

En septiembre de 2015 todos los países del mundo, incluido México, firmaron la Agenda 2030, comprometiéndose a alcanzar en un periodo de 15 años los 17 objetivos acordados de manera conjunta, que abarcan desde la erradicación de la pobreza y la educación de calidad, hasta la acción por el clima y las alianzas globales. Este fue el tema que abordó la Dra. Julia Tagüeña Parga, investigadora del Instituto de Energías Renovables de la UNAM, Durante su charla sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y su vínculo con la ciencia, la energía y la igualdad de género; en el marco del Segundo Encuentro Docente de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, celebrado el pasado viernes en el campus Chamilpa.
El impacto global de la Igualdad de Género
Tagüeña señaló el ODS número 5, que se enfoca directamente en la igualdad de género, este principio, expuso, atraviesa de manera transversal todos los objetivos, pues “sin la participación plena de las mujeres no es posible hablar de desarrollo sostenible”. En este sentido, destacó la importancia de abrir espacios para que niñas y jóvenes opten por carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), donde la representación femenina sigue siendo reducida: “si vemos los datos del Sistema Nacional de investigadores e investigadoras aproximadamente el 37% del sistema somos mujeres, es decir no hay una paridad, y luego si lo ves en las diferentes disciplinas como en física, somos como el 23%. Son carreras todavía consideradas muy masculinas”, “esto nos indica que un gran potencial de mentes brillantes (casi la mitad de la población mundial), que podrían dar solución a las problemáticas globales actuales, no tienen acceso a la educación, a la igualdad de género”. Esa es la realidad de muchas niñas y mujeres, comentó.
La investigadora también recordó que, en la misma reunión donde se definieron los ODS, se estableció que el 11 de febrero sería el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, como un reconocimiento a la necesidad de su participación en los procesos de innovación y conocimiento. Asimismo, compartió su experiencia en el Instituto de Energías Renovables de la UNAM, desde donde ha impulsado la discusión sobre la “brújula de la sustentabilidad”, un esquema que vincula recursos naturales, economía, sociedad e instituciones para comprender la complejidad de los retos globales.
La complejidad y retos de los ODS
Tagüeña explicó que el desarrollo sostenible es, en sí mismo, un fenómeno complejo, y para entenderlo es necesario recurrir a las llamadas ciencias de la complejidad, disciplina que estudia sistemas interconectados y fenómenos no lineales. “La sustentabilidad no puede entenderse de manera aislada, los objetivos ambientales, sociales, económicos y de gobernanza están profundamente vinculados entre sí”, precisó, ejemplificando cómo el acceso a energía, alimentos o agua no puede separarse de la reducción de desigualdades, la salud pública o la estabilidad institucional.

Enfatizó que los ODS deben analizarse en su interconexión, pues cada acción puede generar consecuencias en otras áreas. “Si buscamos erradicar el hambre mediante una mayor producción agrícola, al mismo tiempo incrementamos el consumo de agua, lo que afecta directamente al objetivo de cuidado de este recurso”, señaló al ejemplificar la complejidad de estas metas globales.
La investigadora compartió también los resultados de un trabajo desarrollado junto con colegas del Centro de Ciencias de la Complejidad y del Instituto de Física, así como con investigadores de Argentina y Finlandia, en el que aplicaron métodos de aprendizaje de máquina (basada en IA, no generativa, sino de “aprendizaje”) para analizar los avances mundiales en los ODS. El estudio, publicado en la revista PLOS One, concluyó que ningún país alcanzará plenamente los compromisos de la Agenda 2030. “No se trata de una predicción, sino de una extrapolación matemática que nos obliga a tomar decisiones urgentes y a involucrarnos todos en ellas.”
El artículo, que ha tenido una amplia repercusión internacional, agrupa a los países en bloques con características socioeconómicas y culturales similares, mostrando que mientras África central enfrenta los mayores rezagos, en América Latina el desafío central es la reducción de las desigualdades, particularmente la social. “En México el mayor número de personas pobres, son mujeres”, señaló.
La respuesta es la educación. La llave: la docencia
En la parte final de su exposición, la Dra. Julia Tagüeña, con un tono más reflexivo, retomó el mensaje del astrónomo Carl Sagan y la emblemática imagen del “punto azul pálido”, recordando que el planeta es nuestro único hogar y que cuidarlo es una tarea inaplazable. Al mismo tiempo, llamó a no ignorar el papel de la inteligencia artificial, tecnología que, usada con criterio, puede convertirse en una herramienta valiosa para la educación y la ciencia.
Finalmente, dirigió un mensaje directo a las y los docentes reunidos en el encuentro, a quienes reconoció como agentes fundamentales en la transformación social. “Educar es el acto más revolucionario que existe; porque implica transformar a niñas y niños en ciudadanos con criterio para construir el futuro. Ustedes no solo transmiten datos, sino que enseñan a pensar”, concluyó felicitando con cariño a la comunidad universitaria y reconociendo que su trabajo es indispensable para que los ODS puedan discutirse, promoverse y llevarse a la práctica para el futuro de la humanidad.
La Dra. Julia Tagüeña Parga, investigadora emérita del Instituto de Energías Renovables de la UNAM. Foto: Jazmin Aguilar

