Gabriel Hernández – Bringas Ortiz

Hace unos días tuve la ingrata sorpresa de descubrir qué ven los jóvenes y niños en redes sociales, y nunca antes había sentido tanto dolor. Los “shitposts italianos” son una serie de videos hechos con inteligencia artificial que muestran personajes ridículos (como un tiburón usando tenis de basketball) acompañados de una “narración” (también generada por inteligencia artificial) que consiste en un diálogo “italiano” incoherente, muchas veces inventando sonidos que suenan vagamente como palabras en italiano.

Claro, el internet siempre ha sido hogar de humor ridículo y absurdo, y eso no es nuevo ni necesariamente malo. Pero antes, aunque no lo disfrutara, podía entenderlo como algo creado por un humano, muchas veces con mucho esfuerzo y con habilidades únicas. Incluso podría considerarse una continuación de movimientos artísticos basados en el absurdo. Sin embargo, crearlo con inteligencia artificial le arrebata toda la humanidad que podría tener. La cultura está muerta porque ya no hacemos arte, hacemos contenido.

Esos videos generados por inteligencia artificial no están hechos para ser buenos, graciosos o para criticar lo que la sociedad considera absurdo. Están hechos para ganar vistas y, por ende, dinero. Cuando YouTubers hacen un video “regalándole 10 millones de dólares a un niño ciego” o alguna estupidez similar, no lo hacen por altruismo genuino, ni para crear un show divertido o satisfacer a su audiencia. Lo hacen porque el título llama la atención, y que alguien disfrute el video es secundario frente a que hicieron clic en él.

Todo esto no es exclusivo del internet ni una condena a las nuevas generaciones; no es su culpa. Crecieron con acceso constante a contenido y sus cerebros son adictos al ciclo de dopamina rápida. Además, no es algo exclusivo del internet ni del contenido creado con inteligencia artificial; es la culminación lógica de la creación de contenido bajo el capitalismo. Siempre se quiere la mayor cantidad de vistas con el menor gasto posible. Siempre se busca que la audiencia piense lo menos posible para seguir consumiendo más contenido.

En otras palabras, si ya pagaste a alguien para que escriba y anime El Rey León y millones de personas se enamoraron de esa película, ¿por qué no volverla a hacer? Claro, esta vez extrayendo cada mililitro de creatividad porque si la vuelves a animar sería muy similar a lo que ya vieron. Tiene que parecer novedoso, tienes que hacer gráficos por computadora fotorrealistas, porque entonces la calidad artística de la película es secundaria: mira nada más qué bien se ve. Claro, ahora el diseño de personajes, la composición de cuadro y el lenguaje visual dejan de ser coherentes con la historia que estás contando, pero eso no importa a una audiencia que ya escuchó esta historia mil veces.

¿Por qué pagarles a artistas para que animen y escriban buenas películas cuando puedo reciclar los guiones que ya tengo y pagarles a equipos de CGI (gráficos generados por computadora) para hacer la película? Un bonus es que la mayoría de animadores están protegidos por sindicatos, mientras que los equipos de CGI no lo están, por lo que los estudios son mucho más libres de explotarlos. ¿Por qué crear arte cuando el contenido gana más dinero?

No sé si tú, lector, sepas esto, pero los mil remakes que Disney hace no los hace porque quieran revivir “la magia de sus clásicos”. Lo hacen, como todo, por razones económicas. Pero tampoco es tan simple como “la nostalgia vende”: es porque los escritores y animadores tienen derechos laborales, mientras que los diseñadores digitales no. Al reciclar un guion y hacer la película de manera enteramente digital, pueden saltarse a esos artistas que quieren ser compensados justamente por su trabajo. ¿Cómo se atreven a querer reconocimiento por su labor creativa?

Y al final, mientras el estudio gane más dinero del que gasta, no importa si la película es buena o si a la gente le interesa. Puedes sacarla directo a streaming y será un número más que ayuda a que tu catálogo sea mejor que el de la competencia.

La Jornada Morelos