Igual que el cuidado de la naturaleza, la educación ambiental es un asunto relativamente nuevo en la cultura urbana occidental.

La conciencia para convivir con la naturaleza ha sido una constante en prácticamente todas las culturas humanas, excepto en la que ha dominado el desarrollo: el Occidente judeocristiano. Casi un milenio después de establecer su dominio en el mundo, y más de dos siglos después de iniciada la revolución industrial, la gente de los núcleos urbanos empezó a considerar que de alguna manera era importante proteger a la naturaleza.

Porque las culturas suelen ser bastante necias, y la occidental mucho más, aún con los descubrimientos de Eunice Foote (1850) y Svante Arrhenius (1896) sobre el efecto de calentamiento que tiene el dióxido de carbono, hasta 1975 la comunidad científica empezó a hablar del cambio climático. En paralelo, películas apocalípticas preveían los riesgos de la contaminación y el crecimiento poblacional, motivando a la academia a hacer algo.

En la Conferencia de Estocolmo de 1972, la Organización de las Naciones Unidas reconoció el grave efecto de la acción humana sobre el medio ambiente, inició el diálogo sobre el impacto del desarrollo económico en la naturaleza, y reconoció a la educación como fundamental para la sostenibilidad y la supervivencia.

México llegó un poco tarde a la cita con la educación ambiental. En el país se empezó a hablar con seriedad del tema hace unos 50 años y los contenidos se centraban en el cuidado del agua, la separación de desperdicios y el cuidado del medio ambiente como parte de los contenidos de Ciencias Naturales.

La Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente de 1988 formalizó la educación ambiental; el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, de 1992, permitió la elaboración de los primeros programas pilotos de educación ambiental;: y en el 2012 se aprobó la Ley General de Educación Ambiental que obliga a la transversalidad de los contenidos en materia ambiental y a desarrollar iniciativas escolares y comunitarias para el cuidado de la biodiversidad y del agua.

¿Y los resultados?

Como en todos los procesos educativos, los resultados de la educación ambiental son bastante disímbolos. En las mediciones hechas por especialistas se ha dado cuenta de mejoras sustanciales en el conocimiento sobre el manejo de residuos y en el desarrollo de una conciencia ambiental, aunque, en paralelo parece haberse acelerado la destrucción del medio ambiente.

En el caso de Morelos es cierto que la niñez, la juventud y muchos adultos jóvenes expresan abiertamente una preocupación por el cuidado de la naturaleza y los daños a los ecosistemas. La participación en actividades de reforestación, monitoreo y vigilancia de espacios naturales, brigadas forestales y otras actividades de protección y convivencia con la naturaleza ha aumentado de forma notoria.

En contraste, las últimas dos décadas han crecido las amenazas al medio ambiente.

La contaminación del aire se ha incrementado notoriamente por el pesado tráfico vehicular y la falta de medidas para mitigar sus efectos. Los días de mala calidad del aire en Cuernavaca son cuatro veces más que hace dos décadas. A los residuos vehiculares se suman por temporadas los que generan los incendios forestales (la mayoría de ellos provocados por la acción humana) y las quemas agrícolas controladas.

En 20 años, Morelos perdió el 10% de la superficie de sus Áreas Naturales Protegidas, con un grave impacto en los ecosistemas y la biodiversidad.

La contaminación del agua y los efectos del cambio climático sobre los ciclos de recarga de los acuíferos, junto a la sobreexplotación de algunos, han provocado un deterioro en la disponibilidad del recurso.

Los intereses económicos han pegado también en la deforestación y destrucción de espacios naturales en busca de cambios de uso de suelo.

No es culpa de la educación

Sería injusto, sin embargo, cargar el problema del deterioro de la naturaleza como una herramienta de evaluación sobre los resultados de la educación ambiental; sobre todo cuando el avance en materia de formación de conciencia no ha ido aparejado con cambios institucionales, sociales y jurídicos que garanticen la protección de los espacios verdes.

