

La Jornada Morelos / DMC
Entre el 2020 y el 2025, en Morelos hubo casi 300 mil casos de depresión, lo que significa que al menos el 15% morelenses sufrió de tristeza persistente, pérdida de interés o placer en las actividades y dificultad por funcionar en la vida diaria por al menos dos semanas; un trastorno que, después de pérdidas múltiples que van desde las relaciones interpersonales hasta el severo daño económico, puede llevar a la muerte.
Los datos parten de estimaciones de la Secretaría de Salud y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, porque la mayor parte de quienes sufren depresión no busca ayuda profesional. Esto constituye uno de los mayores retos en el tratamiento del padecimiento que creció exponencialmente a partir de la pandemia por Covid-19 (2020-2021).
Un contexto literalmente deprimente
En Morelos, la depresión afecta más a mujeres adultas (19.5%) y los adultos mayores (35%), más alta que la media nacional. Pero también alcanza a la niñez y adolescencia, con tasas de hasta 15% de la población.
Más allá del lenguaje figurativo, parece haber una relación directa entre el contexto de Morelos y la depresión recurrente.

La mayor desigualdad económica y social está correlacionada con tasas elevadas de depresión; la población con mejores ingresos muestra una mayor incidencia de depresión y en Morelos más de la mitad de la población vive en situación de carencias y por lo menos cuatro de cada diez trabajadores padecen pobreza laboral; a ello se suma el limitado acceso a los servicios de salud y seguridad social que supera el 40% de la población.
Otro factor presente en el estado son la falta de certeza laboral. Morelos tiene una alta volatilidad en el empleo lo que genera no sólo problemas de incertidumbre sobre el futuro cercano, sino también el desapego de comunidades y redes de apoyo.
También influye en la depresión, de acuerdo con estudios del Instituto Nacional de Salud Pública, la falta de acceso a la alimentación y el agua.
Adicionalmente, la memoria de desastres recientes, como el sismo del 2017 y la pandemia por Covid-19, suelen provocar depresión.
Para las mujeres es peor, el arraigo de los roles de género “tradicionales”, el bajo nivel educativo, la constante victimización por violencias diversas, la falta de acceso a empleos de calidad, y una mayor expresión emocional, aumentan la vulnerabilidad de las morelenses al padecimiento que las suele afectar en prácticamente cualquier etapa de la vida adulta. Mientras que los hombres muestran mayores síntomas de depresión después de los 65 años por soledad.
Así, a pesar de sus bellos paisajes, su riqueza en tradiciones y su relevancia histórica, el ambiente en Morelos es un caldo de cultivo fértil para la depresión.
La depresión provoca múltiples males
La depresión afecta la esperanza de vida pues eleva la mortalidad por enfermedades crónicas, suicidios y violencia física. La tasa de homicidios en el estado es mayor en parte por el alto índice de depresión.
En términos económicos, la depresión provoca mayor ausentismo laboral y menor participación en el mercado de trabajo; reduce la productividad y prolonga ciclos de desempleo. Además, eleva los costos médicos por tratamientos.
También afecta las relaciones familiares generando mayor dependencia de los pacientes. Genera ciclos de soledad en ancianos y de vulnerabilidad a los jóvenes. Aumenta el consumo de sustancias y las conductas de riesgo que suelen asociarse con mayor violencia. Reduce la calidad de vida y con ello afecta al comercio y al turismo.
¿Cómo identificar la depresión?
La tristeza de uno o pocos días es normal y se considera una respuesta bastante sana a los estímulos negativos del ambiente, como la frustración o la pérdida. Pero se convierten en un problema que requiere atención cuando esta tristeza se combina con otros síntomas y se vuelve más duradera o recurrente.
Para la Organización Panamericana de la Salud, “la depresión es causada por una combinación de factores genéticos, biológicos, ambientales y psicológicos… No todas las personas con enfermedades depresivas experimentan los mismos síntomas. La gravedad, frecuencia y duración de los síntomas varían dependiendo de la persona y su enfermedad en particular”.
Se trata de “una enfermedad que se caracteriza por una tristeza persistente y por la pérdida de interés en las actividades con las que normalmente se disfruta, así como por la incapacidad para llevar a cabo las actividades cotidianas, durante al menos dos semanas”.
Y puede identificarse por la combinación de varios de estos síntomas: “pérdida de energía; cambios en el apetito; necesidad de dormir más o menos de lo normal; ansiedad; disminución de la concentración; indecisión; inquietud; sentimiento de inutilidad, culpabilidad o desesperanza; y pensamientos de autolesión o suicidio”.
El tratamiento tiene dos vías la terapia o intervención psicológica y la medicación antidepresiva, o alguna combinación de ambos métodos.
“La depresión es una condición comórbida frecuente que complica la búsqueda de ayuda y la adherencia al tratamiento y afecta el pronóstico. Existe evidencia de que la depresión predispone al ataque cardíaco y la diabetes, lo que a su vez aumenta la probabilidad de padecer depresión. Muchos factores de riesgo, como el bajo nivel socioeconómico, el consumo de alcohol y el estrés son comunes a los trastornos mentales y a otras enfermedades no transmisibles”, explica la OPS.
Ok, lo tengo, ¿qué hago ahora?
Si has sentido que los párrafos anteriores te reflejan o a alguien de tu familia es importante solicitar ayuda profesional. Hablar con tu médico de cabecera o acudir a un Centro de Salud es el punto de partida.
La OPS también sugiere:
- Recuerde que puede sentirse mejor si recibe la ayuda adecuada.
- Siga realizando las actividades que le gustaban cuando se encontraba bien.
- No se aísle. Mantenga el contacto con familiares y amigos.
- Haga ejercicio regularmente, aunque se trate de un pequeño paseo.
- Mantenga hábitos regulares de alimentación y sueño.
- Acepte que puede tener depresión y ajuste sus expectativas. Tal vez no pueda llevar a cabo todo lo que solía hacer.
- Evite o limite la ingesta de alcohol y absténgase de consumir drogas ilícitas, ya que estos productos pueden empeorar la depresión.
- Si tiene pensamientos suicidas, pida ayuda a alguien inmediatamente.
Un día para hacer conciencia del trastorno
El 13 de enero de cada año se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, con el fin de sensibilizar sobre este trastorno mental que afecta a millones de personas en todo el mundo.
El Gobierno de México reconoce que “la depresión, más que un simple estado de tristeza es una condición seria que puede influir profundamente en la vida diaria, las relaciones y la salud general”.
“El objetivo de este día es promover el diálogo abierto sobre la salud mental, reducir el estigma asociado a la enfermedad y fomentar el acceso a apoyo profesional y redes de acompañamiento. Se destaca la importancia de la detección temprana, la atención médica adecuada y el apoyo emocional, factores esenciales para una recuperación efectiva”, advierte.
Para este día, sugerimos empezar por uno mismo y por la familia, compartir esta información, estar atento al bienestar emocional del núcleo familiar y de quienes nos rodean y buscar atención especializada en caso necesario.

