


Estela Ubando esculpió con su esposo Carlos Kunte, el Zapata Ecuestre que hoy cabalga en la Plaza de Armas de Cuernavaca. El monumento tiene toda una historia que ahora se dignifica junto a la del Caudillo del Sur y que nos narra la propia artista. Foto: Cortesía
La historia detrás de la escultura ecuestre de Emiliano Zapata
Estela Ubando es la primera mujer artista en México en realizar un monumento a una figura histórica: el Zapata Ecuestre, obra emblemática que se ha convertido en símbolo del espíritu revolucionario que identifica a Cuernavaca y al territorio morelense.
La escultura, inaugurada en 1979, fue realizada por los escultores Carlos Kunte (1937-2022) y Estela Ubando, con motivo del centenario del natalicio del revolucionario, durante el gobierno de Armando León Bejarano (1976-1982). Fundida en el taller de Enrique Carrión, en la Ciudad de México, fue instalada originalmente en la glorieta de Buenavista, a la entrada norte de Cuernavaca, donde durante décadas dio la bienvenida a quienes llegaban desde la capital del país.
En 2018, la escultura fue trasladada al Paso Exprés, en el entronque con la avenida Vicente Guerrero. Hoy, tras la acertada decisión de la gobernadora Margarita González Saravia, y en el marco del 146 aniversario del natalicio del general Emiliano Zapata, la pieza ocupa su merecido lugar en el zócalo capitalino, en la plaza que lleva su nombre.
En esta entrevista, la escultora y muralista recibió a La Jornada Morelos en su taller, rodeada de sus obras y de las pinturas de su esposo, Carlos Kunte. Entre algunas memorias y reflexiones, habló sobre su trayectoria, la vida artística de la Cuernavaca de aquellos años y, por supuesto, sobre la historia y el significado de la escultura ecuestre del Caudillo del Sur.

