
La tierra no ha vuelto
José Tamayo*
La casa ejidal no es muy grande. Una oficina amplia con tres escritorios y un cuarto extra de bodega; dos oficinas, y un par de baños con un tanque lleno de agua de lluvia. Al fondo, el salón amplio con un mural del rostro de Zapata, tractores, tierra sembrada y demás lugares comunes. Al lado, la pintura de otro Zapata sobre un lienzo recostado en la pared. Mientras, la asamblea no comenzaba. Son seis hombres y seis mujeres quienes integran la autoridad ejidal. Compraron tacos de chivo para almorzar. Su espera se diluía entre bromas aleatorias. Los temas por tratar estaban preparados por la comisariada H, que no eran demasiados, pero sí de controversia. La gente llegó poco a poco; la comisariada dio la indicación de pasar al salón, junto con las autoridades del Ingenio y los ejidatarios asistentes, de entre ellos sólo seis mujeres. Pasadas las diez, la reunión empezó. La comisariada H, la primera mujer en ocupar dicho cargo, otorgó la palabra al personal del Ingenio, quienes informaron las fechas de las preliquidaciones y liquidaciones a los productores de caña. Más tarde, dos mujeres representando una aseguradora, mostraron sus planes de crédito, ya que, a pesar de pagar varias cuotas al Ingenio, no se cubren todas las necesidades. La tierra es hipotecada aún en estos tiempos. Mientras las trabajadoras exponían, fueron interrumpidas por ejidatarios y autoridades del Ingenio. Al verse contrariada, una de ellas tomó la palabra casi a la fuerza. Ya asolas con los ejidatarios, la comisariada H abordó un tema que causó controversia: la posibilidad de desviar las aguas negras de un municipio vecino al río del pueblo. La comisariada H se negaba a realizar el desvío; aun así, un par de ejidatarios reaccionaron mal. Ellos insistían en la contaminación que traería las aguas residuales. Sitiaban la voz con sus alegatos. Un compañero de H, sentado a un costado de ella, intervino y calmó los ánimos. Entre un tumulto de opiniones, participaron dos de las seis ejidatarias, aunque la voz masculina imperaba. Al finalizar, el acuerdo fue impedir la contaminación del río. De último, H compartió la llegada de un programa estatal para que las ejidatarias y las esposas de los ejidatarios escribieran su vida en un libro. Un método más del Estado para congraciarse con las filas feministas. La asamblea terminó en alegatos y conflictos al parecer, interminables. Con todo, me di cuenta de ciertas intenciones de generar igualdad de género, acorde la narrativa del gobierno vigente. No sé si ese sea el camino. Todo esto pasó entre las miradas de los dos Zapatas, él del mural y él del lienzo. Decía aquel mítico personaje: La tierra volverá a quien la trabajan con sus manos. Estamos en la tercera década del siglo XXI y la tierra no ha vuelto por completo.
*Laboratorio Contra/Narrativas (CIIHu-UAEM)

Fotografía cortesía del autor.

