
Canal Nacional: un balance a seis años de la restauración de 170 millones de pesos
Fernanda Isabel Lara Manríquez
Aproximadamente hasta el año 2020, varias vecinas y vecinos de las colonias y de los pueblos originarios de Ciudad de México que son ribereños del Canal Nacional organizaban limpias, recolección de basura y elaboración de pequeñas chinampas para las aves que frecuentemente visitan este último canal prehispánico, recordatorio de la vida lacustre de la Cuenca del Anáhuac.
Dicha organización hacía posible no solo la construcción de una conciencia hacia el medio ambiente, sino también de una conciencia histórica sobre los paraísos lacustres que ha perdido esta urbe para dar lugar a un modelo de urbanización y gentrificación que nos desplaza constantemente y que nos excluye del goce del espacio público natural. Ello restringe nuestros paseos de fin de semana a centros comerciales, incentivando así un modo de vida líquido, superfluo, consumista y alejado de lo más esencial y sublime, la vida misma.

Fotografía de Milton Martínez. Secretaría de Cultura. CDMX. Licencias Creative Commons. Canal Nacional antes de la intervención de 2020.
Sin embargo, este pequeño oasis -antes erigido como espacio de asociación para la acción colectiva, el fortalecimiento de los lazos comunitarios y punto de reunión de hermosas aves tales como diversas especies de patos, garzas, peces y tortugas- fue intervenido conforme al llamado “Proyecto integral y ejecución de obras de saneamiento del Canal Nacional”. Esta acción gubernamental fue encaminada por la ahora presidenta Claudia Sheinbaum durante su mandato como jefa de Gobierno de CDMX (2018-2024), dicha intervención tuvo un costo de 170 millones de pesos y estuvo a cargo del Consorcio Virgo y Construcciones Sarevich.

El proyecto “de saneamiento” estaba pensado en diferentes tramos hasta abarcar toda la extensión del Canal Nacional que llega a los embarcaderos de Xochimilco, pues este circuito prehispánico lacustre abarca además de esa alcaldía, las de Coyoacán e Iztapalapa. No obstante, debido a la oposición hacia el proyecto por parte de los pueblos originarios nunca se ejecutó en todos los tramos, sólo en el primero, que comprende desde avenida Río Churubusco a Calzada de la Viga, en esa área sólo hay colonias ribereñas más no pueblos y no hubo oposición. Dicho proyecto formó parte del Programa Ambiental y de Cambio Climático para la Ciudad de México (2019-2024).
El segundo tramo de “restauración” se planteó de Canal de la Viga a calle Nimes, pero nunca se realizaría pues la oposición de parte de los pueblos originarios ribereños al canal se hizo visible. En primer lugar, porque no fueron consultados como pueblos originarios, tal como es requerido mediante el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo ratificado a finales de los ochenta del siglo pasado. En este documento se estipula la obligación de consultar a pueblos originarios y comunidades indígenas sobre obras que transformen sus territorios y amenacen sus formas de vida. Otra irregularidad, esta consulta nunca se realizó. Los pueblos que debieron ser consultados eran San Francisco Culhuacán, Mexicaltzingo, San Andrés Tomatlán y Santa María Tomatlán.
En segundo lugar, la oposición versaba sobre la forma de las obras puesto que dañarían la organización comunitaria de limpias, desplazarían a la fauna existente (aves migratorias; entre otras), y modificarían el subsuelo del canal (de natural a cemento). Además, se percibía un posible daño del canal como patrimonio histórico, pues de acuerdo con diversas fuentes se trata del canal más antiguo de América, 2 000 años de antigüedad.
La negativa de los pueblos mencionados vino cuando ya iniciadas las obras, los trabajadores derramaron el agua estancada que habían retirado del tramo 1 en el tramo 2, éste último conservado hasta ese momento por varias asociaciones y por habitantes originarios de los pueblos ribereños. Esto ocasionó que todo el tramo 2 se ensuciara por completo y comenzarían las guardias que hacían los vecinos de esta área para evitar que ante cualquier descuido los trabajadores del gobierno capitalino dañaran el trabajo que por tantas décadas venían construyendo.
Poco a poco, en el camino de la lucha por la oposición a dicho proyecto las relaciones comunitarias se fueron rompiendo hasta el día de hoy, un momento en el que el tramo 1 de “saneamiento” se observa en peor estado en comparación a como se encontraba antes de la intervención encaminada por quien ahora ocupa la silla presidencial. Pero no sólo el tramo 1 se encuentra en peor estado, sino que perdió su subsuelo natural y fue modificado a cemento, además en el tramo 2 ya no hay organización comunitaria, el proyecto de intervención gubernamental la rompió en un ejercicio sin diálogo con los actores sociales locales.
Frecuentemente las acciones gubernamentales son encaminadas desde lo que se conoce como “los cuatro sublimes” en estudios geográficos urbanos, postulados por el geógrafo danés Bent Flyvbjerg (2014). El primer sublime es el tecnológico y radica en hacer obras visibles que se noten ante la población. El segundo es el político, acá los actores gubernamentales buscan construir monumentos para ellos mismos y para sus carreras políticas, así como conseguir mayor visibilidad. El tercero es el económico y se centra en la gente de negocios, para que puedan generar mucho dinero. Y, el cuarto sublime es el estético, aquí se obtiene placer mediante la construcción y diseño de lo grande, lo icónico y lo hermoso.
A cinco años del proyecto convendría repensar el uso de nuestros recursos públicos y el costo de los “cuatro sublimes” para los actores gubernamentales involucrados en dichas obras. En estos procesos no puedo evitar reflexionar ¿dónde queda el diálogo de los gobiernos con los actores locales? ¿un gobierno encaminado por una mujer debiera dejar de lado las prácticas de opresión patriarcales? ¿o como mujeres gobernamos bajo los mismos preceptos dictatoriales cumpliendo únicamente cuotas de género?

Captura de pantalla del desglose de costos presentado en la Declaratoria de Cumplimiento Ambiental. Gobierno de la CDMX y Secretaría del Medio Ambiente. Agosto de 2019.

