

*Por encarar riesgos sísmicos, hidrológicos y volcánicos, el estado debe evaluar cualquier nuevo asentamiento humano
*Las ciudades deben integrar a quienes llegan desplazados por pobreza, cambio climático o por violencia: UNESCO
*El Plan Estatal de Desarrollo 2025-2030 contempla acciones de ordenamiento territorial y atención al tejido social
¿Dónde habitarán las personas que vivan en Morelos dentro de 50 ó 100 años?¿Cómo serán sus hogares, sus vecinos y su comunidad completa? Para que esas viviendas sean lugares seguros, accesibles y con buenas condiciones sanitarias, es necesario trabajar desde el tiempo presente en dos grandes áreas: el diagnóstico de las características físicas del territorio y el desarrollo de condiciones de convivencia y justicia para los habitantes. Así lo recomienda la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y así está descrito en diferentes capítulos del Plan Estatal de Desarrollo 2025-2030.
No se puede construir un hogar sin suelo firme, sin acceso a agua limpia y sin materiales resistentes para elaborar refugios. Esos elementos “no vivos” forman parte de la geodiversidad. De manera similar, no se pueden crear ciudades habitables si no se generan servicios públicos, normas de convivencia y oportunidades para que las personas puedan contar con trabajos y viviendas. Estos otros elementos sociales integran lo que se conoce como hábitat.
Este 6 de octubre de 2025, casi 200 países conmemorarán el Día Internacional de la Geodiversidad y el Día Mundial del Hábitat, por invitación de la UNESCO. El objetivo de esa celebración es estimular la reflexión pública sobre dos pilares fundamentales para la supervivencia humana, que generalmente se vuelven invisibles.

