

El 5 de julio se celebra el Día Mundial del Bikini, como una forma de honrar un momento que cambió la historia de la moda, del turismo y de la lucha por los derechos de las mujeres. En esa fecha del año 1946 el mundo conoció la confección del primer “bañador de dos piezas” de la era moderna, una confección del diseñador francés Louis Réard.
Según la historia más popular, tomó su nombre de las pruebas nucleares de los Estados Unidos a las Islas Bikini, en el pacífico sur, un atolón hoy considerado Patrimonio de la Humanidad no por el traje de baño, sino justamente porque representan un símbolo de la era de las pruebas nucleares y las consecuencias de ellas. Pero la efeméride del 5 de julio no considera ese sino otro efecto explosivo, el del bikini en la cultura occidental desde la segunda parte del siglo XX.
Los historiadores han identificado el uso de prendas simulares al bikini en representaciones de mujeres de la antigüedad clásica. En su historia del bikini, la editora de National Geographic, Giomar Huguet Pané, recuerda los mosaicos de Piazza Armerina de Sicilia, donde en el siglo IV a.C., mujeres atletas usaban pequeños trajes de dos piezas muy parecidos a los bikinis, pero confeccionados con otro fin. Las prendas aquellas tenían el nada comercial nombre de mastedeton y eran usadas para actividades atléticas y deportivas.
Cuando empezó a popularizarse el cristianismo primigenio y fue popularizándose su estricta moral sobre el cuerpo humano, y particularmente el de la mujer, la prenda desapareció, igual que cualquier otra prenda que expusiera la anatomía de las mujeres. La vestimenta femenina entonces, nos lo enseñan la historia del arte y de la cultura cubría desde el cuello hasta los tobillos, y muchas veces trataba de ocultar medianamente el rostro con un velo, y hasta el cabello con tocados y sombreros.
La natación no fue una práctica común sino hasta el siglo XVIII cuando se volvió regularmente popular debido a sus propiedades terapéuticas y supuestas virtudes curativas. Entonces, los trajes de baño para mujeres eran de una sola pieza y semejaban vestidos, lo que sin duda resultaba sumamente incómodo y hasta arriesgado.
Probablemente considerando esos problemas, durante el siglo XIX empezaron a fabricarse trajes de baño para ellas en dos piezas, la primera del cuello a las muñecas y la cintura, y la segunda de la cintura a los tobillos. Los materiales que se utilizaban seguían siendo en extremo pesados y dificultaban los movimientos lo que mantenía el riesgo de la natación para las mujeres.

La heroína del bañador
Ya iniciando el siglo XX, en 1907, la ciudad norteamericana de Boston fue episodio de una anécdota cultural que iniciaría las primeras discusiones sobre los trajes de baño femeninos. Una nadadora australiana, Annette Kellerman quien tenía ya una historia de triunfos atléticos y marcas mundiales, y fue la primera mujer en intentar cruzar a nado el canal de la Mancha, cometió la osadía de salir a Revere Beach usando un traje de baño ajustado de una pieza que terminaba poco arriba de las rodillas, según apuntan las noticias bostonianas de entonces, alguien llamó a la policía que arrestó a Annette por indecencia. Muchos años después en el 1953, Annette diría a medios bostonianos que su arresto había sido un error y que el bikini, entonces apenas explotando como moda en casi todo el mundo, era otro por “muestra demasiado”, decía.
Pero en el lapso que fue de su arresto a la crítica de una nadadora atlética a la creación de Réard, Kellerman fue considerada una de las heroínas de la moda y de aquella incipiente lucha por los derechos de las mujeres, y hasta creó su propia línea de trajes de baño, se convirtió en actriz de cine y en el 1916 fue la primera actriz de renombre en hacer una escena desnuda, La Hija de los Dioses, una producción de Fox de la que desparecieron todas las copias a través de la historia.

De la lencería a bañador
Louis Réard era un ingeniero mecánico que por azares del destino tuvo que ocuparse de la tienda de lencería de su madre. Las historias cuentan que eventualmente se convirtió en diseñador de ropa y en alguna vacación en la playa notó que las mujeres tenían que ajustar sus trajes de baño para poder broncearse. Así que diseñó un traje de baño de dos piezas que expusiera el vientre alto.
En mayo, otro diseñador había presentado un traje de baño de dos piezas que resultó un fracaso. Réard entonces se apuró a confeccionar, con 194 centímetros cuadrados de tela su propio bañador compuesto básicamente por cuatro triángulos. Los historiadores de la moda coinciden en un detalle, como ninguna modelo quiso exhibir la pieza, Réard contrató a una bailarina nudista de París para modelarlo el 5 de julio del 1946 en una piscina pública de París.
Aunque no hay fotos disponibles de aquél momento debió ser un éxito porque la bailarina Micheline Bernardini se volvió mucho más famosa y le llovieron los admiradores.

Micheline Bernardini modeló el primer bikini de la historia moderna. Foto: irishmirror.ie
La moda del bikini no fue inmediata, aunque el escándalo sí. España e Italia prohibieron el uso de la prenda por décadas y miles de familias en todo el mundo consideraron el aporte a la moda como una inmoralidad.
En 1952 Brigitte Bardot popularizó la prenda en Manina, la Chica de la Isla, y en el resto de sus películas posteriores. Ursula Andress alcanzó la fama internacional en 007: Dr. No, al salir del mar con su bikini blanco, en 1962. Y desde entonces miles de actrices del cine y la televisión han usado bikinis en toda clase de películas, generando la aceptación, popularización y adopción de la prenda entre los grandes públicos.