De la pintura al muralismo con Siqueiros
Desde su infancia, Ubando mostró inclinación por el dibujo. Sus primeros pasos los dio en un taller infantil de artes plásticas en la Ciudad de México. Tras la preparatoria, sus padres deseaban que estudiara Medicina, pero ella ya había decidido su vocación y se inscribió en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”. Allí conoció a Kunte, con quien se casó y terminó la carrera.
Su vida profesional se diversificó entre la gráfica popular, la artesanía en la Ciudadela y colaboraciones con artistas como Juan Soriano. Después, llegaron los trabajos en museos: “En todos los de Cuernavaca había compañeros nuestros, porque en ningún lado encuentras un letrero que diga ‘se solicita pintor/escultor’; […] cuando se abría un museo, ahí estamos todos”, relata.
Más adelante, ingresó a los talleres de la Escuela de Restauración, cuando aún no existía la carrera formal en México. Participó en un grupo pionero que incluso envió a un integrante a Eslovaquia para aprender técnicas y fundar lo que hoy es la Escuela de Restauración “Castillo Negrete”, financiada por Paul Krugman.
El siguiente paso en su carrera fue su ingreso al equipo del maestro David Alfaro Siqueiros, quien, a través de un programa de televisión, buscaba asistentes para “el mural más grande del mundo “(La marcha de la humanidad en la América Latina”). La pareja presentó su trabajo y fueron aceptados de inmediato: “Fue una experiencia diferente, profesional, y con un maestro como Siqueiros uno se sentía pequeño. Admirábamos su sabiduría y su experimentación con colores, que probaba al sol para medir su duración, junto con su asesor el señor José Luis Gutiérrez, inventor de las pinturas Politec. Como mi esposo había estudiado ingeniería química, conversaba con él sobre materiales, aunque no trabajó directamente en su invención”, recuerda.
Ubaldo tuvo la oportunidad de participar desde los primeros trazos del mural del Polyforum, labor en la que permaneció varios años. De esa experiencia, confiesa, comprendió la complejidad y el oficio que hay detrás: “he leído libros de cómo se pinta uno, pero me resulta imposible entenderlo; algo tan fresco y artístico como lo que hacía Siqueiros no se puede aprender con letras, se tiene que sentir.”
A partir de ahí, había llegado el momento en que, como ella misma describe, “ya te saturas de la escuela, de aprender, y piensas: ¿y yo qué?”. Fue entonces cuando, junto con su esposo, decidió salir del Taller Siqueiros para desarrollar su propia obra.
Un taller improvisado para un gigante de bronce
Entre las memorias de Estela, surge la figura de Manuel Suárez, empresario y mecenas cultural, propietario (en ese entonces) del Casino de la Selva en Cuernavaca, del Hotel de México y del Polyforum Cultural Siqueiros; fue quien mandó a hacer el mural de México y quien, además, brindó apoyo directo a artistas como Estela y Carlos. “Nos compraba obra y nos dio un búngalo en su hotel para vivir; mi hijo Carlos tenía apenas un año”, recuerda la escultora.
Con ese respaldo, trabajaron y vendieron obra hasta finales de la década de los setenta, cuando la restauración del Palacio de Cortés los llamó nuevamente al oficio. Fue en ese periodo cuando supieron que el gobierno estatal buscaba una escultura para conmemorar el centenario de Emiliano Zapata. “No dijeron que fuera ecuestre ni dieron características, pero nosotros imaginamos a Zapata galopando, con el machete como arma y herramienta de trabajo”, relata.
La propuesta convenció al entonces gobernador Bejarano, quien autorizó su realización. El reto siguiente fue encontrar un lugar para trabajar, ya que en su taller actual no existía. Por su tamaño, 5 metros de altura y 9 de largo, los escultores utilizaron un espacio del taller de Siqueiros (en la hoy Tallera), que estaba desocupado tras la muerte del maestro, narra Estela. Ahí, improvisaron un techo para proteger la plastilina del calor y evitar que se derritiera. En ese lugar, con ayuda de sus hijos la escultura se modeló, se elaboraron los moldes y se envió a fundición; para finalmente, inaugurarse en 1979, durante los festejos del centenario del natalicio del Caudillo del Sur.
El Zapata de Tabasco
“A la ceremonia de develación asistió el presidente López Portillo, diversas figuras políticas y el gobernador de Tabasco, quien quedó impresionado con la escultura, inmediatamente después de la ceremonia nos pidió una igual para su estado”. Fue así como los artistas realizaron una réplica (desde cero), con un cambio significativo: “En lugar del machete, símbolo de la lucha agraria en Morelos, le pusimos un rifle, representando la lucha revolucionaria en esa región”. La escultura se encuentra a orillas del río Usumacinta, en el municipio del mismo nombre que el general, detalla.
Del boceto a la instalación
9 meses tardó Estela en darle vida al gigante de Zapata, “como un parto”, dice entre risas, al mismo tiempo que nos revela el honor de ser la primera mujer del país en realizar un monumento a un héroe histórico: “todos lo habían hecho hombres, por lo difícil que es”, dice.
La base para esta escultura monumental fue el dibujo y la proporción. Implicó estudiar tanto el cuerpo humano como la anatomía equina. Para esto, los escultores tuvieron la oportunidad de visitar un lienzo charro. “Un señor de apellido Cuevas, muy generoso, nos hizo una presentación de jinetes con sus caballos, […] todo un espectáculo. Tomamos muchas fotos, la fotografía fue de gran ayuda”.
Para levantar al líder campesino en bronce, se necesitaron toneladas de plastilina: “El modelado fue muy exhaustivo. Para hacer nueve metros hay que hacerlo como un rompecabezas, por piezas, para luego unirlas”, explica. “Todavía tengo cajas plastilina en la bodega. A veces me piden prestada una caja y se va desapareciendo”, cuenta con humor. Ya en la última etapa explica que, “el trabajo de fundición fue muy complicado, solo se entiende viéndolo, es agotador, pero en México tenemos muy buenos fundidores”, agrega.
Al preguntar sobre sus referencias para inmortalizar al Caudillo, Estela reconoce que la escultura refleja tal cual el ideal zapatista, sin agregarle simbolismos ocultos, fiel y sencillamente lo que es. “Su trabajo mismo fue mi inspiración. Su compromiso con sus compañeros, con el pueblo, con la tierra […]. La escultura es un recuerdo de su lucha”. En cuanto a su vestimenta, la artista comenta: “Su ropa no era de trabajo, porque era cuidadoso para vestir; le gustaba vestirse bien, con su bigote muy bien retorcido. Era carita, posiblemente mujeriego, (dice entre risas) pero muy generoso con su gente. Él era intelectual, hizo el Plan de Ayala y sentó las bases de la Revolución”, relata.
Pero el reto más grande que presenta un monumento como este dice, es precisamente su tamaño, no simbólico, ni representativo; sino las maniobras técnicas que se tuvieron que hacer para que el caudillo llegara galopando a su sitio. “Es un trabajo pesado, tanto para lo artistas, como para el equipo que lo traslada.”
El valor de las artes en la memoria histórica
Con un gran sentido de responsabilidad, Ubando señala con firmeza que las artes plásticas cumplen un papel crucial en la preservación de la historia. “Debemos ser muy serios en lo que hacemos, sobre todo porque la obra va a estar al público y tiene que representar bien a su pueblo. No se deben hacer payasadas ni tonterías”, explica. Sobre cómo se siente al saber que su escultura será vista por muchas generaciones, Estela comenta: “Me gustaría que las nuevas generaciones la tomaran en serio y comprendieran que hay gente que ha luchado por cambiar y mejorar las cosas. Esa lucha, el zapatismo, seguirá siempre, y debemos tener conciencia de cómo nos comportamos como seres humanos”.
¿Qué le diría a Ubando a Zapata si pudiera? “Que hacemos posible que la gente no se olvide de él. Hay pueblos que dicen que todas las noches cabalga por el Zócalo con su caballito; esto quiere decir que no se ha olvidado de su pueblo. Ojalá sea así, y ahora con la reubicación, su recuerdo esté más presente y cercano para todos”, responde.
Primera vez que se reconoce al artista y no solo a su obra
Para cerrar la intervención, Ubando reflexiona sobre el papel de los gobernantes y de la sociedad en el apoyo a las artes, la escultora apunta: “Somos algo efímero y a veces parece que no hacemos falta, pero sí. Los artistas no siempre son tomados en cuenta; batallamos mucho para sobrevivir. Por eso, debe haber más conciencia sobre la importancia de las artes”.
Continúa: “cuando un artista entrega su obra, deja de ser nuestra y pasa a la responsabilidad pública. Se vuelve algo político, y ahí ya no nos corresponde. Los dirigentes son los que toman las decisiones” (dice respecto al descontento del paso exprés), “nosotros vemos desde lejos que cortan el cordoncito y ya; no nos vuelven invitar”.
Ahora, para la escultora la nueva ubicación de la escultura ecuestre en el Zócalo capitalino representa un reconocimiento al valor histórico de su obra. Esta develación, fue para la artista, un momento muy conmovedor: “Impresionante… fue muy impresionante para mí porque nunca nos habían dado tanta atención al artista. Es la primera vez que nos toman en cuenta de esta manera y se lo agradezco a la gobernadora. Es una persona que tiene mucha sensibilidad, mucha inteligencia y conocimiento. Eso le permitió tener el criterio para colocar la pieza en el lugar más conveniente para Cuernavaca y para Morelos”, se despide.