Pueblos enteros han desaparecido porque fueron construidos en lugares donde la geología no lo recomendaba; como la comunidad colombiana Armero, sepultada en 1985 por un alud de lodo que buscaba llegar al río Lagunilla. Otro ejemplo fue la ciudad de Port Royal, en Jamaica, construida sobre una barra de arena y que se “tragó la tierra”, en el sismo de 1692; o la ciudad romana de Pompeya, sepultada por las cenizas del volcán Vesubio, el año 79 después de Cristo. En todos esos casos, el asentamiento humano no consideró la geodiversidad.
Del mismo modo, hoy sabemos que pueblos enteros han desaparecido porque crearon ciudades exitosas que después crecieron desordenadamente hasta engendrar círculos de pobreza, enfermedades, desorden y, finalmente, rebeliones internas que quemaron la urbe. Así pasó en Roma, el año 476 después de Cristo y también en Xochicalco, el año 1100. En esos ejemplos lo que se descuidó fue la formación de hábitat.
En Morelos, la planeación de los hogares del futuro y el cuidado de los hogares del presente son responsabilidad del gobierno estatal y de los gobiernos municipales. En ambas tareas, se requiere tener conciencia de que éste es un territorio expuesto a riesgos sísmicos, hidrológicos y volcánicos.
La misma planeación exige comprender que esta entidad es receptora de migrantes, por diferentes causas, lo que se refleja en el hecho de que Morelos duplicó su población en 50 años y que cada fin de semana recibe casi medio millón de visitantes. Estos datos ilustran por qué el ordenamiento territorial y la planeación de los hogares del futuro son tareas de gran responsabilidad.
Geodiversidad
La Geodiversidad está integrada por todos los elementos “no vivos” que están presentes en un territorio, como el suelo y sus nutrientes, el agua y sus cauces, las montañas y los yacimientos minerales, el clima y sus estaciones. Todos juntos pueden determinar el éxito o fracaso de una civilización, en un lugar específico del planeta. Para la celebración 2025 del Día Internacional de la Geodiversidad, la UNESCO ha propuesto reflexionar en el tema “Una Tierra, muchas historias”. Por medio de este planteamiento, el organismo multilateral invita a pensar en que los elementos no vivos del planeta son, en realidad, la base y sostén de todas las formas de vida, por lo que no se les debe explotar, contaminar y erosionar, si no se quiere padecer consecuencias devastadoras para los ecosistemas y la humanidad.
Trasladado al ámbito estatal, el Día Internacional de la Geodiversidad invita a pensar en el suelo que sostiene a Morelos, así como en las características geológicas que influyen y condicionan las formas de vida y asentamientos humanos en este territorio.
Morelos está ubicado en la región central de México y se caracteriza por su diversidad geográfica, haciéndolo susceptible a diversas amenazas naturales que afectan a su población, infraestructura y economía, como detalla el Plan Estatal de Desarrollo 2025-2030, del actual gobierno.
“Entre las principales amenazas naturales en Morelos se encuentran los sismos, debido a que el Estado se encuentra dentro de una zona de alta sismicidad (zona C) conforme al Capítulo de Diseño Sísmico del Manual de Diseño de Obras Civiles (CDS-MDOC) de la Comisión Federal de Electricidad. Teniendo como antecedente claro el evento sísmico del 2017 cuya magnitud fue de 7.1 grados Richter, ocurrido a las 13:14:40 horas, el cual provocó daño a todo tipo de estructuras: edificios habitacionales e industriales, puentes, carreteras, escuelas, iglesias y monumentos históricos, de concreto, acero o mampostería”, como se lee en la página 90 del PED.
Estas características geológicas no deben inhibir, sino ordenar los asentamientos humanos, así como materiales, técnicas constructivas y procesos de producción, respuesta a emergencias y protección civil. Otros dos fenómenos geológicos clave que inciden en la planeación de posibles asentamientos habitacionales y zonas productivas son las interacciones con el agua y los riesgos volcánicos. Ambas son condiciones que existen desde hace millones de años; incluso antes de que la humanidad pisara estas tierras.
“Las inundaciones y deslizamientos de tierra son fenómenos recurrentes en la temporada de lluvias, especialmente por las principales corrientes en la entidad que son los ríos Amacuzac, Cuautla, Yautepec, Apatlaco, Tembembe, Chalma, Salado, El Sabino-Colotepec, Tejaltepec, Tepalcingo, Grande y Agua Dulce”, informa el gobierno estatal, a través del PED 2025-20230. Después señala cómo la actividad humana puede acrecentar o reducir esas amenazas: “La deforestación, el crecimiento urbano no planificado y el cambio en los patrones de precipitación, aumentan la frecuencia e intensidad de estos eventos”, dice el análisis en su página 91.
Otra variable que se debe considerar en todo trabajo de planeación es el riesgo volcánico asociado al Popocatépetl, el segundo de los volcanes más activos de México y representa una amenaza constante. Sus emisiones de ceniza y flujos piroclásticos afectan tanto a comunidades cercanas como a las actividades agrícolas y económicas de la región.
Entender la geodiversidad de Morelos no es una invitación para detener el crecimiento de poblaciones; es información valiosa para que los hogares del futuro consideren e integren planes de respuesta ante posibles fenómenos extremos de la plataforma de soporte sobre la que se construye toda sociedad. Las montañas o topografía, los suelos, la hidrología o ríos y lagos, no son solo escenarios, sino los proveedores directos de los recursos que permiten la existencia de un pueblo o una ciudad. La historia demuestra que no hay asentamiento humano duradero, y por lo tanto, no hay hábitat digno, sin recursos geológicos básicos como agua, suelos fértiles y materiales de construcción.
Hábitat
