas y el aborto, donde nuestra principal lucha es la autonomía de nuestras cuerpas.
Las redes sociales que van focalizando grades movimientos como: #FreeTheNipple o #HeForShe que contribuyeron a una extensión de una conciencia feminista global. Las recientes manifestaciones masivas del 8 de Marzo alrededor de todo el mundo, así como los movimientos #Metoo (EU) o #NoesNo (España), #yositecreo (México) #elvioladorerestu (Chile) #Niunamenos (Argentina)
Para corroborarlo, echemos un vistazo a los trandings topics de Twitter (hoy X) del 8 de marzo, de los 20 primeros 17 están relacionados con el Día Internacional de la Mujer.
Y así se ha venido repitiendo desde entonces. El movimiento social más poderoso de masas hoy es: El feminismo, el movimiento de las mujeres.
Esas inadaptadas, locas, vándalas que pintan y destrozan, sólo porque nos asesinan a razón de 11 o 12 mujeres diarias en este país llamado México.
Seremos más fuertes que nunca, seguiremos exigiendo que la mitad del mundo (un poquito más) pueda vivir fuera de un sistema patriarcal que insiste en apropiarse de nuestras cuerpas, decidir por ellas, usarlas y desecharlas; seguir luchando para vivir en un sistema social de respeto e igualdad.
¡¡¡Que así sea!!!
La memoria de marzo
Frida Gaytán
Esa mañana no desperté porque no había dormido, no sabía dónde estaba, pero estaba junto a todas las compañeras que habían sido detenidas el mismo día, cansadas, enfurecidas y alertas, como yo. Ya era siete de febrero del 2000, la madrugada del seis, fuerzas federales entraron al auditorio Ché Guevara, irrumpiendo en la asamblea estudiantil y detuvieron a cualquiera en el lugar, incluyendo la señora que nos vendía dulces y los albañiles de la obra en el edificio de junto. Eran tiempos del PRI, de Zedillo, de intelectuales y rectores subordinados. Llevaba más de 24 horas sin dormir, más de diez meses con el sueño alterado, mal nutrida y sin embargo, físicamente más fuerte que nunca. Algo hacen las convicciones y la militancia en el cuerpo que lo alteran para aguantar lo que sea necesario. Claro, era 25 años menos que hoy y eso ayudaba bastante.
La fecha me provocó recorrer los recuerdos de más de 30 años de activismo y militancia. Me doy cuenta de que ponerse vieja tiene que ver con la historia recorrida y no con la fuerza del cuerpo.
Y la historia recorrida abarca muchas generaciones atrás de mí, pero recuerdos míos son los de las mujeres que desde la izquierda me criaron, me dieron clases, las que miré en las marchas, las que escuché en las reuniones de discusión y organización en casa. Estaban los hombres, de quienes aprendí mucho, claro, pero las mujeres me hacían pensar en temas que a ellos no se les ocurrían.
Las mujeres hablaban de conflictos de clase, pero también de interseccionalidad, antes de que el término existiera como hoy. Lo cierto es que las mujeres no sólo se enfrentaron a la represión política, sino también a la invisibilización y el menosprecio de sus compañeros. A pesar de su valentía y compromiso, recuerdo sus rostros de impotencia porque a menudo eran relegadas a roles secundarios y sus ideas silenciadas, o lo intentaban, sin éxito.
Es marzo de 2025 y quiero recordar un poco el camino de ellas, de nosotras, el que me trajo hasta aquí, al día en que me llena de contento decir en voz alta que tengo una gobernadora y una presidenta.
Las mujeres hemos sido mucho más que participantes en los movimientos sociales de México; hemos sido intelectuales, estrategas y líderes que hemos aportado teoría, pensamiento crítico y un trabajo incansable. Nuestra lucha ha crecido, desafiando las estructuras de poder, para enfrentar las desigualdades de género, clase, etnia. Hemos defendido el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, la libertad de amarnos entre mujeres, con la misma convicción con la que amamos y defendemos la tierra.
Las mujeres en la izquierda revolucionaria de la década de los 70 del siglo pasado, no sólo empuñaron armas, sino que también aportaron análisis críticos y propuestas teóricas para la transformación social. Muchas veces fueron las encargadas de crear las redes de apoyo y las estrategias de comunicación dentro de los movimientos.
Desde el zapatismo, la Ley Revolucionaria de Mujeres del EZLN fue ejemplo para todas, cómo las mujeres indígenas articularon sus demandas desde una perspectiva propia y, a la vez, universal, reconociendo las múltiples formas de opresión que enfrentan, ha generado epistemia fundamental para los feminismos y ha inspirado a muchos movimientos a nivel nacional e internacional.
De los movimientos estudiantiles a lo largo del siglo XX, se recuerdan mucho los nombres de líderes y dirigentes varones, pero las mujeres no sólo participaron en las movilizaciones, también contribuyeron al debate teórico y a la elaboración de propuestas para la democratización de la educación. Su capacidad para combinar la teoría y la acción ha sido fundamental para la fuerza y la continuidad de las luchas estudiantiles.
Las madres buscadoras, las mujeres en el Movimiento por la Paz han aportado análisis críticos sobre las causas y consecuencias de la violencia y exigido justicia desde una perspectiva de derechos humanos colectivos. Su trabajo ha sido fundamental para visibilizar el impacto de la violencia en las comunidades y construir alternativas de paz. Incansables madres y hermanas se han encargado de crear redes de apoyo para las víctimas de la violencia.
En la última década, somos abiertamente feministas junto a las más jóvenes, usando #UnDíaSinNosotras, #NiUnaMenos, #YoTeCreo, cantando a coro el violador eres tú, rodeadas de jacarandas violetas y pañuelos verdes en defensa del derecho a decidir sobre nuestros cuerpos.
Hace tiempo entendí que la militancia es un ejercicio de largo aliento, de manejar la frustración, la impotencia y seguir haciendo, seguir construyendo como lo hicieron todas aquellas antes que nosotras, entendí que no empezamos nada y no veremos el fin porque somos parte de un proceso más largo y más profundo que nuestro tiempo. De norte a sur, de sur a sur, sigamos juntas, en manada, artistas, transgresoras, defensoras, teóricas, lesbianas, campesinas, madres por decisión, legisladoras, sindicalistas, estudiantes, todas.