Estela Ubando cuenta con más de una docena de esculturas en México y Estados Unidos, además de placas gubernamentales y culturales, como las que marcan la ruta de Zapata; así como en murales en Vancouver, Canadá, y Massachusetts, Estados Unidos. En la actualidad, realiza un poco de pintura. Foto: Jazmin Aguilar
La escultura del zapata ecuestre, en el patio de la ahora “Tallera Siqueiros”. Foto: Cortesía

Arriba la escultura en su segunda ubicación en el Paso Exprés. Abajo, Estela Ubando modelando el bigote “bien torcido” del general Zapata. Foto: Cortesía
Carlos Kunte y Estala Ubando en su taller, trabajado en una escultura de Zapata de pie. Foto: Carlos Kunte hijo.
Los escultores modelando la espalda de zapata. Foto: Carlos Kunte hijo.
Miniatura del monumento a Emiliano Zapata. Entre los detalles destacan la fuerza y dinamismo del trote del caballo. Foto: Jazmin Aguilar
Escultura de Zapata de pie, descansando en el patio de la escultora; esperando ser colocado en alguna plaza. Foto: Jazmin Aguilar
Primer equipo de artistas de David Alfaro Siqueiros para pintar el mural más grande del mundo. Al centro Estela Ubando junto a Siqueiros, a tras de ellos, Carlos Kunte. Foto: Cortesía

Estela Ubando optó por la escultura, de manera predominante; mientras que su esposo Carlos Kunte por la pintura. Foto: Cortesía

La escultora ha elaborado piezas para instituciones culturales y gubernamentales de Morelos, Guerrero, Puebla, Tabasco, Estado de México, Coahuila y Ciudad de México. Foto: Cortesía
Águila de 4×5 m, escultura que se encuentra en Florida, E.U. Foto: Cortesía

Los escultores trabajando juntos en el taller de su casa. Foto: Cortesía

Miniatura de una escultura en Chinameca. “El relato cuenta que, Zapata le dijo a Otilio Montano ‘si no tienes miedo firma’, refiriéndose al plan de Ayala. Por eso le esta entregando una pluma”, cuenta la artista. Foto: Jazmin Aguilar
Aunque Ubaldo afirma que un artista no traza de forma consciente el rumbo de su obra, sus esculturas reflejan con fuerza grandes figuras del México revolucionario. Foto: Jazmin Aguilar