En 1985 la Organización de Naciones Unidas (ONU) designó el primer lunes de octubre de cada año como el Día Mundial del Hábitat con el objetivo de reflexionar sobre el estado de la estructura de nuestros pueblos y ciudades y el derecho básico de todos a una vivienda adecuada.
Los hogares no son esferas cerradas que no necesitan de nada de lo que les rodea. Cada vivienda es parte de un tejido, junto con otras viviendas y junto con la naturaleza y geología que la sostiene. Es por ello que cuando se invita a pensar en el hábitat se hace con el deseo de que las personas piensen en los lazos invisibles que existen en todo grupo humano con su entorno personal, animal, vegetal y mineral. Los asentamientos humanos que crecen con desorden o con desigualdades graves, terminan por colapsar. Es por ello necesario el ordenamiento territorial.
Uno de los fenómenos que modifica a todo hábitat es la llegada de nuevas personas, migrantes de otras regiones, quienes buscan en las ciudades o pueblos las oportunidades y refugio que no tuvieron en sus lugares de origen. El fenómeno es tan importante y serio que para el año 2025, el Día Mundial del Hábitat eligió como tema central la frase Soluciones urbanas a las crisis, porque se reconoce que muchas de las personas que han sido desplazadas por pobreza, violencia o fenómenos climáticos o geológicos llegan a las ciudades y sufren muchas dificultades antes de integrarse al tejido social.
“Cada vez un número mayor de personas se ven obligadas a abandonar sus hogares por crisis como conflictos, inestabilidad política, cambio climático y dificultades económicas”, afirma la UNESCO en su carta de explicación de la conmemoración de este año. “Un récord de 122 millones de personas es desplazado por la fuerza. En un mundo cada vez más urbanizado, el desplazamiento se está convirtiendo en un fenómeno urbano. Más del 60% de los desplazados internos, refugiados y migrantes buscan refugio en las ciudades, lo que ejerce presión sobre los sistemas locales. Esto está acelerando el crecimiento urbano al tiempo que cambia los territorios de manera significativa”.
Esta tendencia migratoria, que ocurre entre países, pero también al interior de los países, hace que la respuesta a la crisis y el desplazamiento urbanos sean un enfoque oportuno para el Día Mundial del Hábitat. “El día destacará soluciones sostenibles, escalables y transformadoras para el desplazamiento urbano que ayudan a estabilizar las poblaciones al tiempo que promueven la prosperidad y fomentan la cohesión social para todos”, agrega la UNESCO.
En Morelos, las migraciones por crisis de diferentes causas se suman a una dinámica demográfica que ya tiene muchas décadas en marcha: la migración hacia este estado desde la Ciudad de México, Guerrero, Puebla y Estado de México, y la migración interna desde el campo hacia las ciudades. Todo esto exige un ordenamiento territorial que poco a poco intentan tejer el gobierno estatal y los gobiernos municipales, pero que todavía es una tarea inacabada.
“El crecimiento demográfico de las zonas metropolitanas derivado de la migración, impacta principalmente a los municipios de Cuernavaca, Jiutepec, Cuautla, Temixco y Emiliano Zapata, seguido por Yautepec, Ayala, Xochitepec, Jojutla y Yecapixtla, esto obedece a que son las zonas de mayor concentración de equipamiento e infraestructura”, explica el Plan Estatal de Desarrollo 2025-2030, en su apartado sobre Ordenación Territorial. “Si bien existen instrumentos de ordenación territorial, estos no son vinculantes y carecen de alineación con la legislación federal vigente en materia de asentamientos humanos, ordenamiento territorial y desarrollo urbano. De manera similar, a nivel estatal y municipal, resulta urgente lograr la armonización de los instrumentos de planeación urbana con los criterios de ordenamiento ecológico, con el fin de frenar la expansión de la estructura urbana en zonas periféricas, de riesgo, de protección o no aptas para asentamientos humanos”.
Según este documento estatal, de los 36 municipios que conforman a Morelos, el 92 por ciento dispone de Programas de Desarrollo Urbano o de Centros de Población, mientras que solo el 36 por ciento cuenta con Atlas de Riesgo. Entre todos esos planes y documentos, el 80 por ciento necesita ser actualizado.
Si se vuelven a plantear las dos preguntas iniciales de este texto se cobra conciencia de que el trabajo que se haga o deje de hacer en el presente tendrá efectos profundos para millones de personas en el futuro: ¿Dónde habitarán las personas que vivan en Morelos dentro de 50 ó 100 años? ¿Cómo serán sus hogares, sus vecinos y su comunidad completa?
La geodiversidad y el hábitat están fatalmente ligados: si no entendemos cómo funciona el planeta, seremos incapaces de construir ciudades que existan muchos años, lo que inevitablemente creará grupos humanos desplazados y marginados. Si una idea puede alojarse este 6 de octubre en nuestras mentes, es que el día de hoy estamos construyendo los hogares de las mujeres y hombres del futuro.

Morelos está ubicado en un territorio con amplia biodiversidad geológica que soporta diferentes formas de vida.

El proceso de urbanización del estado se aceleró desde fines del siglo XX. La mayoría morelense ya vive en ciudades.

Aunque la mayoría de los municipios de la entidad tienen programas de ordenamiento territorial, el 80% debe ser actualizado.

La viabilidad futura de los poblados morelenses depende de cuidar el suelo, flora y fauna.

Los nuevos asentamientos humanos buscan proveer servicios y valor a sus viviendas.

La generación de tejido social es la base de lo que la ONU y la UNESCO reconocen como hábitat.

La combinación de geodiversidad y hábitat permite planear asentamientos humanos que duren siglos.

Las ciudades serán los espacios donde la humanidad deberá resolver los retos de formar hogares y comunidades saludables.