Brigitte Bardot. 1952. Foto: IMDB

Ursula Andress en 007: Dr. No, 1962.
En los 60 y 70 vino la revolución sexual en occidente en paralelo al crecimiento del movimiento de liberación femenina, el bikini se convirtió en bandera para ambos al representar una forma de libertad de decisión y la absoluta imposición a los roles tradicionales de vestimenta femenina.
México le debe muchos bikinis a Acapulco
En México la moda del bikini tampoco llegó de inmediato, pero debe reconocerse que fue favorecida por el desarrollo de Acapulco como destino turístico. El puerto de Guerrero, a menos de 300 kilómetros de Cuernavaca, inició su desarrollo y con él la cultura de playa en México, en la década de los 50. Desde entonces y durante toda la década de los 60 Acapulco se consolidó como el destino de playa más famoso para el turismo que visitaba México, lo que permitió a los hoteles del puerto alojar a grandes estrellas de Hollywood y paseantes de todo el mundo que traían bikinis para disfrutar el sol.
Este cosmopolitismo acapulqueño permitió que, a mediados de los 50 los bikinis eran parte de la moda de Acapulco.
Probablemente esta popularidad permitió que en paralelo la industria textil mexicana desarrollara pronto sus propios modelos de bikinis en empresas que hoy tienen enormes éxitos tanto en propuestas de diseño como en ventas. Una de ellas tiene una planta en Morelos, Spandmex, que actualmente es el mayor fabricante de trajes de baño en el país y produce hasta dos millones de piezas al año.

Acapulco en la década de los 50. Foto: México en fotos

Cartel de 1957. Foto: Mediateca INAH
Morelos un destino para el bikini
Además de la tradición de la industria textil en Morelos, que ha contribuido histórica aunque interrumpidamente al desarrollo económico del estado, una parte por su producción de trajes de baño, la relación del paisaje local con el bikini es innegable.
El estado es uno de los sitios turísticos más cercanos a Acapulco, el clima regularmente cálido y la popularidad de las actividades acuáticas en balnearios, albercas privadas, hoteles y el lago de Tequesquitengo, además de la buena radiación solar que ayuda a obtener bronceados ejemplares, hacen de Morelos un lugar en el que los bikinis son comunes.

El Lago de Tequesquitengo. Foto: Cortesía

Los balnearios de Morelos. Foto: Cortesía
El bikini más allá de la moda
Los bikinis son un escaparate de la moda en que los diseñadores expresan su creatividad en trozos más o menos pequeños de tela. Imponen y retoman tendencias históricas y han convertido a la industria del traje de baño en una multimillonaria alrededor del mundo (alrededor de 21 mil 220 millones de dólares en todo el mundo durante 2024). En Morelos, por ejemplo, se ha generado una tradición de moda sustentable incluso en estas prendas.
Pero el bikini nunca fue sólo un elemento de moda. Su historia está ligada fuertemente a la liberación de las mujeres como apunta el diseñador José Herrera: “hoy en día, el bikini es mucho más que una prenda de vestir; es un recordatorio de la capacidad de las mujeres para desafiar las expectativas y abrazar su propia belleza”.
De hecho, el bikini ha dejado de ser aquella expresión de cuerpos pseudo perfectos a que aludía Annette Kellerman; los diseñadores los preparan para una enorme variedad de constituciones físicas lo que promueve una mayor aceptación. El bikini se convirtió entonces en un elemento para disfrutar del sol, la playa y el agua.
Sin embargo, desde los 60 y hasta ahora, en México como en otras partes del mundo el debate sobre el bikini como un instrumento liberador y antipatriarcal por un lado, y como un medio de cosificación de la mujer por el otro.
Para el movimiento feminista, con bastante razón, el cuerpo femenino se disputa como un espacio de poder entre ellas, las dueñas de su anatomía, y un sistema patriarcal que dicta las normas sobre el mismo espacio.
El Fondo de Población de las Naciones Unidas, UNFPA, (Mi Cuerpo me Pertenece, UNFPA México 2021), señala que tener derecho a la autonomía corporal significa tener el poder y la capacidad de actuación necesarios para tomar decisiones sin temor a la violencia y sin que alguien decida por nosotros. Ser capaz de decir «no», «sí» o «yo decido sobre mi cuerpo» sienta las bases de una vida empoderada y digna. El bikini representaría precisamente esta capacidad de decisión autónoma sobre la vestimenta y la exposición del cuerpo femenino.
La industria de la confección y el diseño de moda en México han tomado el debate muy en serio, marcas como Mala Swimwear establecieron el objetivo de que las mujeres se sientan guapas sin importar su tipo de cuerpo, Pacdesign incluye además la meta del empoderamiento, la libertad y la elegancia natural.

Bikini de Pacdesign. Foto: Cortesía
Guste o no a las buenas o malas conciencias, el bikini es un símbolo de revolución cultural permanente. Una recuperación individual, pero también política y social del cuerpo femenino que subraya con fuerza la idea de “mi cuerpo es mío”. La historia del bikini en México está asociada con la del empoderamiento femenino, de una liberación que, hasta donde se percibe por la discusión sobre elementos tan aparentemente poco significativos como el traje de baño aún tiene mucho camino por recorrer.
Mientras, disfrutemos de este Día Mundial del Bikini con ideas tan frescas, liberadoras, revolucionarias, empoderantes y permanentes como la prenda que nos motivó a esta discusión.