La falta de políticas integrales y acciones eficientes para el cuidado de los ecosistemas (un problema que empezó a atenderse desde el inicio de la administración de la gobernadora Margarita González Saravia) es la principal causa del deterioro ecológico. Incluso, pese a los esfuerzos que se hacen desde el gobierno estatal, muchos ayuntamientos aún autorizan o son omisos en sus obligaciones de protección de la naturaleza.

También existen problemas internos que limitan el éxito de la educación ambiental. En la perspectiva organizacional, la materia no está integrada adecuadamente al currículo y hay pocos docentes formados suficientemente para impartirla y motivar al alumnado para ser más activos y eficientes en el cuidado ambiental.

En términos muy generales podríamos decir que la educación ambiental ha funcionado para elevar la conciencia, estimular actitudes positivas en estudiantes y en las comunidades expuestas a los programas; el caso de los poblados en la zona de la Sierra de Huautla es ejemplar; pero no ha revertido el deterioro natural particularmente porque, igual que en muchas otras materias, no se ha salvado la brecha existente entre el conocimiento y la acción transformadora.

El Día Mundial de la Educación Ambiental es el 26 de enero

Pese a esa falla, que se presenta también en otras materias en el sistema escolarizado, los efectos de la educación ambiental han permitido concientizar a la gente sobre la importancia de convivir con la naturaleza y respetarla bajo la premisa global de que “el medio ambiente no posee una fuente inagotable de recursos. Los ecosistemas son vulnerables”, algo que se reconoce desde la Declaración de Estocolmo de 1972. Para darle la relevancia que requiere se proclamó al 26 de enero como el Día Mundial de la Educación Ambiental en octubre de 1975, durante el Seminario Internacional de Educación Ambiental celebrado en Belgrado.

En ese encuentro se redactó la Carta de Belgrado sobre la educación ambiental, un texto preparado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. El documento expone la meta de la acción ambiental: “Mejorar todas las relaciones ecológicas, incluyendo la relación de la humanidad con la naturaleza y de las personas entre sí”. Para lograrlo establece dos objetivos preliminares: “para cada nación, de acuerdo con su propia cultura, esclarecer por sí misma el significado de conceptos básicos, tales como la ‘calidad de vida’ y la ‘felicidad humana’, en el contexto del ambiente global, esforzándose también para precisar y comprender estas nociones como son entendidas por otras culturas más allá de las propias fronteras nacionales”; e “identificar las acciones que garanticen la preservación y el mejoramiento de las potencialidades humanas y que favorezcan el bienestar social e individual, en harmonía con el ambiente biofísico y con el ambiente creado por el hombre”.

En este marco, la meta de la educación ambiental es microrregional pero también global: “formar una población mundial consciente y preocupada con el medio ambiente y con los problemas asociados, y que tenga conocimiento, aptitud, actitud, motivación y compromiso para trabajar individual y colectivamente en la búsqueda de soluciones para los problemas existentes y para prevenir nuevos”.

En México se reconocen esas metas y objetivos, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) señala que “la educación ambiental debe ser un proceso continuo y permanente que se debe ir adaptando a las necesidades de cada época dando respuesta a las crisis que afectan al planeta. Esta conmemoración busca que cada individuo identifique las problemáticas ambientales que viven de manera cotidiana, buscando soluciones y tengan participación activa”.

El reconocimiento y visibilización de las comunidades indígenas y afromexicanas que finalmente se ha logrado en los últimos años, puede contribuir a la educación ambiental. La forma en que las comunidades originarias conviven con el medio ambiente, junto con los aportes científicos de ambientalistas permite reorientar y enriquecer los contenidos y acciones de protección a la naturaleza. Porque además de la conciencia y el conocimiento, el cuidado del medio ambiente requiere de la acción de cada persona y de todas las personas.

Promueve Gobierno de Morelos talleres sustentables para las infancias

La educación ambiental ha permitido formar conciencia sobre la importancia de la protección de la naturaleza. Foto: Cortesía / Archivo

En Morelos, desde hace 25 años se celebra la Cumbre Infantil Morelense del Medio Ambiente, que busca fortalecer los objetivos de la educación ambiental. Foto: Cortesía / Archivo

La Jornada Morelos