

Por Gonzalo Lira Galván
Cuando Sony Pictures Animation anunció una película sobre una banda de chicas del K-pop que también cazaban demonios, muchos pensaron que sería un experimento menor. Sin embargo, K-Pop Demon Hunters, estrenada el 20 de junio de 2025 en Netflix, terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos culturales más grandes del año. La cinta, que combina acción sobrenatural con humor y coreografías musicales se apoya en la estética brillante del pop coreano, que año con año se ha hecho de fandoms que crecen alrededor del mundo sin control. Pero la peculiaridad de K-Pop Demon Hunters no se detiene en aquellas personas aficionadas a la música corean, pues el fenómeno ha conquistado tanto a los fanáticos del K-pop como al público general.
Desarrollada por Sony Animation, la casa productora de éxitos como la ganadora del premio Oscar Spiderman: Into the Spiderverse, la historia de K-Pop Demon Hunters sigue a Huntr/X, un trío femenino compuesto por Rumi, Mira y Zoey. Interpretadas por Audrey Nuna, EJAE y Rei Ami las integrantes de Hunter/X son superestrellas del pop durante el día; pero de noche se erigen como guerreras que luchan contra demonios infiltrados en el mundo del espectáculo.
Su mayor amenaza llega con los Saja Boys, una boy-band rival al estilo de BTS y otras populares agrupaciones del género, cuyos miembros en realidad provienen del inframundo. Es así que la batalla por los escenarios se convierte en una guerra espiritual por mantener el equilibrio entre ambos mundos, mientras en el centro del conflicto se encuentra el Honmoon, una barrera mágica que protege a la humanidad y debe permanecer “dorada” para conservar la armonía. En el universo de K-Pop Demon Hunters, romper esta barrera significa abrir las puertas del caos.
Explicar la trama de K-Pop Demon Hunters se antoja como un ejercicio más complicado de lo que realmente es entender la película, pensada para una audiencia joven. Lo relevante de la película, al igual que de la cultura que rodea el K-Pop como fenómeno cultural y musical, es su capacidad de dar cabida a audiencias masivas.

Cómo ocurría con las agrupaciones juveniles de los años ’90 y principios de milenio, el K-Pop se caracteriza por el ensamble coral que forman sus miembros. En Estados Unidos eran los Backstreet Boys o N’Sync en la rama varonil, en Gran Bretaña existió Take That -de donde surgió Robbie Williams- o la irlandesa Westlife, mientras que la rama varonil también tuvo su apogeo, siendo las Spice Girls de Inglaterra quizá las más populares.
En estos grupos, cada integrante representaba un arquetipo de las juventudes de momento. Algo que reproduce el K-Pop, en donde la cantidad de integrantes suele ser mayor a las agrupaciones anglosajonas, abriendo el abanico de posibilidades para que las audiencias se identifiquen con algún miembro. Es en esta diversidad que radica el poder y el atractivo para el público o juvenil, que desde The Beatles ha buscado en el escenario un apoyo en la construcción de identidad.
“La película es muy honesta respecto a cómo existe un lado bueno y un lado malo en todas las personas”, explica EJAE la vocalista principal y protagonista de la historia. “Nos confronta con la idea de aceptar que ha un demonio viviendo dentro de cada quien. Porque todos tenemos nuestros lados malos. Aceptar ese lado y ser empáticos con ello también es parte de crecer y ser humanos”, explica.
Y es que más allá de su argumento fantástico, K-Pop Demon Hunters se distingue por su fusión de referencias culturales. Su directora —la coreano-estadounidense Maggie Kang— explicó que la idea era combinar la energía visual del K-pop con elementos tradicionales de la espiritualidad coreana, como las mudang, sacerdotisas chamánicas que canalizan espíritus mediante canto y danza. Pero lo cultural no solo involucra el imaginario y misticismo, sino también los usos y costumbres de la cotidianidad coreana.
“En la cultura coreana el perfeccionismo y la vergüenza son elementos que pesan mucho en la gente joven”, continúa EJAE. “Porque no queremos cargar a las demás personas de nuestras dificultades, entonces solemos esconderlas. Hay una dualidad extraña. Para agradarnos solemos ocultar lo que nos duele. Es es muy tóxico. Y esta película nos demuestra que muchas veces para sobrellevar un momento difícil lo mejor es pedir ayuda a los demás”.
El resultado es un espectáculo visual que alterna neones, escenarios futuristas y símbolos mitológicos, con un diseño de personajes que recuerda tanto a las estrellas de la música coreana como a los héroes del anime. Pero sobre todo, un ejercicio de empatía que le recuerda al espectador la importancia de aceptarse de la misma forma que aceptamos al prójimo, sin juicios.
“Algo que me parece muy valioso es la representación que se hace de las mujeres en general, pero también de las mujeres coreanas en lo específico”, agrega la rapera Audrey Nuna. “Se nos representa como personajes complejos que van más allá del arquetipo que la sociedad nos exige ser. Es muy importante como nos muestra la complejidad de quiénes podemos ser dependiendo del lugar del que vengamos. Son chicas que no intentan ser perfectas todo el tiempo, hacen caras feas y se divierten, sin dejar de lado su gusto por verse bien y ser glamorosas. Eso las hace mujeres hermosas, y son esas diferentes capas las que yo hubiera querido ver de las mujeres en pantalla cuando era una pequeña de siete años”, concluye.
El hecho de que en K-Pop Demon Hunters la banda sonora sea un éxito en sí misma no es una casualidad. El tema principal, “Golden”, interpretado por este grupo ficticio llamado Huntr/x, llegó al número uno del Billboard Global 200. Escrita y producida por artistas reales del panorama K-pop y R&B, la canción condensa el espíritu de la película: empoderamiento, amistad y la idea de que incluso en la oscuridad hay belleza.
“Me gusta mucho que gran parte de la música esté cantada en coreano. Lo mismo sucede con una fracción de los diálogos originales”, cuenta Rei Ami. “Y es que aunque eso es algo común en el K-Pop, representa mucho verlo trasladado en un éxito global como esta película. Hay muchas ideas que se pierden en la traducción del coreano a otros idiomas. Son conceptos bellísimos que solo pueden expresarse a través de nuestra lengua, que es hermosa y está llena de matices que solo puedes entender si hablas el idioma», continúa la cantante y actriz. “Me llena de orgullo ver que esta película eleva el hermoso idioma de mi país y ver niñas de cinco años cantando las canciones es algo sin precedentes. Me siento muy orgullosa de mi idioma, mi gente y mis antepasados. Pero sobre todo me siento agradecida con mis padres, quienes aún fuera de Corea insistían en que siguiera estudiando el idioma.”
En pocas semanas, K-Pop Demon Hunters se convirtió en la película más vista en la historia de Netflix, superando marcas previas de títulos como Nimona y The Mitchells vs. the Machines. En pocos meses el éxito ha sido tal que ya existe una versión especial tipo sing-along que llegó a las salas —en la que el público puede cantar las canciones durante la proyección—, un formato que agotó funciones en cines de varios países de Asia y América Latina.
Esa dimensión emocional, unida al dinamismo visual y a su potente mensaje de sororidad, ha hecho de K-Pop Demon Hunters una de las sorpresas cinematográficas más vibrantes del año y un testimonio de la relevancia de la representación de cualquier cultura en la pantalla. Dignificar nuestras diferencias no está peleado con el éxito. El peor demonio es cerrar los ojos a lo que nos hace diferentes y estas guerreras del K-Pop lo han dejado más claro que nunca.

Imagen: Netflix

Imagen: Netflix

Imagen: Netflix

